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sobre Sant Feliu de Guíxols
Ciudad costera con importante monasterio y festival; turismo familiar y cultural
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Aparca primero. El parking del puerto cuesta 2,40 € la hora y suele llenarse antes de las diez en verano. Si llegas tarde, toca dar vueltas o dejar el coche lejos y bajar andando. Es lo normal.
Lo que hay que ver
El monasterio tiene sentido. La Porta Ferrada es de las pocas partes románicas que quedan sin demasiados retoques. Entras, miras un rato y sales. El casino modernista de al lado está bien conservado. Si ya has visto edificios así en otras ciudades, no te va a sorprender. La ermita de Sant Elm tiene una vista sobre la costa, pero la subida es larga y con sol pega fuerte. El museo Thyssen ocupa un edificio moderno junto al mar. Tiene obras si te gusta la pintura. La Pedralta es una roca enorme sobre otra. Curiosa, pero no deja de ser una piedra.
La playa y el paseo
La playa principal es grande y de arena gruesa. Se mete en las chanclas. El agua suele estar limpia. Si quieres caminar, el Camino de Ronda hacia Sant Pol es más agradable. En una hora larga llegas a calas con más espacio.
Dónde comer
Aquí se come pescado azul: anchoas, sardinas, verdel. También hay suquet cuando trabajan con pescado de la lonja. Conviene desconfiar de los sitios con cartas traducidas a muchos idiomas y fotos en la puerta.
Consejos prácticos
Junio o septiembre funcionan mejor que pleno verano. Mucha gente aparca por la zona del Passeig de l’Hostal y baja andando al paseo marítimo. Cuando hay festival Porta Ferrada hay más ambiente nocturno, pero también más tráfico. S’Agaró está a pocos minutos. Allí son urbanizaciones y segundas residencias. Sant Feliu es más mezcla: vecinos, veraneantes y gente que viene solo a pasar el día.
Sant Feliu fue puerto pesquero y ahora vive del turismo. A ratos funciona bien y a ratos se llena demasiado. Es Costa Brava bastante directa