Artículo completo
sobre Castellfollit de la Roca
Pueblo espectacular colgado sobre un risco basáltico; uno de los más pequeños y fotogénicos
Ocultar artículo Leer artículo completo
La primera vez que ves Castellfollit de la Roca pasa algo curioso: vas conduciendo tranquilo por la Garrotxa y, de repente, aparece. No poco a poco, no insinuándose. Aparece de golpe, como si alguien hubiera dejado un pueblo entero apoyado en el borde de una mesa. Cuando te das cuenta de lo que estás viendo, ya estás frenando el coche para mirar mejor.
Eso es, básicamente, el turismo en Castellfollit de la Roca: un pueblo colocado sobre un risco volcánico que parece demasiado estrecho para sostener tantas casas… y aun así lleva siglos ahí.
Un pueblo construido sobre lava
Castellfollit está donde se juntan los ríos Fluvià y Toronell, sobre una plataforma basáltica que ronda los 50 metros de altura y se alarga casi un kilómetro. No es una metáfora: es lava solidificada. En la Garrotxa hubo actividad volcánica hace muchísimo tiempo, y esas coladas acabaron formando este muro oscuro que hoy sostiene el pueblo.
Visto desde abajo —por ejemplo desde el puente de la carretera— impresiona bastante más que desde dentro. Las columnas de basalto forman una pared vertical muy marcada, casi geométrica. Parece el trabajo de alguien con paciencia infinita más que algo natural.
Es uno de esos lugares donde entiendes rápido por qué la gente saca el móvil nada más bajarse del coche.
Pasear por el casco antiguo (con el vacío al lado)
Una vez arriba, el pueblo se recorre rápido. La calle Mayor atraviesa prácticamente todo el casco antiguo siguiendo la línea del risco. Es estrecha, con tramos empedrados y casas que en algunos puntos parecen salir directamente de la roca volcánica.
Lo curioso es la sensación de cercanía al borde. No estás constantemente asomado al precipicio, pero sabes que está ahí. A veces aparece entre casas, a veces en pequeños miradores improvisados. Y en ciertos puntos la impresión es clara: un par de pasos más allá y empieza el vacío.
En el extremo del pueblo está la iglesia de Sant Salvador, de origen medieval aunque reformada con el tiempo. Su silueta marca el final del espolón rocoso y suele ser la referencia visual en muchas fotos del pueblo.
Dónde ver bien el risco basáltico
Desde dentro del casco antiguo entiendes la forma del pueblo, pero el risco se aprecia mejor desde abajo. Si te acercas a la zona del río o a los puentes cercanos, la pared de basalto aparece completa y es cuando realmente se ve la dimensión del sitio.
La luz también cambia bastante la escena. A primera hora o al final del día las columnas negras del basalto se marcan mucho más; al mediodía todo queda más plano y pierde algo de fuerza.
La Ruta dels Tres Ponts
Si te apetece caminar un poco, hay un recorrido conocido como Ruta dels Tres Ponts que rodea parte del entorno del pueblo y pasa por varios puentes sobre el Fluvià. No es un sendero complicado y sirve sobre todo para ver Castellfollit desde diferentes ángulos.
Lo interesante es que, a medida que te alejas, el pueblo parece aún más improbable: una fila de casas suspendidas sobre una pared oscura en medio del valle.
La Garrotxa alrededor
Castellfollit suele visitarse junto con otros lugares del Parc Natural de la Zona Volcànica de la Garrotxa. En la comarca hay varios volcanes antiguos —como Santa Margarida o el Croscat— y bastantes senderos entre hayedos y campos de lava solidificada.
Por eso mucha gente llega aquí después de una caminata por la zona o de recorrer algunos de esos volcanes.
¿Cuánto tiempo hace falta?
Te soy sincero: Castellfollit no es grande. El casco antiguo se recorre en poco tiempo. Es más un alto en el camino que un destino para todo el día.
Mi forma favorita de visitarlo es sencilla: aparcar fuera del centro, cruzar el pueblo caminando hasta el extremo del risco, asomarme un rato y luego bajar a verlo desde el valle. Con eso ya entiendes perfectamente el lugar.
Hay pueblos que te entretienen por la cantidad de cosas que tienen. Castellfollit funciona de otra manera: todo gira alrededor de esa roca. Y la verdad es que, cuando la ves desde abajo con las casas encima, ya justifica la parada.