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sobre Roquetes
Ciudad vecina a Tortosa que alberga el Observatorio del Ebro y es puerta al Montcaro
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Si buscas turismo en Roquetes, empieza por lo básico: aparcar. En el centro cuesta. Las calles son estrechas y muchas suben más de lo que parece. Si no ves hueco rápido, deja el coche en las zonas más abiertas al entrar al pueblo y baja andando. A media mañana ya hay movimiento.
Roquetes aparece pegado a la montaña. Detrás queda el llano del Ebro. Delante empiezan los Ports. El contraste es lo que marca el sitio.
Lo que no te cuentan de los Ports
Roquetes funciona como puerta de entrada al parque. Desde el pueblo no hay grandes miradores. Para eso hay que subir.
El GR‑92 pasa por aquí. No es raro cruzarte con gente cargada con mochila. Muchos vienen o van hacia los Ports.
La ruta al Pico de los Ángeles ronda los ocho kilómetros. La distancia no asusta, pero el sol aquí pega fuerte cuando aprieta el calor. Lleva agua.
La Roca Foradada queda a unos treinta minutos andando desde el centro. Es, literalmente, una roca con un agujero. Aun así el paseo tiene interés. Subes entre olivos, bancales y alguna casa aislada. Sirve para entender el paisaje agrícola de la zona.
Un pueblo que no se vende
El centro se recorre rápido. Veinte minutos, poco más.
La plaza tiene árboles y bancos. Cumple su función. El antiguo ayuntamiento ahora es centro de salud. Edificio sobrio, sin grandes gestos.
La Casa de Sant Josep se usa como biblioteca. El edificio fue residencia de jesuitas. La estructura antigua todavía se reconoce.
Roquetes está en pendiente. Muchas calles son escaleras o rampas cortas. Al caminar vas mirando hacia arriba casi todo el rato. Aparecen algunas casas grandes que en su día fueron segundas residencias de familias de Tortosa. Hoy son viviendas normales. Persianas viejas, macetas, algún gato dormido en la ventana.
El observatorio que nadie visita
A las afueras está el Observatori de l’Ebre. Funciona desde principios del siglo XX y conserva registros científicos muy antiguos.
Se puede visitar, pero normalmente hay que concertar antes. No es un lugar pensado como atracción turística. Aquí hay instrumentos científicos, archivos y laboratorios. Mucho papel, mucho aparato mecánico. Si te interesa la historia de la ciencia, tiene sentido acercarse. Si no, quizá se te haga largo.
Fiestas para los de aquí
A finales de agosto suele celebrarse la Jota Cantada. Grupos de rondalla interpretan la misma melodía con letras distintas. Hay jurado y premios. El ambiente es más de concurso que de espectáculo.
En enero llega Sant Antoni. Se ven animales por las calles para la bendición. Caballos seguro. A veces también perros u otros animales de casa. Hay fuego, antorchas y olor a leña.
En el pueblo todavía se preparan cosas sencillas de la zona. La coca de recapte aparece en algunas panaderías, sobre todo cuando hay fiestas. Pan plano con verduras asadas y poco más. También se ve la coca de ceba, con cebolla muy hecha y ese punto entre dulce y salado.
La olla del Baix Ebre es un guiso fuerte, con carne y legumbre. En invierno entra bien. En agosto se hace cuesta arriba.
Consejo de ida y vuelta
Roquetes funciona mejor como base que como destino único. Tortosa queda muy cerca y los Ports empiezan prácticamente detrás del pueblo.
El casco urbano se ve en una mañana tranquila. Luego toca moverse. Coche casi seguro.
Si vienes en verano, madruga para aparcar y para caminar. Después del mediodía el calor manda. Y las cuestas, también.