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sobre Riudaura
Pueblo tranquilo en un valle cerrado; conserva una torre medieval circular
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Hay pueblos que te obligan a frenar un poco el ritmo. Riudaura es de esos. Vas por la carretera entre Olot y el Coll de Coubet y, de repente, aparece el valle: prados, bosque alrededor y cuatro casas agrupadas sin ningún intento de llamar la atención. El turismo en Riudaura funciona más bien al revés de lo habitual: llegas sin esperar demasiado y lo que te encuentras es un pueblo que sigue viviendo a su manera, con calma y sin escenografía para visitantes.
Está a unos 570 metros de altitud, en la Garrotxa, y apenas supera el medio millar de habitantes. Aquí la vida todavía gira bastante alrededor del campo y del bosque. No es raro ver tractores pasando por la calle principal o escuchar campanas y poco más. Si buscas movimiento constante, probablemente te sabrá a poco. Si te apetece caminar y desconectar un rato del ruido, la cosa cambia.
El nombre de Riudaura suele relacionarse con la riera que atraviesa el valle. Un curso de agua pequeño, frío buena parte del año, que baja desde las montañas cercanas y acaba marcando bastante el paisaje: prados húmedos, bosques espesos y caminos que van siguiendo el valle sin grandes estridencias.
Qué ver en el núcleo del pueblo
El centro es pequeño, de los que recorres en un paseo corto. El edificio más reconocible es la iglesia parroquial de Sant Martí. El origen es románico, aunque con el tiempo se ha ido reformando. No es un templo monumental; más bien esa arquitectura sobria que encuentras en muchos pueblos de montaña: muros gruesos, ventanas pequeñas y un campanario que se ve desde casi cualquier punto del valle.
Alrededor quedan algunas casas de piedra bastante antiguas, mezcladas con viviendas más recientes. Lo interesante aquí no es un monumento concreto, sino el conjunto: calles tranquilas, huertos cerca de las casas y la sensación de que el pueblo sigue siendo ante todo un lugar para vivir.
Masías y paisaje alrededor
Buena parte del carácter de Riudaura está fuera del casco urbano. En los caminos que salen del pueblo aparecen masías dispersas, algunas todavía habitadas y otras medio escondidas entre árboles. Son construcciones grandes, hechas con piedra local y tejados inclinados para aguantar bien el invierno.
Muchas siguen siendo propiedad privada, así que lo habitual es verlas desde los caminos rurales. Aun así, ayudan a entender cómo se organizaba la vida en estos valles: casa, tierras alrededor y el bosque muy cerca.
Cuando llega el otoño el paisaje cambia bastante. Las hayas y otros árboles caducifolios empiezan a virar hacia amarillos y ocres y el valle gana bastante presencia visual. Es uno de esos momentos en los que un paseo sencillo ya compensa el viaje.
Caminar por el valle de Riudaura
La forma más lógica de conocer el lugar es andando. Hay varios caminos rurales y senderos que salen del pueblo y se meten en el bosque o suben hacia las montañas cercanas. Algunos siguen antiguas rutas agrícolas que conectaban masías; otros se adentran en zonas más forestales.
No son rutas de alta montaña, pero tampoco paseos urbanos. Hay cuestas, barro en épocas húmedas y tramos donde conviene llevar buen calzado. Lo bueno es que el paisaje cambia bastante en poco espacio: prados abiertos, tramos de bosque cerrado y pequeños arroyos que aparecen cuando menos lo esperas.
Si te gusta explorar más allá del valle, desde esta zona también se puede enlazar con áreas de la Alta Garrotxa, donde el terreno se vuelve más abrupto y los barrancos de piedra empiezan a dominar el paisaje. Eso ya es otro tipo de excursión, más larga y algo más exigente.
Lo que se come y lo que se recoge del bosque
La cocina de la zona tira de lo que da el entorno. Mucho embutido tradicional —butifarras, por ejemplo—, carne y platos sencillos que suelen venir del recetario de casa más que de cartas elaboradas.
Cuando llega la temporada de setas, el bosque se llena de gente con cesta. Es algo bastante habitual en toda la Garrotxa y aquí también se nota. No es raro ver coches aparcados al inicio de caminos durante los fines de semana de otoño.
En el pueblo y alrededores hay algunos sitios donde comer algo caliente, aunque los horarios pueden variar bastante según la época del año. Conviene no llegar muy tarde y, si vas en temporada baja, asumir que el ambiente será tranquilo.
Fiestas y vida local
La fiesta mayor se celebra en torno a Sant Martí, el patrón del pueblo. Suelen organizarse actos sencillos: música, bailes tradicionales como las sardanas y actividades pensadas sobre todo para los vecinos. No es una celebración masiva; más bien un par de días en los que el pueblo se anima un poco más de lo habitual.
También se mantienen algunas caminatas y encuentros vinculados a ermitas de la zona, tradiciones que mezclan excursión y celebración colectiva. Son esas cosas que pasan casi sin anunciarse fuera del valle, pero que siguen formando parte de la vida local.
Riudaura, al final, es un lugar pequeño incluso para los estándares de la Garrotxa. No tiene grandes monumentos ni un casco histórico que te lleve horas recorrer. Pero a veces apetece precisamente eso: un valle tranquilo, caminos que salen del pueblo y la sensación de que aquí las cosas siguen yendo a otro ritmo. Como cuando te escapas una tarde al campo sin plan concreto y acabas caminando más de lo que pensabas. Aquí pasa bastante.