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sobre Santa Coloma de Cervelló
Famosa por la Cripta Gaudí en la Colonia Güell patrimonio de la humanidad
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A las siete de la mañana, cuando todavía no pasa casi nadie por la carretera que sube hacia Montpedrós, el sonido de las campanas se queda flotando sobre los tejados. Desde la parte alta se ve el Llobregat girar despacio entre campos de cerezos todavía en sombra. Así empieza muchas veces el turismo en Santa Coloma de Cervelló: con el pueblo medio dormido, olor a tierra húmeda y a café recién hecho, y las casas de la Colònia Güell aún con las persianas de madera cerradas.
El ritmo de un día en la Colònia Güell
Entrar en la Colònia Güell tiene algo de escena detenida. Las casas obreras de ladrillo visto siguen alineadas como cuando se levantó la colonia industrial, aunque ahora hay macetas en los balcones, bicicletas apoyadas en las paredes y alguna antena en los tejados.
Las calles acaban conduciendo, casi sin darte cuenta, hasta la cripta de Gaudí. El edificio quedó inacabado, pero no transmite sensación de obra a medias. Las columnas inclinadas recuerdan a troncos que se abren en ramas y sostienen una nave baja donde la luz entra tamizada por vitrales irregulares. A media mañana, cuando el sol cae desde un lado, las sombras se mueven lentamente por el techo de ladrillo.
Dentro suele haber silencio, del tipo que obliga a bajar la voz. La iglesia no es grande y tampoco hace falta que lo sea. Basta sentarse un momento en uno de los bancos de madera y mirar cómo las columnas se bifurcan como si fueran raíces que han decidido crecer hacia arriba.
Subir hacia Montpedrós
Desde la colonia sale un camino que empieza a ganar altura entre pinos y encinas. La subida hacia el poblado ibérico de Montpedrós se hace sin prisa; caminando tranquilo puede llevar cerca de tres cuartos de hora.
En verano el aire huele fuerte a resina caliente. En primavera, los cerezos del valle empiezan a florecer y desde algunos claros del sendero el paisaje aparece salpicado de blanco y rosado.
Arriba quedan los restos del antiguo asentamiento: muros bajos de piedra y poco más que la huella de las casas. El interés está sobre todo en lo que se ve alrededor. El Llobregat se abre como una franja gris que divide el valle. A un lado continúan los campos de cultivo donde crecen las cerezas por las que se conoce esta zona del Baix Llobregat. Al otro, urbanizaciones que han ido ocupando las laderas con los años.
En días claros, mirando hacia el este, a veces se distingue la silueta de Montjuïc y una línea de mar muy fina en el horizonte.
Cuando llegan las cerezas
A finales de mayo el pueblo suele celebrar la Festa de la Cirera. No tiene mucho de feria grande: más bien es Santa Coloma sacando mesas a la calle y llenándolas de cajas de fruta recién recogida.
Las cerezas aparecen por todas partes. En cestas, en bolsas de papel, en manos de niños que ya llevan los dedos teñidos de oscuro. La gente se para a charlar en medio de la calle, alguien pone música en una plaza y las conversaciones se alargan hasta bien entrada la tarde.
No todo está pensado para quien viene de fuera. Se nota que la fiesta sigue siendo, sobre todo, del propio pueblo.
Caminar el pueblo sin prisa
Santa Coloma de Cervelló funciona mejor cuando se recorre despacio. Un paseo por el casco urbano y la colonia basta para entender el lugar: calles cortas, fachadas de ladrillo, patios donde todavía se ven parras o pequeños huertos.
A veces, cerca de las zonas de cultivo, aparecen puestos improvisados donde vecinos venden cerezas de la cosecha del día. No siempre están, pero cuando coincides con uno es fácil reconocer la fruta recién recogida: la piel casi negra y el rabito aún verde.
Si vienes en coche, suele ser más cómodo aparcar en las zonas cercanas a los equipamientos deportivos o en las calles exteriores y entrar caminando.
Cuándo venir y qué tener en cuenta
Finales de primavera coincide con la temporada de cerezas y con más movimiento en el pueblo. También es cuando el valle se ve más verde.
El otoño tiene otro ritmo: campos más dorados, tardes más silenciosas y olor a leña en algunos barrios cuando empieza a refrescar.
En pleno verano, sobre todo en domingos y festivos, la zona de la cripta y la colonia puede concentrar bastante gente. Si buscas tranquilidad, funciona mejor venir un día laborable o a primera hora de la mañana, cuando las calles todavía están medio vacías y el eco de las campanas vuelve a subir por la ladera de Montpedrós.