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sobre Ullà
Pueblo al pie del Montgrí; conocido por su tradición de cultivo de frutas
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Imagina que te cruzas con un pueblo sin mucho bombo, que no aparece en las guías de turismo timorato, y piensas “aquí no hay nada más que una calle y alguna casa”. Pero al rato descubres que esa calle te lleva a sitios donde persiste historia del campo, y en sus esquinas pequeños detalles que cuentan mucho más de lo que parece. Eso es Ullà, un municipio de poco más de mil habitantes en el Baix Empordà, donde la vida transcurre entre el paso del tiempo y los trabajos en los campos.
Desde su posición a unos 21 metros sobre el nivel del mar, Ullà forma parte de ese paisaje ampurdanés que une el carácter rural con la cercanía a la Costa Brava. No tendrás mar a mano para darte un chapuzón en cinco minutos, pero sí caminos rurales rodeados de olivos, almendros y campos sembrados que parecen esperar a un paseante para contarles algo —si te paras a escuchar.
El alma sencilla de Ullà
No esperes grandes monumentos ni calles llenas de tiendas: aquí todo se centra en la sencillez. La iglesia parroquial de Sant Feliu es uno de esos edificios que conservan rastros románicos, aunque ha sido reformada varias veces. La estructura mantiene algunos elementos medievales como la portada o el campanario, pero si no eres fan del arte religioso o no te fijas demasiado en esas cosas, quizás solo notes que es una iglesia pequeña y funcional.
El centro del pueblo no se extiende mucho: algunas casas de piedra con contraventanas pintadas en colores suaves acompañan calles estrechas que conducen hacia plazas diminutas donde las conversaciones parecen haberse quedado ancladas en la historia. Es un recorrido rápido si quieres hacer fotos o simplemente observar cómo viven los vecinos; sin prisa, sin agobios.
Por las inmediaciones se dispersan masías tradicionales —a veces con tejados cubiertos de pizarra— cuya presencia recuerda que aquí el campo ha sido durante siglos la base económica local. Algunas se ven desde los caminos rurales entre cultivos y huertos familiares; otras permanecen cerradas o en proceso de restauración.
Aunque Ullà no está en zona montañosa ni frente al mar, su entorno resulta agradable para quienes disfrutan caminando o pedaleando por espacios abiertos. Los caminos rurales conectan con localidades cercanas como Fontanilles, Ullastret o Bellcaire d’Empordà. Los paseos por estos senderos permiten entender esa relación tranquila entre tierra y trabajo agrícola, sin grandes complicaciones ni dificultades técnicas.
Actividades para explorar
El entorno rural ofrece varias opciones para quien busca moverse a pie o en bicicleta sin complicarse demasiado. Las rutas por caminos rurales unen Ullà con pueblos vecinos; son trayectos cortos y llanos pensados para quienes prefieren pedalear o caminar tranquilamente mientras disfrutan del silencio roto solo por el crujir de los neumáticos sobre grava o los pasos sobre tierra seca.
La gastronomía también tiene su papel aquí: productos del territorio como quesos artesanales, embutidos caseros o vinos de la DO Empordà están presentes en pequeñas tiendas y mercados semanales cercanos. Son excusas perfectas para completar una visita sin necesidad de grandes restaurantes: basta con comprar algo fresco y llevarlo a un picnic improvisado al aire libre.
A pocos kilómetros están Ullastret —que alberga uno de los yacimientos ibéricos más importantes del país— y La Bisbal d’Empordà, famosa por su cerámica artesanal. También quedan cerca las playas de L’Estartit y la reserva marina de las Islas Medes, aunque eso sí requiere un poco más de coche si buscas meterte en el agua.
Si te apetece algo diferente al campo o la playa, hay opciones para practicar golf cerca o probar actividades acuáticas cuando el tiempo lo permite; nada excesivo ni turístico hasta el cansancio —solo una manera diferente de aprovechar ese tiempo libre.
Costumbres locales sin trucos
El calendario festivo mantiene viva cierta tradición simple pero auténtica. La fiesta mayor suele celebrarse a finales de agosto en honor a Sant Feliu —el patrón local— con actividades populares como verbenas tradicionales y bailes catalanes tradicionales (sí, esas sardanas). Aquí no hay desfiles estrambóticos ni fuegos artificiales espectaculares; lo habitual son reuniones familiares donde comer bien juntos sigue siendo la base.
En resumen, si buscas desconectar sin renunciar a ciertas comodidades básicas —y si quieres entender cómo vive buena parte del interior del Empordà— visitar Ullà puede ofrecerte otra perspectiva distinta a la costa concurrida o los pueblos turísticos inundanados por cámaras y selfies constantes. Solo necesitas tiempo para pasear sus calles tranquilas e imaginarte qué historia habrán contado esas piedras durante siglos.