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sobre Riudecanyes
Pueblo conocido por su embalse y por ser el acceso al castillo de Escornalbou
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A media mañana, cuando el sol ya empieza a apretar pero las calles siguen medio vacías, el turismo en Riudecanyes se entiende mejor caminando despacio. El olor que llega desde los campos cercanos —mezcla de tierra húmeda, hierba recién movida y avellana verde en temporada— se cuela entre las casas del núcleo antiguo. Alguna persiana todavía está bajada. Se oye una puerta, un coche que pasa despacio, y poco más.
Riudecanyes, con algo más de mil trescientos habitantes, se encuentra en el interior del Baix Camp, a poca distancia de la costa pero con una atmósfera muy distinta a la de los pueblos del litoral. Aquí el paisaje lo marcan los cultivos, sobre todo los avellanos, que forman una especie de alfombra irregular alrededor del casco urbano. La altitud es moderada y el terreno se ondula suavemente hacia las montañas del interior.
El nombre del municipio está ligado al agua que históricamente ha atravesado la zona. Hoy el curso que pasa cerca del pueblo suele llevar poco caudal durante buena parte del año, algo habitual en muchas rieras del Camp de Tarragona. Aun así, ese hilo de vegetación más densa que acompaña el cauce ayuda a entender por qué el asentamiento creció justo aquí.
El núcleo antiguo no es grande. En menos de una hora se puede recorrer sin prisa, deteniéndose en detalles pequeños: una reja trabajada en un portal, macetas alineadas en un balcón, paredes de piedra que conservan capas de cal antigua. No hay grandes monumentos ni calles espectaculares; el interés está más en la continuidad de la vida cotidiana.
Rastro de historia en cada esquina
La iglesia parroquial de Sant Jaume sobresale por encima de los tejados y sirve de referencia cuando uno se mueve por el pueblo. El edificio ha ido cambiando con el tiempo y eso se nota en la mezcla de materiales y proporciones. El campanario se ve desde varios puntos del casco urbano y, según la hora, su sombra cae sobre la plaza cercana.
Las calles del centro siguen un trazado irregular, típico de los pueblos agrícolas que crecieron sin demasiada planificación. Algunas desembocan en placitas pequeñas donde todavía quedan bancos de piedra y árboles que dan sombra en verano. A ciertas horas de la tarde, cuando el calor afloja, es habitual ver a vecinos charlando allí.
Alrededor del pueblo, el paisaje agrícola sigue muy presente. Los avellanos dominan buena parte de las fincas y forman hileras bajas que dejan ver las montañas del fondo. En primavera el verde es intenso; a finales de verano las hojas empiezan a virar hacia tonos más secos y el suelo se cubre de cáscaras. Muchas de estas parcelas siguen activas dentro de la Denominación de Origen Avellana de Reus.
Conviene recordar que la mayoría de caminos que atraviesan estos campos pasan junto a propiedades privadas. Algunos están señalizados como paso restringido, así que merece la pena fijarse en los carteles y utilizar las rutas agrícolas más claras.
Caminos poco transitados
Desde Riudecanyes salen varios caminos rurales que conectan con masías dispersas y otros pueblos cercanos del Baix Camp. Son trayectos sencillos para caminar o pedalear sin grandes desniveles, aunque hay tramos largos sin sombra. En pleno verano el sol cae fuerte sobre los campos abiertos, así que salir temprano suele ser la mejor opción.
En las afueras también se encuentra el embalse de Riudecanyes, muy ligado al sistema de riego histórico de la zona. Sus orillas tienen caminos utilizados por vecinos para pasear o ir en bicicleta. A primera hora de la mañana el agua suele estar completamente quieta y refleja las laderas que lo rodean.
La cocina de la zona mantiene una relación muy directa con lo que se cultiva alrededor. La avellana aparece en postres tradicionales y también en algunas salsas o picadas. El aceite de oliva y los vinos de la provincia acompañan platos sencillos de huerta, escalivadas o guisos que se preparan sin demasiadas complicaciones.
Si te alojas en el pueblo, conviene comprobar horarios antes de salir a comer o cenar, sobre todo entre semana o fuera de temporada alta. En municipios pequeños del interior es habitual que algunos establecimientos abran solo determinados días.
Tradiciones que permanecen
La fiesta mayor dedicada a Sant Jaume suele celebrarse a finales de julio. Durante esos días el ambiente cambia bastante: aparecen escenarios en las plazas, hay música por la noche y actividades que reúnen a buena parte del pueblo.
Más allá de esas fechas, la vida en Riudecanyes sigue un ritmo tranquilo. Las tradiciones vinculadas al calendario agrícola —la recolección de la avellana, los trabajos de poda, las ferias comarcales— continúan marcando el año. No se presentan como espectáculo, sino como parte de la rutina del lugar. Y eso, cuando se pasa unos días aquí, se percibe enseguida.