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sobre Saldes
Pueblo emblemático a los pies del Pedraforca meca del excursionismo
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A primera hora, cuando el sol empieza a entrar entre los pinos del Berguedà y todavía hay humedad en la tierra, el turismo en Saldes tiene algo de pausa obligada. El suelo del sendero cruje bajo las botas y, entre los troncos, aparece de golpe la silueta doble del Pedraforca. Desde ciertos claros se ve entero: las dos cumbres y la gran pedrera gris que cae hacia el valle. En los días nublados la montaña se vuelve más oscura, casi mate, y la niebla se enreda en los bosques como si no tuviera prisa por irse.
Saldes ronda los 300 habitantes y vive pegado a esa montaña. Las casas, muchas de piedra oscura, se agrupan sin grandes gestos alrededor de la iglesia de Santa Maria. El origen es románico, aunque el edificio se ha ido tocando con los siglos. El campanario, sencillo, asoma entre tejados y suele marcar el único sonido claro en las horas tranquilas del mediodía.
Llegar hasta aquí ya prepara el ambiente. La carretera sube con calma entre pinos y prados abiertos donde a menudo se ven ovejas. Cada curva cambia la perspectiva del Pedraforca: a veces aparece lejano y limpio; otras, enorme y muy cerca. Conviene conducir sin prisa. Además, los fines de semana de buen tiempo la zona recibe bastante gente que viene a caminar.
Miradores y lugares para observar
El Pedraforca domina todo el término. Sus dos picos —separados por el collado central— cambian mucho según la hora del día. Al amanecer la roca suele verse más clara, casi plateada; por la tarde, las sombras marcan mejor las grietas y la gran tartera que baja por la vertiente.
Uno de los lugares habituales para mirar la montaña con distancia es el entorno del santuario de Gresolet, en un collado a más de mil metros de altura. Desde allí el valle se abre y el macizo queda frente a ti, sin obstáculos. Si vas en otoño, el contraste entre el gris de la roca y los amarillos del hayedo de Gresolet es bastante llamativo.
Dentro del pueblo el paseo es corto pero tiene detalles: portales con fechas grabadas, algún escudo antiguo en las fachadas y balcones de madera que miran hacia el valle. No hay grandes plazas ni edificios monumentales; es más bien un núcleo pequeño, recogido, donde todo queda a pocos minutos andando.
Caminos para explorar
El entorno de Saldes está lleno de senderos que se meten en el bosque o rodean las faldas del Pedraforca. No hace falta subir a la cima para entender el paisaje. Hay rutas que pasan por prados altos y otras que se adentran en pinares espesos donde apenas entra el sol a mediodía.
La ascensión al Pedraforca es otra historia. La subida por la pedrera exige experiencia en montaña y buen calzado; además, en días muy concurridos la tartera se vuelve incómoda por la cantidad de gente. Si te planteas subir, lo habitual es empezar temprano.
Por el municipio también pasa el GR‑107, el llamado Camino de los Buenos Hombres. Sigue, en parte, las rutas que cruzaron los cátaros hacia el sur durante la Edad Media. Hoy es un itinerario de varios días que enlaza pueblos del Berguedà y el Ariège francés, y algunos tramos atraviesan los bosques que rodean Saldes.
En primavera los prados se llenan de flores pequeñas y el verde es muy intenso. En otoño el bosque cambia de color y también llegan los buscadores de setas. En esos meses conviene madrugar si quieres caminar con algo de silencio.
Tradiciones en movimiento
La fiesta mayor dedicada a Santa Maria suele celebrarse hacia finales de agosto. Durante esos días el pueblo cambia el ritmo: música en la plaza, bailes tradicionales y familias que regresan para pasar unos días aquí. No es una celebración grande, pero sí muy de vecinos.
Fuera de esas fechas, Saldes vuelve rápido a su tono habitual. El viento en los pinos, algún coche que atraviesa el pueblo camino de la montaña y, al fondo, el Pedraforca vigilando el valle. Aquí todo acaba girando alrededor de esa silueta. Y cuando cae la tarde y la luz se vuelve más baja, la roca adquiere un color anaranjado que dura apenas unos minutos antes de apagarse. Conviene quedarse un rato más y verlo.