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sobre Foixà
Pueblo dividido en dos núcleos con un castillo renacentista; vistas excelentes al Montgrí
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¿Sabes cuando pasas por un pueblo en coche y piensas: “aquí no debe de pasar nada en todo el día”? Y lo digo sin mala intención. El turismo en Foixà va un poco por ahí. Un municipio pequeño del Baix Empordà, con menos de 300 habitantes, donde la vida sigue muy ligada al campo y al ritmo de las estaciones.
Está a unos 85 metros de altitud, rodeado de tierras agrícolas que llevan décadas —probablemente siglos— trabajándose de forma parecida. Casas de piedra, madera, patios interiores y esa sensación de que el pueblo se construyó con lo que había alrededor. Nada de grandes alardes, más bien funcionalidad rural de la de toda la vida.
Un núcleo pequeño que se recorre en un rato
Foixà es de esos pueblos que se caminan sin plan. Aparcas, das una vuelta y en menos de una hora ya te has hecho una idea bastante clara de cómo es. Calles estrechas, algunas casas con balcones de hierro, portales de piedra con fechas grabadas… detalles que te hacen pensar en cuántas generaciones habrán pasado por ahí.
No hay grandes monumentos ni museos que atraigan autocares. Y casi mejor así. El ambiente es tranquilo, muy de pueblo pequeño donde cualquier ruido se oye más de la cuenta.
En el centro aparece la iglesia parroquial de Sant Esteve, que suele mencionarse como uno de los edificios más antiguos del núcleo. Su aspecto es bastante sobrio y el campanario se ve desde los campos de alrededor, algo que en su día seguramente servía más para orientarse que para hacer fotos.
Masías dispersas y paisaje agrícola
Una de las cosas que llaman la atención cuando te mueves por el término municipal son las masías dispersas. Algunas tienen aspecto fortificado y recuerdan a una época en la que la casa también tenía que servir de defensa.
Muchas siguen habitadas o vinculadas al trabajo agrícola. No están concentradas alrededor del pueblo, sino repartidas entre campos y pequeños bosques, lo que hace que el paisaje tenga esa mezcla tan típica del Empordà interior: parcelas cultivadas, caminos de tierra, muros de piedra seca y manchas de encinas.
Si te gusta caminar o ir en bici sin demasiada pendiente, hay bastantes caminos rurales que conectan Foixà con otros pueblos cercanos. Son trayectos sencillos, de los que atraviesan campos abiertos y alguna zona arbolada. A veces te cruzas más con tractores que con coches, lo cual ya te da una pista del tipo de lugar en el que estás.
El entorno: entre Les Gavarres y la llanura del Empordà
Foixà queda en una zona de transición bastante curiosa. Hacia el norte empiezan los relieves de Les Gavarres, más boscosos, mientras que hacia el sur el terreno se abre hacia la llanura ampurdanesa.
Eso se nota cuando caminas por los alrededores: tramos con encinas y vegetación mediterránea y, de repente, campos abiertos donde el horizonte se ensancha. Es un paisaje discreto, pero tiene algo relajante, sobre todo si vienes de zonas más urbanizadas.
Para quien disfrute de la fotografía de paisaje o simplemente de pasear sin ruido de tráfico, el lugar funciona bien. Especialmente al atardecer, cuando la luz cae sobre los campos y el pueblo queda casi en silencio.
Excursiones cerca de Foixà
Foixà también puede servir como punto tranquilo desde el que moverse por esta parte del Baix Empordà. A poca distancia hay pueblos conocidos de la comarca y también lugares con bastante historia.
Por ejemplo, Ullastret, donde se encuentra uno de los yacimientos ibéricos más importantes de Cataluña. Y si te apetece ver un núcleo medieval muy bien conservado, Peratallada queda relativamente cerca.
Lo curioso es que, después de pasar por esos sitios con más movimiento, volver a Foixà se siente casi como bajar el volumen de golpe.
Un pueblo pequeño que no intenta impresionar
Foixà no juega la carta de los grandes reclamos. Es más bien uno de esos pueblos que siguen viviendo a su ritmo, entre campos y masías, mientras alrededor el Empordà se llena de visitantes.
Si decides acercarte, lo normal es dedicarle un paseo tranquilo y luego seguir ruta por la comarca. Y aun así, ese rato caminando por sus calles de piedra suele dejar una sensación agradable, como cuando te desvías de la carretera principal y encuentras un sitio que simplemente sigue funcionando como siempre.