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sobre Vilaplana
Puerta de acceso a la Mussara con un entorno ideal para excursionistas y amantes de la naturaleza
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Vilaplana es ese pueblo que aparece en el mapa justo antes de que la carretera se ponga seria y empiece a subir hacia las montañas de Prades. Tiene quinientos habitantes, una plaza donde aparcar sin estrés y el aire seco y limpio de la altitud. Mucha gente lo usa solo como gasolinera para la excursión a La Mussara, y se pierde lo mejor: el pueblo en sí no es un decorado, es un lugar donde se vive.
Su estructura es la de un pueblo agrícola de toda la vida, con calles ordenadas alrededor de la iglesia. Las casas son de piedra, sí, pero no de postal: son las casas donde la gente ha vivido generaciones. No vengas buscando museos al aire libre ni tiendas de souvenir. El atractivo está en el ritmo, en el silencio que se rompe solo con el runrún de un tractor a lo lejos.
Lo que tienes que ver aquí (y lo que no)
En el centro está la Iglesia de la Natividad. Es del siglo XVIII, sencilla, con una espadaña que marca el perfil del pueblo. No es una catedral, pero es el punto de referencia. La gente del lugar te dirá que el verdadero imán está arriba, en la montaña: La Mussara.
La Mussara es un pueblo abandonado. No un castillo, no unas ruinas monumentales. Son los huesos de un lugar donde la gente dejó de vivir. Quedan muros, los arcos del lavadero, la estructura de la iglesia de Sant Salvador. Se llega por una pista forestal desde Vilaplana; el camino es parte de la experiencia. El lugar tiene fama por leyendas locales, pero su verdadera magia es la luz y el silencio, sobre todo si te pilla la niebla bajando por el valle. Es un sitio para sentir, no para tachar de una lista.
Dentro del término, la zona de Les Tosques tiene formaciones rocosas curiosas y un paisaje áspero, típicamente mediterráneo. Y desde cualquier salida del pueblo, las vistas sobre el Baix Camp son amplias. En días muy claros se intuye el mar al fondo, como un recordatorio de que la costa no está tan lejos.
Cómo moverte y qué hacer
La actividad reina es la excursión a La Mussara. La ruta más directa sale del pueblo. Es una caminata, no un paseo: lleva calzado que agarre y agua, porque arriba no hay fuentes. La recompensa no es solo llegar a las ruinas, sino ver cómo el paisaje cambia desde los campos de almendros hasta el bosque de la sierra.
Hay una red de senderos que conectan con Prades, Albarca o La Febró. Son caminos antiguos, buenos para andar o para ir en bici de montaña. La primavera está bien, pero el otoño, cuando el bosque se pone color de óxido y miel, tiene otro tipo de luz. El entorno es de esos que piden que saques la cámara, aunque sea la del móvil: los atardeceres aquí pintan las piedras de un color que no se ve en la ciudad.
Las fiestas: el pueblo con la puerta abierta
Aquí el calendario lo marcan los santos y las cosechas. A finales de enero, para San Antonio, bendicen a los animales y reparten coquetes, un pan dulce. La fiesta grande es a mediados de mayo, por San Isidro Labrador. Es cuando el pueblo se llena de mesas largas, música y gente de los pueblos de alrededor. Si pillas estas fechas, verás Vilaplana con otra energía.
En verano suele haber Fiesta Mayor en agosto, y en otoño a veces organizan una Feria de la Castaña, pero de un año a otro puede cambiar. Lo seguro es que si hay algo, será en la plaza y todo el mundo estará invitado.
Para que no te pierdas
Llegar es sencillo en coche. Desde Tarragona o Reus, tomas la carretera hacia Alforja y de ahí el desvío señalizado. En transporte público la cosa se complica; la estación de tren está en Reus y luego necesitas bus o taxi.
Cuándo ir depende de lo que busques. Primavera y otoño son seguros para caminar. El verano puede apretar el calor a mediodía, pero por la noche refresca. El invierno, con días despejados y frío seco, tiene una luz cristalina preciosa, pero infórmate antes por si las pistas a La Mussara están cerradas.
Servicios básicos hay. Un bar-restaurante donde suelen cocinar con lo que haya ese día. Pregunta los horarios, que no son los de la ciudad. Para dormir, no hay hoteles, pero sí alguna casa rural en el pueblo y más opciones en Prades, a diez minutos en coche.
Si vas a La Mussara, sé consciente: es un lugar frágil. No dejes nada, no te lleves piedras, y comprueba antes el estado de la pista. Su valor está en que siga pareciendo que el tiempo se detuvo ahí arriba. Vilaplana es la base perfecta para entender por qué.