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sobre Olot
Capital de los volcanes; ciudad cultural rodeada de cráteres y la Fageda d'en Jordà
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Si buscas turismo en Olot, empieza por aceptar una cosa: aquí el protagonista es un volcán dentro de la ciudad. El Montsacopa está en medio del casco urbano. Cráter redondo, dos torres militares del siglo XIX arriba y una subida corta desde el centro. Desde la plaza Mayor se tarda unos 20 minutos andando. Arriba se ve Olot entera y buena parte de los volcanes de la Garrotxa.
Primero lo práctico
Aparcar en el centro no siempre es sencillo. Hay varios parkings cerca del mercado y de la zona comercial que suelen usarse como base para entrar al casco viejo. En fin de semana conviene llegar pronto; a media mañana muchas plazas ya están ocupadas.
El centro se recorre andando sin problema. Las distancias son cortas.
La subida al Montsacopa está asfaltada en parte y el sendero es claro. Calzado normal sirve. En días de calor se nota la cuesta. Lleva agua: arriba no suele haber fuentes.
En otoño el ambiente suele ser más tranquilo. En septiembre coinciden las fiestas del Tura y la ciudad se llena bastante. Octubre suele traer buen tiempo y menos gente. En junio el tiempo cambia rápido: puedes tener lluvia tres días seguidos o calor fuerte.
Lo que realmente tiene sentido
El Montsacopa es la visita básica. Subes, rodeas el cráter y miras la ciudad desde las torres. No está montado como parque temático. Es un volcán cubierto de hierba en medio de un barrio.
Si te quedas con ganas de más volcanes, el hayedo de Jordà está a unos 20 minutos en coche. Crece sobre una antigua colada volcánica a unos 500 metros de altitud. No es un bosque espectacular. Es más bien tranquilo y bastante llano. Precisamente por eso mucha gente viene a caminar aquí.
El museo dedicado al vulcanismo explica cómo se formó la zona. Tiene un pequeño simulador de terremotos que mueve la sala durante unos minutos. Es sencillo, pero sirve para hacerse una idea de lo que pasó aquí hace siglos.
En el centro hay varios edificios modernistas. No es una ruta larga. Dos o tres calles y listo. Algunos parecen intentos locales de modernismo barcelonés, con más entusiasmo que presupuesto.
La comida que no te van a contar
La coca de recapte es básicamente pan con verduras asadas. A veces le añaden embutido. Está bien, pero es comida sencilla.
Las alubias de Santa Pau se ven mucho en las cartas cuando empieza la temporada. Tienen IGP y se cultivan en pueblos cercanos. Son buenas, aunque el plato suele depender más de cómo las cocinen que de la alubia en sí.
El trinxat es col, patata y tocino. Plato de montaña, contundente.
En muchas panaderías verás coca de sucre: masa de pan con azúcar. Sin más misterio.
Si te gusta el queso de cabra, en la comarca se hace uno bastante conocido que suele aparecer en tiendas y mercados locales.
Lo que no te cuentan los folletos
Olot tiene tradición en imaginería religiosa. Los llamados “santos de Olot” se producen aquí desde el siglo XIX. Muchas figuras que se ven en iglesias de España y de fuera salieron de talleres de la ciudad. Algunos siguen funcionando en polígonos industriales, lejos de cualquier ruta turística.
La ciudad actual no es medieval como otros pueblos de la comarca. Los terremotos del siglo XV destruyeron gran parte del núcleo antiguo. La reconstrucción dejó calles más anchas y casas más bajas de lo que uno espera en un casco histórico catalán.
Consejo final
Olot no es una ciudad monumental. Es más bien una base para entender la zona volcánica de la Garrotxa.
Súbete al Montsacopa, pasea un rato por el centro y luego sal a caminar por los volcanes cercanos. Con un día ves la ciudad. Si añades el hayedo y alguna ruta volcánica, dos días ya dan de sobra. Más tiempo empieza a sobrar.