Artículo completo
sobre Montagut i Oix
Municipio extenso de la Alta Garrotxa; paraíso para excursionistas y amantes del románico
Ocultar artículo Leer artículo completo
Hay pueblos que descubres porque ibas a ellos. Y luego están los que aparecen cuando te equivocas de plan. Montagut i Oix entra bastante en la segunda categoría. Vas conduciendo por la Garrotxa, enlazando curvas entre volcanes y hayedos, y de repente te metes en una zona más áspera, más callada. Si te bajas del coche un rato, el turismo en Montagut i Oix empieza justo ahí: en darte cuenta de que el ritmo cambia.
Aquí no hay autobuses descargando grupos ni escaparates pensados para la foto rápida. Hay caminos usados de verdad, muros de piedra que llevan décadas donde están y un paisaje de robles, encinas y barrancos que parece hecho para caminarlo despacio.
Montagut y Oix comparten municipio, pero se sienten distintos. Montagut tiene un núcleo algo más recogido; Oix está más disperso, con casas y masías repartidas por el valle y las laderas. Entre uno y otro apenas hay unos kilómetros, pero el paisaje se vuelve cada vez más montañoso según te acercas a la Alta Garrotxa.
Esta parte de la comarca funciona un poco como la puerta de entrada a ese territorio más salvaje. No es la Garrotxa volcánica que sale en todas las guías; es otra cosa, más seca, más abrupta, con caminos antiguos que durante siglos conectaban masías aisladas.
Iglesias románicas y masías que siguen en pie
El patrimonio aquí no es de grandes monumentos. Va más de ir encontrándote cosas por el camino.
En Oix, por ejemplo, está la iglesia de Sant Cristòfol. Es románica, pequeña y bastante sobria, de esas que parecen hechas para durar más que para impresionar. La ves entre árboles y campos y encaja tanto con el paisaje que casi parece parte del terreno.
En Montagut, la iglesia de Sant Martí conserva también elementos medievales. No es una visita larga ni llena de carteles explicativos; más bien un alto breve mientras paseas por el pueblo.
Luego están las masías, que en esta zona son casi el verdadero patrimonio. Casas de piedra grandes, muchas todavía habitadas o rehabilitadas, con campos alrededor y caminos que llegan hasta la puerta. Cuando caminas por aquí entiendes rápido cómo se ha vivido tradicionalmente: agricultura, algo de ganado, bosque cerca y bastante distancia con el vecino.
Caminar por la Alta Garrotxa (aunque sea un rato)
Si te gusta andar, Montagut i Oix tiene muchos senderos saliendo prácticamente desde el pueblo o desde pistas cercanas.
Hay caminos sencillos que pasan entre masías y bosques, sin demasiado desnivel. Son de esos que haces sin mirar mucho el reloj, parándote a ver un muro antiguo o un arroyo. También salen rutas que se meten ya en la Alta Garrotxa, donde el terreno se vuelve más pedregoso y las subidas se notan en las piernas.
Por la zona de Oix hay varios senderos conocidos entre la gente que camina por la comarca. Uno de los lugares que suele mencionarse es el Salt de la Núvia, una cascada que aparece tras un pequeño recorrido. No es enorme ni espectacular, pero tiene ese punto de rincón escondido donde apetece sentarse un rato a escuchar el agua.
Consejo de colega: mira la ruta antes de salir. En esta parte de la Garrotxa los caminos se cruzan bastante y no siempre hay señalización perfecta. Con un mapa o el móvil cargado vas mucho más tranquilo.
Qué tal se come por aquí
La cocina de esta zona tira de lo que siempre ha habido alrededor: carne, embutidos, legumbres, setas cuando es temporada. Platos contundentes, de los que piden pan al lado y un paseo después.
No abundan los locales grandes ni las cartas interminables. En muchos casos funcionan con producto cercano y horarios bastante tranquilos, así que no es mala idea llamar antes si vas con la idea de quedarte a comer.
Un buen punto para moverse por la Garrotxa
Montagut también queda a una distancia razonable de la zona volcánica de la comarca. En coche puedes acercarte a los conos volcánicos más conocidos o al hayedo de la Fageda d’en Jordà sin tardar demasiado.
Lo curioso es que el ambiente cambia bastante entre una zona y otra. Pasas de hayedos húmedos y caminos muy visitados a estas montañas más secas y solitarias en cuestión de kilómetros.
Fiestas y vida de pueblo
Como en muchos municipios pequeños, el calendario gira alrededor de las fiestas mayores de cada núcleo. Suelen celebrarse en verano y mezclan lo típico: comida popular, música, actividades para vecinos y gente que vuelve al pueblo esos días.
No es un evento pensado para atraer multitudes. Más bien son esas fiestas donde acabas hablando con alguien que te explica quién vivía en tal masía o cómo era el camino antes de que lo arreglaran.
Y, siendo honesto, ese ambiente resume bastante bien lo que es Montagut i Oix: un lugar que no intenta llamar la atención. Pero si entras en su ritmo —aunque sea una mañana de paseo— acabas entendiendo por qué hay gente que lleva toda la vida aquí y no tiene ninguna prisa por marcharse.