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sobre Campelles
Pequeño núcleo de alta montaña con vistas espectaculares; ambiente tranquilo y tradicional
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A las once de la mañana, si paseas por las calles de piedra de Campelles, el aire todavía guarda una frescura que invita a ir despacio. La luz cae entre pinos y abetos y deja sombras largas sobre las fachadas de piedra rugosa y los tejados oscuros. Desde un banco en la pequeña plaza, cuando el día está limpio, se adivinan las cumbres del Puigmal y del Bastiments recortadas al fondo.
Campelles ronda el centenar y medio de habitantes y se agarra a una ladera del valle del Rigard, en la parte alta del Ripollès. El turismo en Campelles tiene mucho que ver con esa posición elevada: el pueblo mira constantemente a las montañas que lo rodean. No hay tráfico ni escaparates; lo que domina es el sonido del viento moviendo las copas de los árboles o algún perro que ladra en la distancia.
El pueblo en la ladera
La iglesia de Sant Martí ocupa uno de los puntos centrales del núcleo. Su origen es románico, aunque el edificio se ha ido modificando con el tiempo. Los muros gruesos y las ventanas pequeñas recuerdan que aquí los inviernos son largos y fríos.
Las calles son pocas y cortas. En algunos tramos la pendiente obliga a caminar despacio, sobre todo si el suelo está húmedo. Conviene venir con calzado cómodo: el pavimento de piedra puede resbalar después de una noche de lluvia o de helada.
Desde varios rincones del pueblo se abre la vista hacia el valle. A primera hora de la mañana es habitual que la niebla se quede atrapada abajo, mientras Campelles queda por encima, con el sol ya tocando las fachadas.
Caminos hacia Núria y Queralbs
Del propio núcleo salen senderos que conectan con caminos más largos hacia Queralbs o hacia el valle de Núria. No son rutas técnicas, pero sí de montaña, con tramos de bosque y pendientes constantes. Calcula varias horas si quieres llegar caminando hasta la zona del santuario.
Quien prefiera evitar la subida completa suele acercarse primero a Ribes de Freser, donde parte el tren cremallera que asciende al valle de Núria. Es una opción habitual cuando el tiempo cambia rápido o cuando la nieve complica los senderos.
Bosque y vida de montaña
Alrededor de Campelles aparecen bosques mixtos de pino, haya y otros árboles propios de estas cotas. En otoño el suelo se cubre de hojas húmedas y el olor a tierra se vuelve más intenso, sobre todo después de la lluvia.
No es raro encontrar rastros de fauna: huellas en el barro, ramas removidas o algún movimiento rápido entre los árboles. En la zona viven jabalíes, corzos y aves rapaces que aprovechan las corrientes de aire que suben desde el valle.
Entre los claros del bosque todavía se distinguen restos de antiguas construcciones de piedra seca vinculadas al pastoreo. Durante siglos estas montañas se usaron como pastos de verano, y esa relación con el ganado aún forma parte del paisaje.
Setas, huertos y cocina de montaña
Cuando llegan las primeras lluvias de otoño, muchos caminos se llenan de gente con cesta. Los bosques cercanos suelen dar níscalos, senderuelas y otras especies, aunque conviene conocer bien lo que se recoge. En esta zona la afición a las setas está muy arraigada.
La cocina local se basa en productos de montaña: embutidos curados, quesos elaborados en pequeñas explotaciones y verduras de huertos cercanos. Son platos pensados para el frío, contundentes, de los que se comen despacio.
Cuándo venir
El ambiente cambia bastante según la estación. En verano hay más movimiento, sobre todo los fines de semana. Si buscas caminar con calma, los días entre semana o los meses de finales de primavera y principios de otoño suelen ser más tranquilos.
En invierno la nieve aparece con frecuencia. A veces se acumula en los caminos que salen del pueblo, y las rutas largas requieren más preparación. Cuando el cielo está despejado, eso sí, el silencio de las mañanas frías y el crujido de la nieve bajo las botas hacen que todo el valle suene distinto.
Campelles no tiene grandes monumentos ni calles interminables que recorrer. Lo que hay es una posición privilegiada sobre el valle y una red de caminos que empiezan casi en la puerta de las casas. Aquí la montaña no queda lejos: empieza en cuanto termina el último muro de piedra.