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sobre Castell-Platja d'Aro
Destino turístico de primer orden; combina compras de lujo
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Castell-Platja d'Aro es como esos hermanos que no se parecen en nada. Uno, Castell d'Aro, es el serio, el que guarda los papeles de la familia en un castillo del siglo XI. El otro, Platja d'Aro, es el que se fue a la costa, abrió una tienda de surf y no para de recibir visitas en verano. Juntos forman un municipio en el Baix Empordà que, dependiendo de dónde pises, te da la sensación de estar en dos sitios completamente distintos. Y esa es justamente su gracia, y también su conflicto.
Con unos trece mil habitantes de puertas adentro, en agosto la cifra se multiplica. No es un secreto: es uno de los centros turísticos de la Costa Brava. Pero ir solo a la parte de playa es como leer la contraportada de un libro. La historia, la que da nombre a todo esto, está un poco más arriba, rodeada de pinos.
De castillo a chiringuito: las dos vidas del pueblo
Para entenderlo, hay que empezar por el principio, que siempre es el más antiguo. Castell d'Aro es el núcleo original, un puñado de calles empedradas que suben hacia la iglesia de Santa Maria y el Castillo de Benedormiens. Es pequeño, se ve en media hora, pero tiene ese aire de pueblo que se resiste a ser decorado para turistas. El castillo, que ahora hace de museo, es la prueba de que aquí hubo algo más antes de los bañadores.
Luego está Platja d'Aro. Aquí la referencia no es una fortaleza, sino la Avenida de S'Agaró, una especie de rambla interminable llena de terrazas, tiendas de cadenas internacionales y el rumor constante del verano. La Platja Gran es su salón, una playa ancha y larga donde es fácil encontrar sitio, pero difícil encontrar soledad. Es funcional, tiene todos los servicios, y es exactamente lo que mucha gente viene buscando: arena, agua y vida a pocos pasos.
El elemento conector, y para muchos lo mejor de todo, es S'Agaró. No es exactamente un pueblo, sino una urbanización residencial de esas que se proyectaron con buen gusto en los años 20. Las villas, la capilla de Sant Pol y el famoso Hostal de la Gavina parecen sacados de otra época. Es el eslabón elegante entre la playa bulliciosa y el pueblo tranquilo.
Lo que de verdad merece la pena: el paseo y las calas
Si me preguntas qué hacer aquí que no puedas hacer en otro sitio de la costa, la respuesta es una: caminar. El Camino de Ronda de S'Agaró es ese tipo de sendero que justifica el viaje. No es una ruta de montaña, es un paseo junto al mar que va de Platja d'Aro a Sant Feliu de Guíxols. Pasas por encima de calas minúsculas, ves casas con jardines que caen sobre el acantilado y te encuentras con el Cavall Bernat, una roca que se ha convertido en la foto obligada. Es fácil, está bien señalizado y es lo más parecido a pasear por la postal de la Costa Brava.
Las calas entre un núcleo y otro (Cala Rovira, Cala del Pi…) son la alternativa a la playa grande. Son de roca, más íntimas, y suelen tener menos gente. Eso sí, llegar a algunas implica bajar (y luego subir) una cuesta decente.
En el interior, aparte de perderte por Castell d'Aro, la oferta es la típica de la zona: buena mesa empordanesa (arroz, pescado), algún mercadillo y la posibilidad de ir de compras por esa avenida principal que parece no tener fin.
Un consejo práctico: elige tu bando
Cómo moverse: El municipio es largo y estrecho. Castell d'Aro y Platja d'Aro no están uno al lado del otro; hay que coger el coche o el autobús urbano para ir de uno a otro. Una vez en la zona costera, todo es paseable. El Camino de Ronda, obviamente, solo se hace a pie.
Cuándo venir: Esto es clave. De junio a septiembre, especialmente en agosto, esto es la Feria de Abril costera. Hay ambiente, todo está abierto, pero también hay colas, ruido y precios de temporada alta. Mi época favorita es el mes de septiembre. Sigue haciendo buen tiempo, el agua está templada, y con un poco de suerte pillas la Fiesta Mayor (principios de mes) sin las aglomeraciones de agosto. La primavera también es bonita para caminar. El invierno es solo para los muy locales; la mitad de las persianas están bajadas.
Dónde dormir: Hay de todo, desde hoteles con vistas al mar hasta apartamentos funcionales. Si buscas silencio, mira opciones en los alrededores de S'Agaró o hacia el interior. Si quieres estar en el meollo, la primera línea de la avenida es tu sitio. Reserva con tiempo si vienes en temporada alta.
Al final, Castell-Platja d'Aro no es un lugar de medias tintas. O te engancha su energía de verano eterno en la playa, o prefieres refugiarte en la paz de su núcleo medieval y sus caminos junto al mar. Lo bueno es que, en un mismo día, puedes probar las dos cosas. Solo tienes que decidir con cuál te quedas.