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sobre Molins de Rei
Villa histórica junto al Llobregat famosa por su Feria de la Candelaria
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A apenas 15 kilómetros de Barcelona, Molins de Rei se alza como un remanso de historia industrial y patrimonio medieval que invita a descubrir una Cataluña más auténtica. Esta villa del Baix Llobregat, con sus 26.555 habitantes, ha sabido preservar su identidad a pesar de la cercanía con la gran ciudad, ofreciendo un recorrido fascinante por siglos de historia ligados al río Llobregat y a los antiguos molinos harineros que le dieron nombre.
Situada a 38 metros de altitud, Molins de Rei se extiende en la confluencia del Llobregat con la riera de Rubí, un emplazamiento estratégico que ha marcado su devenir histórico. Pasear por sus calles es descubrir vestigios de un pasado medieval, restos de fortificaciones y un legado industrial que convive armoniosamente con espacios naturales donde el agua sigue siendo protagonista.
La villa se presenta como una escapada perfecta para quienes buscan patrimonio histórico sin alejarse demasiado de la capital catalana, combinando visitas culturales con la posibilidad de disfrutar de agradables paseos fluviales y una gastronomía de proximidad que refleja lo mejor de la tradición del Baix Llobregat.
Qué ver en Molins de Rei
El Castillo de Molins de Rei es sin duda el monumento más emblemático de la villa. Esta fortaleza medieval, documentada desde el siglo XI, conserva parte de sus murallas y torres, siendo testigo silencioso de la historia de la localidad. Aunque ha sufrido modificaciones a lo largo de los siglos, su estructura defensiva aún impresiona y ofrece una perspectiva privilegiada sobre el entorno.
La Iglesia de Santa María, de origen románico pero con importantes reformas posteriores, merece una visita pausada. Su interior guarda elementos de diferentes épocas que narran la evolución arquitectónica del municipio. El templo forma parte del núcleo histórico, donde las calles estrechas invitan a perderse entre edificios con fachadas de piedra y balcones tradicionales.
El Pont Vell o puente viejo sobre el Llobregat es otro de los iconos locales. Este puente medieval ha sido testigo del paso de peregrinos, comerciantes y ejércitos a lo largo de los siglos, conectando las dos orillas del río y constituyendo un elemento fundamental en la comunicación histórica de la comarca.
No podemos olvidar los restos de los antiguos molinos harineros que dan nombre a la villa. Aunque muchos han desaparecido, algunos vestigios y construcciones adaptadas nos recuerdan la importancia que tuvo la molienda de cereales aprovechando la fuerza del agua del Llobregat.
El Parque de Can Rigalt ofrece una zona verde amplia para el descanso, con espacios arbolados perfectos para desconectar. Desde aquí se pueden iniciar rutas que siguen el curso del río, descubriendo la naturaleza ribereña que caracteriza este territorio.
Qué hacer
Las rutas fluviales a lo largo del Llobregat constituyen una de las principales actividades para los visitantes. Estos paseos permiten conocer el ecosistema del río, observar aves y disfrutar de la vegetación de ribera en un entorno sorprendentemente tranquilo considerando la proximidad con la gran ciudad.
Para los aficionados al senderismo y al ciclismo, Molins de Rei es un punto de conexión con varias rutas que recorren el Baix Llobregat y conectan con el Parque Natural de la Serra de Collserola. La red de caminos permite explorar el territorio desde perspectivas variadas, combinando naturaleza e historia.
La gastronomía local merece una mención especial. La villa cuenta con una tradición culinaria arraigada en los productos de la huerta del Llobregat, con verduras de proximidad y elaboraciones tradicionales catalanas. Los mercados locales son una excelente oportunidad para descubrir productos artesanales y de temporada.
Las visitas al núcleo histórico pueden complementarse con recorridos guiados que profundizan en la historia medieval e industrial del municipio, revelando detalles arquitectónicos y curiosidades que pasan desapercibidos al visitante ocasional.
Fiestas y tradiciones
La Fiesta Mayor se celebra a finales de agosto en honor a San Bartolomé, patrón de la localidad. Durante varios días, Molins de Rei se llena de actividades populares, conciertos, pasacalles con gigantes y cabezudos, y los tradicionales correfocs que iluminan las noches de verano.
En enero, la festividad de Sant Antoni trae las tradicionales hogueras y bendiciones de animales, una celebración arraigada que mantiene vivo el folclore catalán. En junio, la verbena de Sant Joan transforma las calles con música, petardos y el característico ambiente festivo catalán.
La Castanyada, a principios de noviembre, es otra fecha señalada donde las castañas asadas, los panellets y el vino dulce se comparten en un ambiente otoñal que precede a la festividad de Todos los Santos.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Barcelona, Molins de Rei es accesible por la línea S4 y S8 de Rodalies (Cercanías), con un trayecto de aproximadamente 25 minutos desde Plaza de Cataluña. En coche, se llega por la A-2 o la C-243, con un recorrido de unos 20-30 minutos según el tráfico.
Mejor época: La primavera y el otoño son ideales para visitar Molins de Rei, con temperaturas agradables para pasear y descubrir el patrimonio. El verano permite disfrutar de las fiestas mayores, aunque puede hacer calor. El invierno es tranquilo, perfecto para una escapada cultural sin aglomeraciones.
Consejo práctico: Combina la visita a Molins de Rei con otros municipios cercanos del Baix Llobregat para obtener una visión más completa de esta comarca llena de historia y tradición, situada en el corazón del área metropolitana de Barcelona pero con personalidad propia.