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sobre Sant Esteve Sesrovires
Municipio industrial y residencial con campo de golf y tradición musical
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Hay algo gracioso en Sant Esteve Sesrovires: es como ese compañero de piso que nadie recuerda haber invitado a la fiesta, pero que resulta ser el hijo del dueño del chalet. El pueblo no sale mucho en las postales de Cataluña, pero ahí está, entre el Baix Llobregat y el Alt Penedès, mezclando viñedos con polígonos industriales y masías antiguas. En un mismo paseo puedes pasar de campos de vid a una de las grandes fábricas de coches del país. Y sí, también hubo aquí una fábrica muy conocida de caramelos con palo.
El pueblo que se multiplica por dos (y no es magia)
Entrar en Sant Esteve en verano tiene algo curioso. El pueblo parece estirarse como una goma. La población habitual crece bastante porque muchas casas se llenan de gente que viene a pasar las vacaciones o los fines de semana. De repente te cruzas con caras nuevas en cada esquina y el ambiente cambia.
La estación de Ferrocarrils de la Generalitat —la línea que conecta con Barcelona y con varios pueblos del interior— funciona como una especie de cordón umbilical. Mucha gente vive aquí y trabaja en la capital o en Martorell, así que el tren forma parte del paisaje cotidiano.
La iglesia parroquial, levantada a finales del siglo XIX con ayuda de los vecinos, sigue siendo uno de los puntos reconocibles del núcleo antiguo. No es un edificio monumental, pero cumple ese papel de referencia que tienen muchas iglesias de pueblo: quedas “al lado de la iglesia” y todo el mundo sabe dónde ir.
Viñedos, cava y fábricas
Si Sant Esteve fuera un menú del día, sería de esos que mezclan cocina casera con plato contundente. Aquí conviven la industria potente con la tradición agrícola del Penedès.
Parte del término municipal lo ocupa una enorme planta automovilística que da trabajo a miles de personas en la zona. A pocos kilómetros, sin embargo, siguen apareciendo viñedos y antiguas masías ligadas al vino y al cava. Esa mezcla es muy típica de esta franja entre el Baix Llobregat y el Penedès: campo e industria compartiendo espacio.
Y luego está la anécdota que siempre sale en las conversaciones: durante años aquí se fabricó uno de los caramelos con palo más famosos del mundo. De esos que todos hemos tenido en la boca alguna vez. No deja de tener gracia pensar que algo tan global saliera de un pueblo relativamente pequeño.
En cuanto a comida, manda lo que manda en buena parte de Cataluña interior: mongetes del ganxet con butifarra, cocas saladas con verduras asadas y platos sencillos de cocina de mercado. Nada sofisticado, pero muy de aquí.
Fiestas que siguen marcando el calendario
El calendario local gira alrededor de la Festa Major de invierno, ligada al día de Sant Esteve. Es una de esas celebraciones que todavía arrastran a mucha gente del pueblo, incluso a quienes ya viven fuera.
Durante el año también suele haber ferias relacionadas con el vino y el cava, bastante lógicas si miras alrededor y ves viñas por todas partes. Y en invierno se recuperó hace tiempo la tradición de los Tres Tombs, con caballos y carruajes desfilando por el municipio. Si pillas el día, el ambiente recuerda a esas fiestas de antes en las que el pueblo entero salía a la calle.
Paseos entre masías
Aquí es donde Sant Esteve se guarda un as en la manga. Alrededor del núcleo urbano quedan bastantes masías históricas, algunas rehabilitadas y otras todavía ligadas a explotaciones agrícolas.
Hay rutas señalizadas que conectan varias de estas casas rurales antiguas. No es un trekking épico ni nada por el estilo, más bien un paseo largo entre caminos rurales, viñas y pinares bajos. Lo curioso es la sensación de cercanía con Barcelona: estás caminando entre campos y, sin embargo, la gran área metropolitana queda a poca distancia.
Una de las masías más conocidas de la zona hoy funciona como espacio cultural, ejemplo de cómo muchos edificios agrícolas han ido encontrando nuevos usos.
La verdad con la sartén por el mango
¿Compensa acercarse a Sant Esteve Sesrovires? Depende un poco de lo que busques.
Si te imaginas un pueblo medieval de piedra con callejones estrechos, este no es el sitio. Aquí la historia convive con urbanizaciones, industria y carreteras comarcales.
Ahora bien: si te interesa ver cómo es realmente esta parte de Cataluña, donde las viñas del Penedès se mezclan con la vida de los pueblos del Baix Llobregat, Sant Esteve tiene su punto. No necesitas mucho tiempo. Un paseo por el centro, una vuelta por las masías cercanas y mirar el paisaje de viñedos ya cuenta bastante bien la historia del lugar.