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sobre Masllorenç
Pequeño pueblo limítrofe con el Alt Camp conocido por su tranquilidad y producción de muebles
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La primera vez que pasé por Masllorenc fue de esas veces en que reduces la velocidad casi sin darte cuenta. Vas entre viñas, alguna masía suelta, y de pronto aparece el pueblo. Pequeño, sin alardes. El tipo de sitio que no parece estar esperando a nadie. Y quizá por eso el turismo en Masllorenc tiene ese aire tranquilo, casi accidental.
Con algo más de quinientos habitantes y unos 300 metros de altitud, el municipio vive pegado a la tierra. Viñas, olivos, cereal. No como decoración, sino como trabajo diario. Aquí el paisaje no está pensado para la foto; es simplemente el resultado de generaciones cultivando lo mismo.
El caserío queda rodeado de parcelas abiertas. El color cambia bastante según el mes. En verano domina el amarillo seco de los campos. En primavera todo se vuelve verde y el contraste se nota más. Desde las calles más altas, cuando el cielo está limpio, se alcanzan a ver las montañas de Prades hacia el oeste. A veces también se adivina una franja de mar al sureste. Tarragona o El Vendrell quedan cerca, así que llegar hasta aquí suele ser cuestión de desviarse un rato de la carretera principal.
Caminar por el pueblo es asomarse a una Cataluña interior bastante reconocible. Portales de piedra gastada, alguna conversación que se alarga en la plaza al caer la tarde y caminos que salen entre viñas casi desde la última casa. No hay demasiada puesta en escena. Simplemente es así.
Qué ver en el núcleo de Masllorenc
El centro gira alrededor de la iglesia parroquial de Sant Jaume. Tiene origen medieval, aunque ha pasado por varias reformas. El campanario se ve desde casi cualquier punto del pueblo y sirve como referencia cuando vas dando vueltas por las calles.
Dentro no esperes grandes tesoros artísticos. Es una iglesia rural, sobria, con algunos elementos de arte sacro que recuerdan la antigüedad del lugar. Interesa más entender cómo encaja en la vida del pueblo que buscar detalles espectaculares.
El casco antiguo se recorre rápido. En menos de una hora ya te has hecho una buena idea del conjunto. Aun así conviene mirar los portales y las fachadas con calma. Algunas casas señoriales conservan dovelas bien trabajadas o escudos antiguos. Pequeñas pistas de épocas en las que el pueblo tuvo algo más de movimiento económico.
Caminos entre viñas y masías
Al salir del núcleo empiezan los caminos agrícolas. Son pistas sencillas que cruzan campos de cultivo, pequeños pinares y algún encinar disperso. Nada dramático ni salvaje. Más bien un paisaje trabajado, muy típico del Baix Penedès.
Uno de los paseos habituales lleva hasta el santuario de Sant Ramon, situado en un alto cercano. La subida no es larga y desde arriba se abre bastante el horizonte. Se distingue bien el mosaico de viñas y pueblos de la comarca.
Es una caminata corta. Algo de media mañana si te lo tomas con tranquilidad y te paras a mirar el paisaje.
Un pueblo pequeño en una comarca de vino
Toda esta zona vive muy vinculada al vino del Penedès. Los viñedos forman parte del paisaje casi continuo, aunque no todas las explotaciones reciben visitas. Aun así, recorrer las carreteras secundarias ayuda a entender la dimensión agrícola de la comarca.
Esas mismas carreteras, por cierto, las usan muchos ciclistas. Tráfico escaso, pendientes suaves y pueblos relativamente cerca unos de otros. En una mañana puedes enlazar varios sin demasiada complicación.
La comida que suele aparecer por la zona sigue la misma lógica que el paisaje: cocina sencilla y contundente. Guisos, embutidos, verduras de temporada. Si buscas pescado de costa, lo normal es acercarse unos kilómetros hacia el litoral.
Cuánto tiempo dedicarle
Masllorenc se ve rápido. Una vuelta por el casco antiguo, la iglesia, un paseo corto por los caminos cercanos… y ya te haces una idea clara del lugar.
Si tienes algo más de tiempo, subir hasta el santuario o perderte un rato entre viñas cambia la perspectiva. El pueblo queda abajo, pequeño, rodeado de campos. Y entiendes mejor cómo funciona este rincón del Baix Penedès, lejos de las rutas más transitadas.