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sobre Parlavà
Pueblo situado en una pequeña colina; iglesia fortificada y entorno agrícola
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A última hora de la tarde, cuando el sol ya baja hacia los campos del Baix Empordà, la piedra de la iglesia de Sant Esteve coge un tono cálido, casi dorado. A esa hora apenas se oye nada en Parlavà: alguna puerta que se cierra, el ruido de un coche que cruza despacio la calle principal y, si el día ha sido húmedo, ese olor a tierra mojada que se queda flotando entre las casas.
El pueblo queda a pocos kilómetros de la Costa Brava, pero el ambiente es otro. Aquí el ritmo sigue siendo de interior: calles estrechas, muros de piedra algo desgastados y patios donde todavía aparecen macetas, herramientas o bicicletas apoyadas contra la pared. No es un lugar que intente llamar la atención; más bien uno de esos pueblos que continúan con su rutina mientras el Empordà turístico gira unos kilómetros más allá.
Calles de piedra y señales de la vida agrícola
Pasear por el núcleo antiguo de Parlavà es ir encontrando pequeñas pistas de su pasado agrícola, que en realidad sigue bastante presente. Puertas de madera con clavos antiguos, algún huerto detrás de un muro bajo, el sonido de un tractor que llega desde los campos cuando cae la tarde.
Las casas mantienen bastante bien la construcción tradicional de la zona: piedra, ventanas más bien pequeñas y tejados de teja roja. No hay grandes plazas monumentales ni un recorrido marcado. Se trata más bien de caminar sin rumbo, fijándose en cómo cambia la luz sobre las fachadas o en los gatos que se tumban en los escalones cuando el sol calienta.
Por la mañana temprano el pueblo está especialmente tranquilo. Si pasas antes de que empiece el movimiento del día, es fácil escuchar sólo campanas lejanas o el viento moviendo los árboles de los márgenes.
Caminos entre campos del Baix Empordà
Alrededor de Parlavà el paisaje es abierto y bastante llano. Campos cultivados, pequeñas zonas de pinar y caminos rurales que enlazan con otros pueblos cercanos. Muchos vecinos los utilizan para ir en bicicleta o caminar sin demasiada dificultad.
Conviene tener en cuenta que varios de estos caminos siguen siendo de uso agrícola. En época de trabajo en el campo es normal cruzarse con tractores o maquinaria, así que lo mejor es apartarse con calma y dejar paso.
La zona cambia bastante según la estación. En verano algunos campos cercanos al Baix Ter se ven verdes o inundados por el cultivo del arroz de Pals, mientras que en invierno el paisaje queda más terroso y abierto, con una luz muy clara que llega desde el norte.
Pueblos cercanos que amplían la visita
Parlavà suele visitarse junto con otros núcleos del Baix Empordà que quedan a poca distancia en coche.
Uno de ellos es Ullastret, donde se conservan restos de un antiguo asentamiento ibérico considerados de los más importantes de Cataluña. El yacimiento está en una colina baja y desde arriba se ve buena parte de la llanura del Empordà.
También quedan cerca pueblos como Pals, Peratallada o Monells, conocidos por sus conjuntos medievales de piedra. Son lugares que reciben bastante más movimiento, sobre todo en fines de semana y en verano, así que quien prefiera verlos con algo más de calma suele ir a primera hora del día o al caer la tarde.
El mar, a un rato de coche
Aunque Parlavà está en el interior, la costa queda relativamente cerca. En un rato de coche se llega a zonas de playa del litoral del Baix Empordà, con tramos de arena y calas más rocosas.
En verano conviene armarse de paciencia con el tráfico, especialmente a media mañana o al final de la tarde, cuando muchos coches entran y salen de las poblaciones costeras. Si se quiere evitar ese movimiento, lo más sencillo es ir temprano o esperar a las últimas horas del día, cuando el sol empieza a caer y el ambiente se relaja.
Fiestas y vida local
A lo largo del año Parlavà mantiene celebraciones ligadas al calendario festivo catalán. La fiesta mayor suele concentrar varios actos populares en verano, con música, bailes tradicionales y comidas que reúnen a vecinos y familias que vuelven esos días al pueblo.
Fuera de esas fechas el ambiente es mucho más tranquilo. Parlavà funciona sobre todo como lugar de residencia y como punto desde el que moverse por la comarca.
Quien llegue sin prisa encontrará un pueblo pequeño, de piedra y campo alrededor, donde lo más interesante suele ser algo tan simple como sentarse un rato en silencio y ver cómo cambia la luz sobre los tejados mientras cae la tarde.