Artículo completo
sobre Forallac
Municipio que agrupa joyas medievales como Peratallada; uno de los conjuntos mejor conservados
Ocultar artículo Leer artículo completo
A primera hora, cuando todavía queda humedad en los márgenes de los caminos, el aire del Baix Empordà huele a tierra removida y a hierba. En ese silencio suave de campo abierto empieza a entenderse el turismo en Forallac: no como un lugar concreto, sino como un puñado de pueblos de piedra separados por campos de cultivo y caminos tranquilos donde apenas pasan coches.
Aquí no hay un centro único. Forallac es un municipio formado por varios núcleos —Fonteta, Vulpellac, Peratallada y Canapost— que se reparten entre suaves ondulaciones del terreno. Entre uno y otro hay parcelas de cereal, masías dispersas y algún muro de piedra seca medio cubierto por musgo. Todo ocurre a escala pequeña.
Cuatro pueblos, cuatro ritmos
Peratallada suele llevarse la primera mirada. Sus calles empedradas, estrechas y algo irregulares, guardan la sombra durante buena parte del día. Si entras temprano, cuando las tiendas aún están cerradas y solo se oye el eco de los pasos contra la piedra, el pueblo cambia mucho respecto a las horas centrales.
A pocos minutos aparece Vulpellac, más abierto y cotidiano. La silueta de la iglesia de Sant Julià recuerda el origen románico del lugar, aunque el conjunto del pueblo mezcla épocas sin demasiada ceremonia.
Fonteta tiene otro carácter. Tradicionalmente se ha trabajado aquí la cerámica, y aún quedan talleres y chimeneas bajas que recuerdan ese pasado. El pueblo es pequeño y se recorre en un momento, pero conviene fijarse en las texturas de las fachadas y en los patios que se adivinan tras las puertas de madera.
Canapost queda algo más apartado de las rutas más transitadas. Su iglesia, con elementos muy antiguos en la base del edificio, aparece casi de repente entre casas bajas y campos.
Caminar entre campos del Baix Empordà
Moverse entre estos pueblos a pie es sencillo porque las distancias son cortas. Hay caminos rurales que los conectan entre campos de trigo, girasol o forraje según la época del año. En primavera el verde es intenso y el suelo aún guarda humedad; en verano la tierra se vuelve más clara y polvorienta.
No hace falta planificar una ruta complicada. Basta con seguir alguno de los caminos agrícolas y dejar que el siguiente campanario marque la dirección.
Eso sí: en los meses cálidos conviene salir pronto. A partir del mediodía el sol cae de lleno sobre los campos y hay tramos largos sin sombra. Llevar agua y gorra no sobra.
Lo que se come aquí
La cocina de la zona sigue muy pegada al producto del campo. Verduras de temporada, embutidos y carnes hechas a la brasa aparecen con frecuencia en las cartas de los alrededores. También es habitual encontrar platos ligados a la tradición del Empordà, donde el aceite de oliva y las hierbas aromáticas tienen bastante presencia.
Peratallada concentra buena parte de los locales donde sentarse a comer, algo que se nota sobre todo los fines de semana.
Cuando llegan más visitantes
En ciertos momentos del año las calles de Peratallada cambian bastante. En verano y algunos fines de semana aparecen puestos artesanales o pequeños mercados en plazas y callejones. El ambiente es animado, aunque la calma de primera hora desaparece.
La fiesta mayor del pueblo suele celebrarse en pleno verano y trae música, actividades y más movimiento del habitual. Si lo que buscas es pasear con tranquilidad, compensa mirar el calendario local o venir entre semana.
El paisaje alrededor
El entorno de Forallac es plenamente agrícola. No hay grandes miradores ni carreteras panorámicas: el paisaje se descubre a ras de suelo, caminando entre parcelas y acequias.
En verano los campos se vuelven dorados y crujen bajo el viento seco de la tarde. En otoño aparecen tonos ocres y el aire cambia de olor, más húmedo. Primavera suele ser el momento más agradecido para caminar.
Un apunte práctico antes de venir
Forallac queda a poca distancia de la costa. En coche, las playas de la zona de Pals o Begur suelen quedar a unos veinte minutos si el tráfico acompaña. En verano, sin embargo, los accesos a la costa pueden saturarse a última hora de la tarde.
Si la idea es combinar interior y mar, lo más cómodo es dejar el coche aparcado en el pueblo y recorrer sus calles temprano, antes de que el calor y la gente cambien el ritmo del lugar.