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sobre Castellar del Vallès
Municipio rodeado de naturaleza a las puertas del parque natural de Sant Llorenç del Munt
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Te voy a contar una cosa: Castellar del Vallès es como ese compañero de trabajo que parece bastante normal… hasta que un día vas a su casa y descubres que colecciona vinilos de los 70 y guarda botellas raras en la despensa. Desde fuera parece otro municipio más del Vallès. Pero cuando rascas un poco, empiezan a salir capas de historia y de vida local que no esperabas.
Un pueblo del Vallès que no terminó de convertirse en ciudad dormitorio
Está a unos minutos de Sabadell y de Terrassa. Lo bastante cerca como para que mucha gente trabaje allí, pero lo suficiente separado como para que Castellar siga teniendo vida propia. Con algo más de 25.000 habitantes, está en ese tamaño curioso donde todavía es normal cruzarte con alguien conocido en el supermercado.
El centro tiene ese efecto de cambio rápido: vienes por la carretera entre rotondas y polígonos y, de repente, apareces en una plaza tranquila con edificios de piedra y el ayuntamiento dominando el espacio. No es un casco antiguo enorme ni monumental, pero tiene ese aire de lugar vivido, no de decorado.
Aquí todavía se nota que la plaza es punto de encuentro. Gente que pasa, vecinos que charlan un rato, bicicletas apoyadas en cualquier esquina.
Castellar Vell: tres kilómetros y más de mil años de historia
Si hay un lugar que explica bien el pasado del municipio es Castellar Vell, en las colinas que quedan al norte del pueblo.
La caminata es corta, unos tres kilómetros según por dónde subas, y sirve para entender que antes de que existiera el Castellar actual la vida estaba un poco más arriba. Allí quedan restos de un antiguo asentamiento donde se han encontrado estructuras y una necrópolis medieval bastante grande.
Durante las excavaciones que se hicieron hace unas décadas aparecieron centenares de tumbas. La cifra suele rondar las doscientas y pico. Dicho así impresiona un poco: bajo ese terreno tranquilo hubo una comunidad entera viviendo y enterrando a sus muertos hace más de mil años.
No esperes un parque arqueológico lleno de recreaciones. Lo que hay son restos, paneles explicativos y paisaje. Pero precisamente por eso funciona: vas caminando entre pinos, ves las piedras y te haces la película tú solo.
Lo que se come por aquí (sin complicarse mucho)
En esta parte del Vallès la cocina sigue siendo bastante directa. Platos que entiendes a la primera.
La coca de recapte aparece mucho: base de masa fina con escalivada —pimiento, berenjena, cebolla— y a veces algo de carne o embutido. Es sencilla, pero cuando está bien hecha tiene ese punto de humo de la verdura asada que engancha.
Luego están los clásicos catalanes que nunca fallan. Butifarra con mongetes, por ejemplo, que aquí sigue teniendo pinta de plato de domingo. Embutido a la brasa y judías blancas salteadas con ajo. No hay misterio, y quizá por eso funciona.
Y en otoño aparecen los panellets, esas bolitas de mazapán con piñones que en Cataluña van ligadas a Todos los Santos. Si pasas por aquí en esas fechas, es fácil verlos en cualquier pastelería del pueblo.
Caminar por los alrededores: masías, pinos y pistas de tierra
Una de las cosas que mejor le sientan a Castellar es todo lo que tiene alrededor. El municipio toca zonas de bosque y caminos rurales que en pocos minutos te sacan del ruido.
La ruta de las masías es de las más curiosas. Vas encontrando casas antiguas repartidas por el paisaje, algunas rehabilitadas, otras con pinta de llevar décadas ahí sin tocar demasiado. A veces parece que están abandonadas… hasta que ves ropa tendida o un coche aparcado y recuerdas que siguen siendo casas vivas.
También está el camino hacia la Font de Sant Mateu, una caminata bastante asequible. Suelen ser recorridos tranquilos, de esos que la gente hace un domingo por la mañana sin equiparse demasiado.
No son rutas espectaculares de montaña, pero tienen algo que engancha: bosque mediterráneo, silencio y la sensación de estar a pocos minutos de una ciudad sin que lo parezca.
Mi consejo si pasas por Castellar del Vallès
¿Merece la pena acercarse a Castellar del Vallès? Depende un poco de lo que busques.
Si esperas un pueblo medieval de postal, con callejones empedrados en cada esquina, aquí no vas a encontrar eso. Castellar es más bien un lugar donde se vive, no un escenario pensado para turistas.
Ahora bien: si te gusta ver cómo funciona un municipio del Vallès por dentro, con su mercado, sus plazas y los caminos que salen hacia el bosque, entonces sí tiene gracia.
Yo lo haría así: paseo por el centro, subir hasta Castellar Vell para ver el paisaje y volver sin prisa. En una mañana lo recorres sin problema.
No es de esos sitios que llenan autobuses. Y quizá ahí está parte de la gracia. Cuando dices que has estado en Castellar del Vallès, mucha gente te preguntará dónde cae exactamente. Eso ya te da una pista del tipo de lugar que es.