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sobre Ultramort
Pueblo pequeño de nombre curioso; núcleo compacto y tranquilo
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Hay pueblos que aparecen en el mapa y otros que aparecen cuando te equivocas de carretera. A mí Ultramort me pasó así. Una de esas curvas del Baix Empordà donde vas mirando campos por la ventanilla y, de repente, un grupo de casas de piedra te hace bajar la velocidad casi por inercia.
El turismo en Ultramort no funciona como en otros sitios de la comarca. No hay colas, ni tiendas de recuerdos, ni esa sensación de escenario preparado. Es más bien como cuando entras en un pueblo porque sí, aparcas un momento y te das una vuelta corta para ver qué se cuece.
Y lo que hay es bastante sencillo: silencio, campos abiertos y un núcleo pequeño donde la vida rural sigue marcando el ritmo.
Qué es Ultramort hoy
Ultramort tiene poco más de doscientos vecinos. Eso se nota enseguida. No es un lugar pensado para pasar horas haciendo planes distintos; es más bien una parada breve que te ayuda a entender cómo funciona esta parte del Empordà cuando el turismo se queda en la costa.
El pueblo está rodeado de campos llanos que se extienden en todas direcciones. Apenas se eleva unos metros sobre el nivel del mar, así que el paisaje es abierto, muy horizontal. Si vienes de carreteras más movidas, la sensación es curiosa: aquí todo parece ir a otra velocidad.
El nombre suele llamar la atención. Ultramort viene del latín y se interpreta como “más allá de la muerte”. Suena dramático, pero el lugar no tiene nada de oscuro. Es un pueblo agrícola de toda la vida, sin grandes historias épicas.
La iglesia y el pequeño núcleo
El centro se recorre en nada. Un par de calles, algunas casas de piedra con portones amplios y la iglesia parroquial de Sant Feliu marcando el perfil del pueblo.
La iglesia tiene origen medieval y mantiene ese aire sobrio que ves en muchas parroquias rurales del Empordà. No es un edificio monumental. Más bien parece la típica iglesia que ha ido acompañando al pueblo durante siglos, adaptándose a lo que hacía falta en cada época.
Alrededor están las casas más antiguas, con muros gruesos y ventanas pequeñas. Cuando paseas por aquí te das cuenta de que todo tiene una lógica práctica: protegerse del sol, guardar herramientas, vivir pegados al campo.
Campos abiertos del Baix Empordà
Fuera del núcleo aparecen las masías dispersas y los campos que definen el paisaje. Cereales, algo de viñedo en la zona y árboles mediterráneos sueltos que rompen la línea del horizonte.
En primavera todo se vuelve verde y bastante vivo. En otoño el paisaje cambia a tonos más secos, dorados, muy del Empordà interior. No es un lugar espectacular en el sentido clásico, pero tiene ese tipo de calma que se agradece cuando vienes de pueblos más concurridos.
Si te gusta ir en bici o caminar sin pensar demasiado la ruta, los caminos rurales que conectan con otras masías y pueblos cercanos funcionan bastante bien.
Qué hacer por los alrededores
Ultramort se entiende mejor cuando lo ves dentro de la comarca. A pocos kilómetros hay pueblos más grandes y con más movimiento, como La Tallada d’Empordà o Torroella de Montgrí.
Mucha gente pasa por aquí mientras recorre el Baix Empordà en coche o bicicleta. Es el típico lugar donde paras un rato, estiras las piernas y sigues ruta.
Para comer o tomar algo, lo normal es desplazarse a localidades cercanas. En un pueblo tan pequeño la oferta cambia mucho según la época y el día.
Aun así, por la zona suelen aparecer mercados y actividades vinculadas al campo. Fruta de temporada, embutidos de la comarca o vino de pequeñas bodegas que trabajan a escala muy local.
Fiestas y vida local
Las celebraciones del pueblo siguen el calendario tradicional. La fiesta del patrón, Sant Feliu, suele celebrarse en verano con actividades sencillas en la plaza y reuniones vecinales.
No esperes grandes montajes. Es más bien el tipo de fiesta donde el pueblo se junta, hay música, comida y conversación larga cuando cae la noche.
En los pueblos cercanos también se mantienen procesiones de Semana Santa y otras celebraciones ligadas al calendario agrícola, algo bastante común en el Empordà interior.
Cómo llegar sin complicarse
Desde Girona el trayecto ronda los cuarenta kilómetros. La ruta habitual pasa por la C‑66 en dirección a La Bisbal d’Empordà y luego continúa por carreteras comarcales entre campos.
Es un camino tranquilo. De esos en los que empiezas a ver masías, tractores y parcelas cultivadas antes de llegar al pueblo.
Ultramort no es un sitio al que vengas con una lista larga de cosas que hacer. Es más bien una pausa corta en medio del Baix Empordà. Te bajas del coche, caminas diez o quince minutos, miras alrededor… y entiendes bastante rápido de qué va este lugar.