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sobre La Vall De Boi
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Enclavada en el corazón de los Pirineos de Lleida, a 1.111 metros de altitud, La Vall de Boí es uno de esos rincones privilegiados donde el patrimonio románico y la naturaleza de alta montaña se dan la mano de forma excepcional. Este valle pirenaico, hogar de apenas 1.076 habitantes, custodia uno de los conjuntos arquitectónicos medievales más importantes de Europa, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000.
Conformada por nueve pueblos dispersos a lo largo del valle —Barruera, Boí, Taüll, Durro, Erill la Vall, Cardet, Coll, Saraís y Sarais—, esta comarca de la Alta Ribagorça ha sabido preservar su esencia tradicional sin renunciar a convertirse en un destino turístico de primer orden. Aquí, las torres esbeltas de iglesias centenarias perforan el cielo azul mientras las cumbres nevadas del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici abrazan el horizonte.
Visitar La Vall de Boí es emprender un viaje en el tiempo, donde cada piedra cuenta historias de maestros lombardos, de pastores que cruzaban puertos de montaña y de comunidades que construyeron templos extraordinarios en lugares remotos. Pero también es respirar aire puro, recorrer senderos entre bosques de abetos y descubrir por qué este valle ha cautivado durante siglos a viajeros, artistas y amantes de la montaña.
Qué ver en La Vall de Boí
El principal atractivo turístico de la zona es, sin duda, su conjunto de iglesias románicas del siglo XI y XII. Las nueve iglesias que conforman este patrimonio mundial representan la máxima expresión del románico catalán. Entre ellas destacan Sant Climent de Taüll y Santa Maria de Taüll, ambas con impresionantes pinturas murales originales (aunque las que se ven in situ son reproducciones, ya que las originales se conservan en el Museu Nacional d'Art de Catalunya). El campanario de Sant Climent, con sus seis pisos de ventanas geminadas, es una de las imágenes más icónicas del románico europeo.
En Erill la Vall, la iglesia de Santa Eulàlia sorprende por su torre esbelta de planta cuadrada, mientras que en Boí, Sant Joan Bautista custodia también notables pinturas románicas. Cada templo tiene su personalidad, pero todos comparten esa sobriedad arquitectónica lombarda que los hace únicos. Es recomendable adquirir la entrada conjunta que permite visitar el interior de varios de estos monumentos con audioguías explicativas.
Más allá del románico, el valle es puerta de entrada al Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, uno de los espacios naturales protegidos más espectaculares de los Pirineos. Desde el pueblo de Boí parten los accesos hacia la zona occidental del parque, con lagos de alta montaña, bosques de pino negro y cumbres que superan los 3.000 metros de altitud.
Qué hacer
Las posibilidades de senderismo son prácticamente infinitas. Desde rutas sencillas para familias hasta ascensiones exigentes para montañeros experimentados. La ruta desde la presa de Cavallers hasta el Estany de Sant Maurici es una de las más populares, atravesando paisajes de postal con lagos glaciares y cascadas. En invierno, el valle acoge a esquiadores en la estación de Boí-Taüll, situada entre 2.020 y 2.751 metros de altitud, con más de 45 kilómetros de pistas.
Para quienes buscan relajación tras las jornadas de montaña, los Banys de Boí ofrecen aguas termales naturales. Estas instalaciones balnearias aprovechan las propiedades de manantiales que brotan a temperaturas superiores a los 50 grados, ideales para desconectar con vistas a las montañas.
La gastronomía local merece una atención especial. Productos de montaña como las carnes de caza, las setas de temporada, los embutidos artesanales y los quesos de pastor forman parte de una tradición culinaria que se puede degustar en varios establecimientos del valle. No hay que perderse las especialidades como la olla aranesa o los platos de caza menor.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo del valle gira en torno a las tradiciones ancestrales. A mediados de junio se celebran las Fallas, una festividad declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, donde los habitantes bajan hachas encendidas desde la montaña en una ceremonia nocturna espectacular que marca el solsticio de verano.
A principios de septiembre, cada pueblo celebra su fiesta mayor, con bailes tradicionales, sardanas y verbenas populares. En agosto, las romerías a ermitas de montaña reúnen a vecinos y visitantes en jornadas de convivencia.
Durante el invierno, los actos navideños incluyen representaciones de pesebres vivientes en algunos de los pueblos, aprovechando el marco incomparable de las iglesias románicas iluminadas.
Información práctica
Desde Lleida capital (a unos 140 kilómetros), se accede por la N-230 dirección Vielha, desviándose en El Pont de Suert por la L-500 hacia Caldes de Boí. El trayecto dura aproximadamente dos horas. Desde Barcelona son unos 300 kilómetros (unas 3 horas y media de viaje).
La mejor época para visitar el valle depende de tus intereses. Para disfrutar del senderismo y el verde intenso de los prados, junio a septiembre es ideal. Para esquiar, de diciembre a abril. Y si buscas los colores otoñales y menos afluencia, octubre ofrece paisajes espectaculares.
Es recomendable llevar ropa de abrigo incluso en verano, ya que la altitud hace que las temperaturas desciendan considerablemente por la noche. El calzado de montaña es imprescindible si planeas hacer excursiones. Reserva alojamiento con antelación en temporada alta y festivos, ya que la capacidad hotelera es limitada.