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sobre Tortosa
Ciudad histórica episcopal con un imponente castillo árabe
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A orillas del Ebro, donde el río traza su curso majestuoso antes de entregarse al Mediterráneo, Tortosa se alza como un tesoro monumental que condensa más de dos mil años de historia. Esta ciudad de casi 35.000 habitantes, capital histórica del Baix Ebre, conserva un patrimonio arquitectónico que deja sin aliento: su silueta dominada por el castillo de la Zuda y la catedral gótica habla de un pasado esplendoroso como enclave estratégico entre cristianos y musulmanes.
Pasear por Tortosa es recorrer las páginas de un libro de historia al aire libre. Sus calles del casco antiguo desvelan palacios renacentistas, patios góticos y rincones medievales que han sobrevivido al paso del tiempo. El Ebro, ese río que ha sido su razón de ser durante siglos, baña la ciudad aportándole una personalidad única, diferente a cualquier otro municipio catalán del interior.
A tan solo 12 metros sobre el nivel del mar, Tortosa disfruta de un clima mediterráneo que invita a visitarla en cualquier época del año, aunque la primavera y el otoño regalan temperaturas especialmente agradables para perderse entre sus monumentos y disfrutar de la vida que bulle en sus plazas.
Qué ver en Tortosa
La Catedral de Santa María es, sin duda, el gran emblema de la ciudad. Este impresionante templo gótico, cuya construcción se prolongó durante más de tres siglos (del XIV al XVII), presenta una fachada barroca espectacular y un interior que alberga auténticas joyas artísticas. No te pierdas su claustro, considerado uno de los más bellos del gótico catalán.
Coronando la ciudad, el Castillo de la Zuda ofrece las mejores vistas del Ebro y el entorno. Esta fortaleza de origen andalusí, convertida en Parador Nacional, conserva parte de sus murallas y torres. Subir hasta aquí es obligatorio para comprender la importancia estratégica que tuvo Tortosa a lo largo de los siglos.
Los Reales Colegios (Reials Col·legis), actualmente sede de la UNED, conforman un conjunto renacentista impresionante del siglo XVI, con patios columnados que transportan a otra época. Muy cerca, el Palacio Episcopal y el Palacio Oliver de Boteller muestran la riqueza arquitectónica que atesoró la ciudad.
No puedes marcharte sin cruzar el Pont de l'Estat, el puente colgante que une las dos orillas del Ebro, y recorrer el barrio judío, el Call, donde aún se percibe el rastro de la importante comunidad hebrea medieval. La Iglesia de Sant Domènec, de estilo barroco, merece también una visita pausada.
Para los amantes de la naturaleza, el entorno del Ebro ofrece parajes ideales para observar aves y disfrutar del paisaje fluvial, especialmente en los tramos de ribera cercanos a la ciudad.
Qué hacer
Tortosa invita a ser recorrida sin prisas. Una buena opción es realizar la ruta monumental que conecta los principales edificios históricos, disponible con señalización interpretativa. El paseo junto al Ebro, especialmente al atardecer, regala momentos memorables con la ciudad reflejándose en las aguas del río.
Los aficionados al senderismo encontrarán varias rutas que parten desde la ciudad hacia los Puertos de Tortosa-Beseit, un macizo montañoso cercano que ofrece paisajes espectaculares. También se pueden realizar rutas en bicicleta siguiendo el curso del Ebro, tanto río arriba como hacia su desembocadura.
La gastronomía tortosina merece capítulo aparte. El río proporciona excelente pescado de agua dulce (anguilas, carpa), mientras que las huertas del Ebro surten los mercados de productos de primera calidad. El arroz del Delta, el aceite de oliva de la zona y los productos de la huerta son protagonistas de una cocina tradicional sabrosa y auténtica. No faltan en la ciudad establecimientos donde degustar esta tradición culinaria.
El Mercado Municipal, en un edificio modernista de principios del siglo XX, es el lugar perfecto para sumergirse en el ambiente local y adquirir productos de la tierra.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Tortosa está marcado por celebraciones que hunden sus raíces en la historia. La Fiesta del Renacimiento, que se celebra a mediados de julio durante un fin de semana, transforma la ciudad en un espectáculo viviente que recrea el siglo XVI con mercados, espectáculos y ambientación de época. Es una de las fiestas renacentistas más importantes de Cataluña.
La Semana Santa tortosina está declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, con procesiones que mantienen tradiciones centenarias. En septiembre, las Fiestas de la Cinta honran a la patrona de la ciudad con actos religiosos, culturales y populares.
Información práctica
Cómo llegar: Tortosa se encuentra a unos 180 kilómetros de Tarragona capital, conectada por la AP-7 y la N-340. También cuenta con estación de tren en la línea que une Barcelona con Valencia, lo que facilita el acceso en transporte público. Desde Barcelona, el trayecto en coche dura aproximadamente dos horas.
Mejor época: Aunque se puede visitar todo el año, la primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) ofrecen temperaturas ideales para recorrer la ciudad a pie. Los veranos son calurosos, típicos del clima mediterráneo del interior.
Consejo: Dedica al menos un día completo para disfrutar con calma del patrimonio tortosino. Calzado cómodo es imprescindible para subir al castillo y recorrer el casco antiguo con sus calles empedradas.