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sobre Sant Boi de Llobregat
Ciudad histórica con termas romanas y tumba de Rafael Casanova
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El aire que entra por la ventanilla del tren cambia de repente, huele a tierra mojada y a brasa. Es la señal, antes de que suene el altavoz: “Próxima estación, Sant Boi”. En marzo, ese olor es a alcachofa asada, a domingo. Desde Barcelona, el viaje es apenas un suspiro, el tiempo justo para que los bloques de pisos den paso a campos abiertos. Aquí el aire ya es otro, más denso, con la humedad salina que trae el río desde el delta.
Sant Boi de Llobregat se mueve entre dos pulsos. El primero es el de la cercanía a Barcelona, con su ir y venir constante. El otro es más lento: el de la huerta, el curso del agua y una historia que se hace visible cuando reduces el paso y miras hacia arriba, o hacia abajo.
Las termas donde aún se siente el calor bajo la piedra
En calles tranquilas del centro, alejadas del ruido de las rondas, un recinto bajo y discreto se esconde entre medianeras. Son las termas romanas de Sant Boi. El lugar tiene esa cualidad silenciosa de los sitios donde el tiempo se ha ido acumulando en capas.
Se levantaron cuando esta zona era territorio de Barcino. Bajo una cubierta moderna se conservan las salas, algunos mosaicos y los canales por donde circulaba el aire caliente del hipocausto. La piedra muestra un tono tostado, el que adquiere después de siglos de humedad.
En las visitas guiadas explican el funcionamiento del sistema de calefacción y la rutina de los baños. Si prestas atención al suelo, aún se distinguen las pilas de ladrillo que sostenían el pavimento elevado.
Consulta los horarios antes de ir; no siempre están abiertas al público sin cita. Si llegas a primera hora, cuando aún no hay grupos, el silencio dentro es casi físico.
Las casas de veraneo que miraban hacia el campo
Subiendo hacia la parte alta aparece otra capa de historia: las casas de estiueig que la burguesía barcelonesa construyó entre finales del siglo XIX y principios del XX.
La Ruta del Estiueig pasa junto a antiguas torres con jardines. Algunas están restauradas, otras se han integrado en barrios más nuevos. Muchas conservan rejas de forja trabajada, galerías acristaladas y mosaicos hidráulicos en la entrada. Al atardecer, esas baldosas reflejan una luz anaranjada que habla de veranos largos.
Una de las antiguas sociedades de recreo funciona ahora como equipamiento cultural. Dentro, los techos son altos, la madera es oscura y hay un olor ligeramente seco, a polvo viejo y cerrado.
La ruta se hace caminando sin dificultad. Son varios tramos dispersos por el casco urbano, así que conviene no ir con prisa y permitirse algún desvío por calles laterales.
Alcachofas y campo a dos pasos de la ciudad
En marzo, Sant Boi huele a alcachofa del delta. Basta acercarse a los caminos de huerta para ver los campos ordenados, las hojas verdes abiertas como flores grandes sobre la tierra oscura.
Durante esas semanas hay actividades gastronómicas y encuentros donde la alcachofa se sirve asada, frita, en guisos. El aroma se queda flotando en las calles del centro, sobre todo al mediodía.
Cerca de allí, el deporte también marca ritmo. El club de rugby de Sant Boi es uno de los históricos del país. Los días de partido, el ambiente se nota en los alrededores del campo: botas embarradas, conversaciones en voz alta y grupos que se quedan charlando mucho después del pitido final.
Un paseo por la Muntanyeta al final del día
Cuando el sol empieza a caer, un goteo constante de gente sube al parque de la Muntanyeta. Es una colina baja dentro del término municipal. Desde arriba se ven los tejados, el curso serpenteante del Llobregat y, si el día lo permite, la línea difusa del delta hacia el mar.
Los senderos serpentean entre pinos y zonas de césped donde familias meriendan. El sonido habitual es el golpe seco de un balón contra el suelo de las pistas deportivas y un murmullo bajo que se mezcla con el viento.
Entre semana reina la tranquilidad. A última hora de la tarde la luz filtra entre los troncos y proyecta sombras largas y estrechas sobre la tierra.
Cuándo venir y cómo moverse por Sant Boi
Sant Boi está bien conectado con Barcelona por tren y carretera. Mucha gente llega en transporte público y se mueve a pie después.
El centro se recorre rápido, pero si quieres ver las zonas de huerta o subir hasta la Muntanyeta necesitas reservar algo más de tiempo.
Marzo es un momento interesante para venir: la alcachofa está en temporada y el paisaje agrícola está activo. En verano el calor aprieta con fuerza y las calles se vacían durante las horas centrales del día.
Si pasas en invierno, cuando el aire es frío y transparente, las termas romanas y los campos del delta tienen una quietud que sorprende a tan poca distancia de una gran ciudad.