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sobre Bellaguarda
Municipio elevado con vistas panorámicas; productor de aceite de oliva virgen extra de gran calidad
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Bellaguarda se levanta en uno de los puntos altos del sur de la comarca de Les Garrigues. Desde el borde del casco urbano la vista se abre sobre un mosaico de campos secos, dominado por el olivo y, en menor medida, por el almendro. El pueblo ronda los trescientos habitantes y mantiene una relación directa con ese paisaje agrícola que lo rodea. La altitud, en torno a los seiscientos metros, se nota en el clima: veranos secos y duros; inviernos fríos cuando sopla el viento de la meseta.
El propio nombre del lugar apunta a esa posición elevada. “Bellaguarda” alude a la idea de vigilar desde lo alto, algo lógico en una zona de paso entre territorios de interior. En el centro del pueblo se encuentra la iglesia de Sant Antoni Abat, levantada en el siglo XVIII. El edificio es sobrio, como ocurre en muchas parroquias rurales de la comarca. En el interior se conservan retablos más recientes, de principios del siglo XX, que sustituyeron a piezas anteriores perdidas o deterioradas.
El casco antiguo sigue la forma del cerro. Las calles suben y bajan sin demasiada regularidad. En algunos tramos apenas cabe un coche. Las casas muestran soluciones habituales en esta parte de Lleida: muros de piedra o mampostería revocada, portales amplios pensados para la actividad agrícola y balcones de hierro sencillo. No responde a un trazado planificado. Creció poco a poco, adaptándose al relieve.
Desde los bordes del pueblo el paisaje se entiende mejor. Las parcelas se ordenan en bancales o en campos abiertos, según la pendiente. El olivo domina gran parte del término. Entre ellos aparecen almendros y algunas zonas de cereal. En febrero y marzo los almendros cambian momentáneamente el tono del paisaje. El resto del año manda el verde grisáceo de los olivos y el color terroso del suelo.
Fuera del núcleo salen varios caminos agrícolas. Muchos discurren entre muros de piedra seca, una técnica muy extendida en Les Garrigues. A los lados aparecen matas bajas de romero, tomillo y otras especies propias de la garriga mediterránea. El terreno es abierto y permite ver bastante lejos. No es raro encontrar aves de campo: cogujadas, collalbas o alguna rapaz aprovechando las corrientes de aire.
La economía local sigue ligada al cultivo del olivo. El aceite producido en la comarca se ampara bajo la Denominación de Origen Protegida Les Garrigues, una de las más antiguas de Cataluña. Los almendros también forman parte del paisaje agrícola y de la cocina doméstica. En muchas casas se usan para dulces tradicionales que aparecen en fiestas y celebraciones familiares.
La vida del pueblo gira todavía en torno al calendario agrícola y a las celebraciones religiosas. Sant Antoni Abat, patrón local, suele marcar uno de los momentos señalados del año.
Bellaguarda no es un lugar de grandes monumentos. Se recorre rápido. Lo que interesa aquí es observar cómo se organiza un pequeño municipio agrícola de Les Garrigues: el trazado del pueblo sobre el cerro, los caminos que salen hacia los campos y ese horizonte de olivos que acompaña en cualquier dirección que se mire. Para entender esta comarca, pueblos como este resultan bastante representativos.