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sobre Colomers
Pueblo tranquilo junto al río Ter; destaca por su presa y entorno natural para el kayak
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En el corazón del Baix Empordà, lejos de las multitudes que recorren la Costa Brava, se esconde Colomers, una pequeña aldea de apenas 207 habitantes que parece detenida en el tiempo. A tan solo 41 metros sobre el nivel del mar, este enclave rural catalán ofrece algo cada vez más difícil de encontrar: la autenticidad de un pueblo donde todavía se puede escuchar el silencio, interrumpido únicamente por el canto de los pájaros y las conversaciones en la plaza.
Colomers no es un destino para quien busca monumentos imponentes o una oferta turística masificada. Es, más bien, un refugio para quienes desean conectar con la esencia rural de Cataluña, pasear por calles tranquilas flanqueadas por casas de piedra y descubrir el ritmo pausado de la vida en el campo. Su ubicación privilegiada, en una de las comarcas más bellas de Girona, lo convierte en un punto de partida ideal para explorar el interior del Empordà sin renunciar a la cercanía del Mediterráneo.
La aldea respira esa atmósfera propia de los pueblos donde todos se conocen, donde las tradiciones se mantienen vivas no como atracción turística sino como parte natural del día a día. Aquí, el visitante no viene a "hacer turismo" en el sentido convencional, sino a experimentar la vida campestre catalana en su estado más puro.
Qué ver en Colomers
El patrimonio arquitectónico de Colomers es discreto pero encantador. El núcleo urbano conserva la estructura típica de las aldeas agrícolas catalanas, con callejuelas estrechas y construcciones tradicionales que hablan de siglos de historia rural. Las casas de piedra, muchas de ellas rehabilitadas con respeto a la arquitectura original, crean un conjunto armónico que invita al paseo tranquilo.
La iglesia parroquial, de estilo sencillo, constituye el centro simbólico del pueblo. Como en tantas aldeas catalanas, este templo ha sido testigo de generaciones de vecinos y continúa siendo el punto de encuentro en las festividades locales. Aunque de dimensiones modestas, merece una visita para apreciar la devoción religiosa que caracteriza a estos pueblos del interior.
Los alrededores de Colomers ofrecen paisajes típicamente empordaneses: campos de cultivo que cambian de color con las estaciones, pequeños bosques mediterráneos y un relieve suave que invita a largos paseos. La cercanía a otros pueblos de interés patrimonial como Pals, Peratallada o Monells (todos a menos de 15 kilómetros) permite diseñar rutas que combinan varios núcleos medievales en una misma jornada.
Qué hacer
Colomers es perfecto para el senderismo suave y las rutas en bicicleta. Los caminos rurales que conectan la aldea con poblaciones vecinas ofrecen itinerarios de baja dificultad, ideales para familias o para quienes buscan un turismo activo pero sin grandes exigencias físicas. El paisaje llano del Baix Empordà permite disfrutar de paseos donde el esfuerzo se compensa con vistas panorámicas hacia las llanuras cultivadas y, en días claros, hacia las montañas del interior.
La gastronomía local es otro de los grandes atractivos. Aunque Colomers no cuenta con establecimientos específicos, su ubicación en el Baix Empordà garantiza el acceso a productos de primera calidad: aceite de oliva, embutidos artesanales, quesos locales y los famosos arroces del Empordà. Los pueblos cercanos ofrecen opciones gastronómicas donde degustar la cocina tradicional catalana, con platos como la escudella, los suquets de pescado o los postres elaborados con productos de la tierra.
La aldea también sirve como base tranquila para explorar la comarca. Desde aquí se puede visitar el Parque Natural del Montgrí, las Islas Medes y el Baix Ter, o acercarse a las playas de Pals y Begur, a apenas 20 minutos en coche. Esta combinación de tranquilidad rural y cercanía al litoral mediterráneo es uno de los mayores valores de alojarse en Colomers.
Fiestas y tradiciones
Como toda aldea catalana, Colomers celebra su fiesta mayor, generalmente durante los meses de verano. Estas festividades, que suelen incluir verbenas, comidas populares y actividades para los vecinos, son una excelente oportunidad para conocer la cara más festiva del pueblo y compartir momentos con los lugareños.
A lo largo del año, el calendario festivo sigue el ritmo de las tradiciones catalanas: la celebración de Sant Joan en junio, la Diada de Catalunya en septiembre, y las festividades navideñas que llenan de vida la plaza del pueblo. Aunque sean celebraciones modestas en cuanto a dimensiones, tienen el encanto de lo auténtico y permiten al visitante experimentar cómo se vive la cultura catalana en los núcleos más pequeños.
Información práctica
Llegar a Colomers desde Girona capital es sencillo: la distancia es de aproximadamente 40 kilómetros por la C-66 y carreteras comarcales, lo que supone unos 35-40 minutos en coche. Desde Barcelona, el trayecto ronda las dos horas por la AP-7 y posteriormente por vías secundarias. No existe transporte público directo, por lo que el vehículo propio es prácticamente imprescindible.
La mejor época para visitar Colomers es la primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre), cuando las temperaturas son agradables y el paisaje luce especialmente bello. El verano puede ser caluroso, aunque la cercanía de la costa permite refrescarse en las playas del Empordà. En invierno, el ambiente es más tranquilo aún, perfecto para quien busca desconexión total.
Conviene llevar calzado cómodo para caminar, protección solar en verano y, sobre todo, ganas de disfrutar del ritmo pausado de la vida rural catalana. Colomers no te deslumbrará con grandes atracciones, pero te regalará algo más valioso: la experiencia de un pueblo auténtico donde el tiempo parece fluir de otra manera.