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sobre Masllorenç
Pequeño pueblo limítrofe con el Alt Camp conocido por su tranquilidad y producción de muebles
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Enclavado en las suaves colinas del Baix Penedès, Masllorenç es uno de esos tesoros catalanes que pasan desapercibidos para el turismo de masas, pero que cautivan a quienes buscan la esencia del mundo rural mediterráneo. Con apenas 518 habitantes y situado a 304 metros de altitud, este pequeño municipio tarraconense conserva intacto el ritmo pausado de los pueblos de interior, donde el tiempo parece medirse por las estaciones de la viña y el olivo.
El caserío se extiende entre campos de cereal y viñedos, configurando un paisaje de colores cambiantes según la época del año. Dorados en verano, verdes en primavera, ocres en otoño. Desde sus calles estrechas se divisan las montañas de Prades al noroeste, mientras que al sureste, en los días claros, puede intuirse la presencia del Mediterráneo. Es precisamente esta posición intermedia, entre costa y montaña, la que ha marcado el carácter de Masllorenç: un pueblo agrícola arraigado a su tierra, pero con la mirada abierta al mundo.
Visitar Masllorenç supone adentrarse en la Cataluña profunda, la de los portales de piedra, las conversaciones en las plazas al atardecer y los paseos sin prisa entre viñas centenarias. Un destino perfecto para desconectar sin renunciar a la comodidad de estar a menos de veinte minutos de El Vendrell y a poco más de media hora de Tarragona.
Qué ver en Masllorenç
El centro neurálgico del pueblo es la iglesia parroquial de Sant Jaume, un templo de origen medieval que ha experimentado diversas reformas a lo largo de los siglos. Su sobria fachada y su campanario presiden la plaza principal, convirtiéndose en el punto de referencia inevitable para cualquier visitante. El interior conserva elementos de interés para los amantes del arte sacro rural catalán.
Paseando por las calles del núcleo antiguo, merece la pena detenerse ante las casas señoriales que atestiguan el pasado de familias acomodadas vinculadas a la agricultura. Algunas conservan escudos nobiliarios en sus fachadas de piedra, y los portales con dovelas bien trabajadas hablan de un tiempo en que Masllorenç era más próspero demográficamente.
El entorno natural de Masllorenç invita a caminar. Los campos de cultivo se alternan con pequeños bosques de pinos y encinas, creando un mosaico mediterráneo de gran belleza. Varios caminos rurales parten del pueblo hacia masías dispersas y permiten contemplar el paisaje agrícola tradicional del Penedès, donde la vid sigue siendo protagonista absoluta.
A pocos kilómetros se encuentra el Santuario de Sant Ramon, un punto de peregrinación local situado en un paraje elevado que ofrece excelentes vistas panorámicas de la comarca. El entorno de este ermitorio es ideal para una excursión matinal y un picnic campestre.
Qué hacer
La principal actividad en Masllorenç es, sin duda, descubrir el mundo del vino. Esta es tierra de Denominación de Origen Penedès, y aunque el pueblo sea pequeño, el paisaje vitícola es omnipresente. Los paseos entre viñedos permiten comprender el ciclo de la vid y disfrutar de la tranquilidad rural. Si bien no existen grandes bodegas turísticas en el propio municipio, los vecinos pueden orientar sobre pequeñas producciones locales y cooperativas cercanas.
El senderismo suave es otra de las bazas de Masllorenç. Las rutas por los caminos rurales que comunican el pueblo con masías vecinas son aptas para toda la familia y permiten observar la arquitectura rural tradicional, con sus construcciones de piedra seca y tejados de teja árabe. El Camí del Mas de la Segarra o los senderos hacia la vecina Bisbal del Penedès son opciones recomendables.
Para los amantes de la gastronomía, Masllorenç ofrece la autenticidad de la cocina penedense: calçots en temporada, guisos de caza, embutidos artesanales y, por supuesto, los productos de la huerta regados con los vinos locales. La proximidad a la costa permite también el acceso a pescado fresco en las poblaciones cercanas.
En bicicleta, las carreteras secundarias de la zona son un placer para cicloturistas, con desniveles suaves y tráfico escaso. Las rutas circulares que combinan varios pueblos del Baix Penedès son especialmente populares entre los aficionados al ciclismo de carretera.
Fiestas y tradiciones
La Festa Major de Masllorenç se celebra a finales de julio, en torno a la festividad de Sant Jaume, patrón del pueblo. Durante estos días, el municipio se llena de actividad con verbenas, comidas populares y actos religiosos que congregan tanto a vecinos como a antiguos residentes que regresan para la ocasión.
En invierno, como en muchos pueblos catalanes, se celebran los Tres Tombs, una bendición de animales que mantiene viva la tradición agrícola y ganadera de la zona. Aunque con menos animales que antaño, la fiesta conserva su esencia y se completa con degustaciones de productos locales.
Las tradiciones culinarias marcan también el calendario: en enero y febrero, la temporada de calçots reúne a familias y visitantes en torno a las brasas, mientras que en otoño, las matanzas del cerdo tradicional son acontecimientos que algunas familias aún mantienen y comparten con amigos.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Tarragona, se accede a Masllorenç por la N-340 en dirección a Barcelona y luego por carreteras comarcales, con un trayecto de aproximadamente 35 minutos. Desde El Vendrell, la capital comarcal, apenas se tarda 15 minutos. Barcelona queda a poco más de una hora por autopista.
Mejor época: La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son ideales para disfrutar de los paisajes y las temperaturas agradables. El verano permite vivir las fiestas mayores, aunque puede ser caluroso para caminar. El invierno es perfecto para los amantes de la tranquilidad absoluta.
Consejos: Masllorenç es un pueblo pequeño sin grandes infraestructuras turísticas, por lo que conviene planificar el alojamiento en poblaciones cercanas como El Vendrell o Vilafranca del Penedès. Llevar calzado cómodo para caminar y consultar previamente los horarios de visita a ermitas o puntos de interés. La gastronomía local se disfruta mejor reservando con antelación en establecimientos de la zona.