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sobre Xerta
Pueblo conocido por su impresionante azud en el Ebro y sus casas señoriales
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El turismo en Xerta gira inevitablemente alrededor del Ebro. El pueblo se sitúa en la margen derecha del río, en pleno Baix Ebre, en un tramo donde el valle se abre y la agricultura de regadío marca el paisaje. Con algo más de mil habitantes, Xerta mantiene una relación muy directa con el río: aquí no es solo paisaje, es infraestructura, historia y forma de vida.
A poca distancia de Tortosa, el término municipal se organiza en torno a huertas de cítricos y frutales atravesadas por acequias. Muchas de ellas derivan del histórico assut de Xerta, una presa fluvial cuyo origen se remonta a época medieval —aunque fue transformándose con el tiempo— y que todavía regula parte del sistema de riego del tramo bajo del Ebro. Esa presencia constante del agua explica en buena medida el carácter agrícola del pueblo.
Patrimonio y trazado urbano
La iglesia de San Bartolomé ocupa el centro del casco urbano. El edificio actual es resultado de reconstrucciones posteriores a la Guerra Civil, lo que explica su aspecto relativamente reciente. Más que el templo en sí, interesa cómo se organiza a su alrededor el núcleo antiguo: calles cortas, trazado irregular y pequeñas plazas que funcionan como puntos de encuentro vecinal.
En varias fachadas aún se ven casas de piedra con portales estrechos y balcones de madera. No forman un conjunto monumental, pero ayudan a entender cómo era la arquitectura doméstica de un pueblo agrícola del valle del Ebro. Muchas de estas viviendas miran hacia el río o hacia las huertas.
El Ebro aparece de nuevo al acercarse a sus orillas. Los márgenes conservan tramos con vegetación de ribera —cañaverales, chopos, carrizos— donde es habitual ver garzas o martinetes. No es un espacio salvaje en sentido estricto: el paisaje está muy trabajado por generaciones de agricultores.
Paisajes y caminos junto al Ebro
Uno de los recorridos más sencillos es seguir los caminos que acompañan al río y a las acequias de riego. Se pueden hacer a pie o en bicicleta y atraviesan parcelas de naranjos, mandarinos y otros cultivos de regadío. El sistema hidráulico que los alimenta tiene raíces antiguas; en parte procede de técnicas difundidas en época andalusí y que después se fueron adaptando.
Desde Xerta también salen caminos rurales que conectan con pueblos cercanos del valle, como Aldover o Benifallet. Son trayectos tranquilos, entre huertas y pequeñas zonas de ribera, donde el Ebro aparece y desaparece entre la vegetación.
La pesca forma parte del uso tradicional del río. En este tramo se capturaban especies propias del Ebro, aunque en las últimas décadas la presencia del siluro ha cambiado bastante la dinámica. Hoy siguen llegando pescadores atraídos por este pez de gran tamaño, siempre dentro de la normativa que regula la actividad.
En primavera, cuando florecen los naranjos, el olor del azahar se mezcla con la humedad del río y de las acequias. Es un detalle sencillo, pero ayuda a entender que aquí el paisaje no es decorativo: es productivo.
Tradiciones y celebraciones
Las fiestas principales se celebran en torno al 24 de agosto, dedicadas a San Bartolomé. Durante esos días el pueblo organiza actos populares, procesiones y actividades que reúnen sobre todo a los vecinos y a gente de los pueblos cercanos.
La Semana Santa también tiene presencia en el calendario local, con procesiones que recorren las calles del casco urbano. Como en muchos pueblos del Ebro, la noche de San Juan suele celebrarse con hogueras y encuentros junto al río.
Cómo llegar y datos prácticos
Xerta se encuentra a pocos kilómetros de Tortosa, la capital comarcal, y el acceso por carretera es directo. El pueblo se recorre sin dificultad en poco tiempo.
Si te interesa entender cómo funciona el paisaje agrícola del bajo Ebro, conviene salir del casco urbano y caminar por los caminos de huerta o acercarse al entorno del assut. Ahí es donde se entiende de verdad la relación entre el pueblo y el río.