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sobre Fulleda
Pueblo ligado a la leyenda de Agustina de Aragón; entorno boscoso y de piedra seca
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A media tarde, cuando el sol empieza a bajar sobre los olivares, Fulleda queda envuelta en una luz tibia que vuelve rojiza la tierra del camino. El pueblo aparece de golpe tras una curva: casas de piedra apretadas, tejados bajos y una torre que sobresale por encima de todo. Apenas se oye nada. Algún perro a lo lejos, el roce del viento entre las hojas plateadas de los olivos.
Fulleda, en la comarca de Les Garrigues, apenas reúne a un puñado de vecinos durante el año. El ritmo aquí es lento y muy pegado al campo. No hay tráfico ni escaparates. Lo que domina es el paisaje agrícola que rodea el núcleo por todos lados.
El pequeño núcleo alrededor de la iglesia
Las calles de Fulleda son cortas y algo irregulares. Algunas suben con pendiente suave hasta la parte más alta, donde se levanta la iglesia de Sant Andreu. El campanario sobresale entre los tejados y sirve de referencia desde casi cualquier punto.
Las fachadas combinan piedra vista y paredes encaladas que reflejan la luz con fuerza en verano. Hay portales de arco antiguo, patios cerrados y bancos de piedra pegados a las paredes donde, al caer la tarde, todavía se sientan algunos vecinos a tomar el fresco.
Si pasas por la mañana temprano, el pueblo suele estar muy quieto. Es el momento en que se oyen mejor las campanas o el motor lejano de algún tractor que ya va camino de los campos.
El paisaje de olivos de Les Garrigues
Al salir del casco urbano empiezan enseguida los olivares. La variedad más común en esta zona es la arbequina, que forma hileras bajas y densas. Desde lejos, los campos parecen una alfombra gris verdosa que cambia mucho con la luz del día.
En primavera aparecen flores pequeñas entre las ramas y también los almendros cercanos se llenan de blanco y rosa durante unas semanas. En otoño el ambiente cambia. Se ven remolques cargados de aceituna y gente trabajando entre los árboles desde primera hora.
Los muros de piedra seca que separan parcelas siguen muy presentes. Algunos están torcidos o cubiertos de líquenes, señal de que llevan ahí generaciones.
Caminos rurales para caminar sin prisa
Alrededor de Fulleda salen varios caminos agrícolas anchos. Muchos conectan antiguas masías dispersas por el término. Son recorridos sencillos, con subidas suaves y largas rectas entre bancales.
No siempre hay señales claras. Conviene llevar el recorrido pensado o usar un mapa si se quiere caminar más de una hora. En verano el sol cae fuerte sobre estas lomas abiertas, así que es mejor salir temprano por la mañana o al final de la tarde.
Después de lluvias los caminos de tierra pueden volverse pesados y pegajosos. No es raro ver las ruedas de los tractores marcadas en el barro durante días.
Miradores naturales sobre las lomas
Cerca del cementerio y en algunos puntos altos del término el paisaje se abre bastante. Desde allí se entiende bien cómo son Les Garrigues: colinas suaves, parcelas irregulares y una sucesión casi infinita de olivos.
Al atardecer el color cambia rápido. La piedra de las casas se vuelve dorada y las sombras de los árboles se alargan sobre los bancales. Cuando el aire está limpio se alcanzan a ver otros pueblos pequeños repartidos por las lomas.
No hay barandillas ni grandes plataformas. Son lugares sencillos, a menudo junto a un camino.
Aves y silencio en los campos
El silencio del entorno hace que se noten mucho los sonidos del campo. A veces se oye el batir de alas de alguna rapaz o el canto breve de aves que se mueven entre los olivos.
En días despejados no es raro ver milanos o ratoneros planeando sobre las corrientes de aire. En primavera también aparecen pequeñas aves entre los matorrales que crecen junto a los márgenes de piedra.
Basta parar unos minutos en cualquier cruce de caminos para darse cuenta de lo poco que interrumpe aquí el paisaje.
Cuándo acercarse a Fulleda
La primavera suele ser una buena época para ver el contraste entre almendros en flor y olivares. El otoño también tiene interés porque coincide con el movimiento de la recogida de la aceituna.
El verano trae calor seco y horas centrales muy duras para caminar. En invierno el paisaje queda más desnudo, pero los días claros tienen una luz muy limpia.
Fulleda no funciona como destino de paso rápido. Conviene llegar sin prisa, aparcar cerca del centro y caminar un rato por las calles antes de salir hacia los caminos que rodean el pueblo. Ahí es donde realmente se entiende cómo vive este rincón de Les Garrigues.