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sobre Fígols
Pequeño municipio de montaña conocido por sus yacimientos paleontológicos de dinosaurios
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Si vienes a hacer turismo en Fígols, lo primero es resolver el coche. Se suele aparcar cerca de la plaza del pueblo sin demasiada historia. No hay mucho movimiento y raramente verás muchos vehículos. Mejor llegar pronto; a partir del mediodía la gente que viene a caminar por la zona empieza a aparecer.
Fígols es muy pequeño. El censo ronda las pocas decenas de habitantes y eso se nota en cuanto bajas del coche.
Cómo es el pueblo
El núcleo se recorre rápido. Un puñado de calles cortas alrededor de la plaza y algunas casas algo más separadas. La mayoría son de piedra, con tejados oscuros y reformas hechas con lo que había a mano.
La iglesia de Sant Martí queda a pocos minutos andando. Es románica en origen, del siglo XII según suele indicarse, aunque ha pasado por varias reformas y no todo lo que ves es medieval. Aun así mantiene la estructura básica.
No hay monumentos llamativos ni un casco histórico grande. Es un pueblo de paso corto.
Caminar por los alrededores
Lo más interesante de Fígols está fuera del núcleo. El pueblo queda en una zona de transición entre montaña media y cotas más altas del Berguedà.
Hay bosques de pino y claros de pradera en las partes altas. Cuando el día está limpio se alcanzan vistas largas hacia el valle y, más al norte, hacia el perfil de los Pirineos.
Desde el propio pueblo sale el Camí Vell de la Gallina. Era una vía de conexión entre pueblos cercanos. Hoy se usa como sendero. Está marcado en algunos tramos; otros caminos del entorno son simples pistas o senderos sin mantenimiento claro.
No suele haber demasiada gente. Incluso en otoño, cuando el monte cambia de color, puedes caminar un buen rato sin cruzarte con nadie.
Caminos, fauna y montaña
Los senderos cruzan pequeñas fuentes y zonas que antiguamente se usaban para el ganado. El paisaje mezcla bosque cerrado con claros donde a veces aparecen aves comunes de montaña. Si te paras un rato se ven pinzones o colirrojos.
En invierno, cuando nieva en serio, la zona se usa como punto de salida para rutas con raquetas o esquís de montaña. Eso sí, aquí no hay servicios ni control de pistas. Cada uno entra al monte bajo su responsabilidad.
También es territorio de jabalí y corzo. Se ven rastros con facilidad, pero verlos depende de madrugar.
Comer, dormir y lo que no hay
La oferta es corta. Algún alojamiento rural sencillo y poco más. Para comer, lo habitual en pueblos así: algo rápido y casero si encuentras abierto.
No hay centros de actividades ni empresas instaladas en el propio pueblo. Quien viene suele hacerlo por su cuenta: senderismo, BTT por pistas forestales o simplemente caminar.
Las pistas para bici existen, pero tienen repechos largos y bastante piedra suelta. No es terreno suave.
Un lugar pequeño sin mucho ruido
En Fígols quedan rastros de la vida de antes: un lavadero, alguna fuente antigua, casas grandes que recuerdan cuando había más actividad en la zona.
Las fiestas locales siguen existiendo, aunque en formato muy pequeño y muy de vecinos. Suelen girar alrededor de Sant Martí y de la fiesta mayor de verano, pero conviene no venir esperando un programa grande.
Consejo simple: ven si ya estás por el Berguedà y te apetece caminar con calma. Para pasar el día entero en el pueblo, se queda corto. Aquí lo que manda es el monte.