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sobre Sant Joan Despí
Ciudad con importante patrimonio modernista de Jujol y parques
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Sant Joan Despí aparece en la llanura del Baix Llobregat, a pocos kilómetros de Barcelona, en un territorio que durante siglos fue huerta y paso natural entre la ciudad y el interior. El tren de Rodalies sale de Barcelona hacia el sur y, antes de que el paisaje se vuelva plenamente metropolitano, hace aquí una parada que muchos pasan por alto. Aún quedan calles donde la escala baja, con casas antiguas entre bloques más recientes, y de pronto asoma la silueta extraña de la Torre de la Creu contra el cielo.
La arquitectura que se escapó de Gaudí
El nombre propio del municipio en términos de arquitectura es Josep Maria Jujol. Discípulo y colaborador de Gaudí, pero con una personalidad mucho más libre —y a menudo más modesta en medios—, acabó trabajando aquí con frecuencia a principios del siglo XX.
Can Negre, una masía documentada desde el siglo XVII, fue el encargo que lo vinculó al lugar. Entre 1915 y 1930 la transformó poco a poco: balcones ondulados, esgrafiados, hierro trabajado y una fachada que parece casi dibujada a mano. No es una obra monumental; más bien un experimento continuo sobre una casa campesina existente.
La Torre de la Creu, terminada en 1916, es probablemente el edificio más reconocible. Los vecinos suelen llamarla “la torre dels ous” por la forma del tejado, con volúmenes curvos que recuerdan a huevos colocados en una cesta. Su planta se organiza en círculos que se intersecan, algo poco habitual en la vivienda doméstica de la época. Cerca de allí, Jujol proyectó también dos casas gemelas, Vil·la Elena y Vil·la Josep, anteriores a la torre. Forman un pequeño conjunto que explica bien cómo el modernismo tardío llegó también a municipios agrícolas del entorno de Barcelona.
La iglesia en el origen del pueblo
La iglesia parroquial de Sant Joan Despí se levanta donde estuvo el núcleo medieval. El edificio tiene origen románico —siglo XI, según suele indicarse en la documentación local— aunque ha pasado por reformas posteriores que modificaron buena parte de su aspecto.
El campanario mantiene la silueta más antigua. El resto responde a intervenciones de distintas épocas, algunas motivadas por los daños que sufrió el edificio durante el siglo XX. No es un templo monumental, pero ayuda a entender cómo se organizaba el pueblo antes de la expansión metropolitana: iglesia, algunas casas alrededor y, más allá, campos que bajaban hacia el Llobregat.
El río que rara vez aparece en las postales
El Llobregat pasa junto a Sant Joan Despí sin formar parte del paisaje urbano más visible. Durante mucho tiempo fue un río asociado al riego y a la industria del valle. Hoy sus márgenes se han ido recuperando como corredor verde.
Hay caminos para caminar o ir en bicicleta que conectan con otros municipios del Baix Llobregat. No es un paseo pensado para la fotografía: se cruzan ciclistas, gente que sale a correr y familias que bajan a pasar la tarde. Aun así, ayuda a entender la geografía del lugar y el papel del río en la transformación de toda esta comarca.
Cómo moverse por Sant Joan Despí
Sant Joan Despí está conectado con Barcelona por Rodalies y por la red de tranvía metropolitano. Desde la estación, el centro histórico queda a unos diez minutos caminando.
El recorrido básico se hace en poco tiempo: plaza de la Vila, la iglesia parroquial y, siguiendo las indicaciones cerámicas repartidas por algunas calles, las obras de Jujol. Si interesa la arquitectura, conviene fijarse también en detalles menores —rejas, esgrafiados, portales— que quedaron dispersos por el municipio en aquellas décadas.
Más allá de eso, Sant Joan Despí funciona sobre todo como un lugar vivido: comercios de barrio, plazas utilizadas por los vecinos y un ritmo cotidiano que tiene poco que ver con el de la Barcelona turística. Quizá por eso la visita resulta más clara cuando se recorre sin prisa, como quien atraviesa un pueblo que sigue siendo, en buena medida, un pueblo dentro del área metropolitana.