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sobre Les Planes d'Hostoles
Pueblo en el valle del Brugent; famoso por sus numerosas pozas y saltos de agua
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Hay pueblos que funcionan como un descanso entre dos sitios más famosos. Paras “un momento”, estiras las piernas… y al final te quedas más rato del previsto. Les Planes d'Hostoles tiene bastante de eso.
Este municipio de la Garrotxa, con algo menos de dos mil vecinos, se estira junto al río Brugent. No hay grandes reclamos ni un casco antiguo que te obligue a ir con la cámara en alto todo el tiempo. Lo que hay es vida normal: casas bajas, talleres, gente que se conoce y caminos que salen casi desde la misma plaza.
El nombre viene de las pequeñas llanuras que acompañan al río. Y cuando caminas un poco por el entorno lo entiendes rápido. El terreno se abre aquí más que en otros puntos de la Garrotxa y deja espacio para huertos, masías y senderos que entran en el bosque sin demasiado drama.
El Brugent y el Gorg del Molí dels Murris
Si preguntas a cualquiera por la zona, acabarás oyendo el mismo nombre: el Gorg del Molí dels Murris.
El Brugent forma aquí varias pozas y pequeñas cascadas. No son enormes. De hecho, la primera vez que alguien te habla del sitio puedes imaginar algo más espectacular. Pero cuando llegas lo entiendes: agua clara, roca volcánica oscura y un rincón que en verano se llena de gente que viene a refrescarse.
Desde el pueblo suele haber caminos señalizados que llevan hasta allí caminando. El paseo atraviesa tramos de bosque bastante agradables, con pinos, robles y zonas donde el río aparece y desaparece entre la vegetación.
En días tranquilos se oye más el agua que a la gente.
Masías alrededor del pueblo
Al salir del núcleo empiezan a aparecer masías antiguas, muchas con siglos encima. Algunas siguen habitadas. Otras parecen medio detenidas en el tiempo, con musgo en los muros y tejas irregulares.
Si te fijas un poco verás detalles que cuentan bastante de cómo se vivía aquí: patios amplios, cobertizos para herramientas, antiguas pilas de lavar. No es un decorado rural. Son casas donde, en muchos casos, todavía vive alguien.
Conviene recordarlo cuando uno pasa caminando cerca.
La plaza y la iglesia de Sant Esteve
La iglesia de Sant Esteve marca el centro del pueblo. La base es románica, aunque el edificio se fue modificando con los siglos. No es grande ni especialmente ornamentada. Más bien refleja el tono general del lugar: funcional, sin demasiada exhibición.
La plaza alrededor suele ser el punto donde se concentra la vida diaria. Gente que pasa, conversaciones cortas, coches que aparcan un momento y vuelven a salir hacia las carreteras comarcales.
Ese tipo de escena que te dice rápido cómo late un sitio.
Las Fonts del Fluvià
Muy cerca de Les Planes d'Hostoles se habla a menudo de las Fonts del Fluvià. Tradicionalmente se consideran uno de los puntos donde nace el río Fluvià, aunque en esta zona los manantiales aparecen en varios lugares del entorno.
El camino pasa entre vegetación bastante cerrada y tramos húmedos, sobre todo después de lluvias. No esperes un gran salto de agua ni un mirador preparado para fotos. Es más bien un paseo tranquilo junto a corrientes pequeñas que van juntándose.
Un sitio que se disfruta caminando despacio.
Caminar por la Garrotxa desde aquí
Les Planes d'Hostoles queda bien situada para moverse por esta parte de la Garrotxa. Desde el pueblo salen senderos y pistas que conectan con valles cercanos y con otros municipios de la zona.
Muchos caminantes combinan el paseo con visitas a lugares próximos como Amer o Santa Pau. También es habitual usar el coche para acercarse a la zona volcánica de Olot y luego volver aquí a dormir o a pasar la tarde con más calma.
No es un lugar lleno de cosas que “tachar” en un mapa. Funciona mejor como base tranquila desde la que ir saliendo a explorar.
Cuándo visitar Les Planes d'Hostoles
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradecidos. El bosque está vivo y el agua del Brugent baja con más alegría.
En verano el Gorg del Molí dels Murris atrae bastante gente, sobre todo los fines de semana. Aun así, alejándote un poco de ese punto el ambiente vuelve a ser tranquilo.
El invierno cambia el ritmo. Días cortos, más silencio y ese aire húmedo típico de los valles de la Garrotxa. No es mala época si lo que buscas es caminar sin cruzarte con demasiada gente.