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sobre Bagà
Villa medieval histórica situada a las puertas del Parque Natural del Cadí-Moixeró
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Bagà es como ese primo que solo ves en Navidad y de repente suelta historias que no esperabas. Llegas pensando que vas a ver otro pueblo medieval del Pirineo y, rascando un poco, aparecen caballeros capturados, herejes huyendo de Francia y una fiesta con antorchas bajando de la montaña la noche de Nochebuena. Con poco más de dos mil habitantes y a los pies del Cadí, fue durante siglos uno de los centros importantes del Berguedà, aunque hoy pase bastante desapercibido para quien cruza la comarca deprisa.
La leyenda de las cien doncellas
La historia más repetida en Bagà suena a romance medieval. Galceran de Pinós, señor del lugar, cae prisionero en una campaña militar y el rescate exigido son cien doncellas del pueblo. Cuando el asunto estaba a punto de cumplirse, la tradición cuenta que San Esteban intervino y evitó el pago.
A partir de ahí nace una especie de privilegio simbólico: las mujeres de Bagà quedaban libres de ciertas servidumbres. Es una historia que aquí se ha contado durante generaciones y que todavía aparece representada en la iglesia de Sant Esteve, donde el retablo barroco recuerda al santo. No sabes cuánto hay de historia y cuánto de relato popular, pero en el pueblo la cuentan como algo propio.
Un casco antiguo que aún se reconoce medieval
Bagà mantiene bastante bien el trazado del pueblo antiguo. No es un decorado ni una reconstrucción reciente: simplemente muchas cosas se han quedado donde estaban.
La plaza porticada —la Plaça Porxada— sigue siendo el centro. Las arcadas ayudan cuando el sol cae fuerte en verano o cuando en invierno el aire baja frío de la montaña. Desde ahí salen callejuelas que suben y bajan sin demasiado orden.
De la antigua muralla apenas quedan restos, pero todavía se conserva la Torre de la Portella, que formaba parte del sistema defensivo. Y el Palau de Pinós, levantado en la Edad Media, recuerda quién mandaba aquí cuando Bagà tenía bastante más peso en la zona.
También hay un pequeño espacio dedicado al catarismo que explica algo curioso: parte de los cátaros que escapaban de las persecuciones en el sur de Francia cruzaron los Pirineos y encontraron refugio en estas montañas. El famoso Camí dels Bons Homes que pasa por aquí sigue ese mismo rastro histórico.
Fuego en Navidad y arroz en invierno
Si hay dos momentos del año en los que Bagà cambia de ritmo son estos.
El primero llega en Nochebuena con la Fia-Faia. Antes de que oscurezca se encienden antorchas hechas con una hierba de montaña y la gente baja con ellas hacia el pueblo. La escena tiene algo primitivo: fuego, humo y el olor a resina quemada que se queda pegado en la ropa.
La otra cita conocida en la comarca es la Festa de l’Arròs, que suele celebrarse en febrero. En la plaza se cocina una gran paella colectiva que se reparte entre vecinos y visitantes. Es una de esas fiestas de pueblo donde lo importante no es el espectáculo sino el ambiente.
Paseos fáciles y montaña alrededor
Bagà también funciona bien como punto de partida para caminar un poco. No hace falta meterse en rutas largas para salir del casco urbano y estar rodeado de bosque.
Uno de los paseos más conocidos es el que sigue el trazado de la antigua vía del Nicolau. Es bastante cómodo y atraviesa zonas de bosque con algún mirador hacia el valle. Mucha gente lo hace en un tramo corto desde el propio pueblo.
Otro paseo habitual lleva hasta Sant Joan de l’Avellanet, una pequeña iglesia románica a las afueras. No es una excursión larga y sirve para entender cómo eran estas construcciones rurales que salpican el Berguedà.
Y para quien venga con más ganas de caminar, Bagà es uno de los puntos por donde pasa el Camí dels Bons Homes, la ruta de largo recorrido que conecta esta zona con el castillo de Montségur, ya en Francia.
¿Merece la pena parar en Bagà?
Bagà no es el típico pueblo que te venden como postal perfecta. Tiene partes muy bonitas y otras más normales, de pueblo que sigue viviendo todo el año.
Pero hay algo que funciona: la plaza medieval, las historias que arrastra y el paisaje del Cadí muy cerca. Además, se recorre sin prisas en un rato. En una mañana puedes pasear por el casco antiguo, salir a caminar un poco y sentarte luego en la plaza a ver pasar la vida.
A dos horas largas de Barcelona, no está mal como parada tranquila para entender un poco mejor el Berguedà. Y de paso llevarte la historia de aquellas cien doncellas que, según la tradición, nunca llegaron a marcharse.