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sobre Santa Pau
Pueblo medieval precioso en el corazón de la zona volcánica; famoso por sus "fesols"
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En el corazón de la Garrotxa, donde los volcanes dormidos dibujan un paisaje único en la península, se encuentra Santa Pau, uno de los pueblos medievales mejor conservados de Cataluña. Con sus 1.616 habitantes viviendo a 496 metros de altitud, este municipio es mucho más que un conjunto monumental: es una ventana abierta a la época medieval y una puerta de entrada al Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa.
Pasear por Santa Pau es como retroceder varios siglos. Sus calles empedradas, los soportales de la plaza porticada y las murallas que aún abrazan el casco antiguo transportan al visitante a un tiempo en que este enclave estratégico controlaba las rutas comerciales de la comarca. El castillo baronial, las torres defensivas y las casas señoriales de piedra volcánica confieren al pueblo una atmósfera especial que se intensifica cuando cae la tarde y las luces doradas bañan sus fachadas.
Pero Santa Pau no vive solo de su pasado. El pueblo es también famoso por sus mongetes, las judías del tipo "fesol de Santa Pau" con Denominación de Origen Protegida, que han puesto este rincón gerundense en el mapa gastronómico catalán. Además, su ubicación privilegiada lo convierte en campamento base perfecto para explorar uno de los paisajes volcánicos más fascinantes de Europa.
Qué ver en Santa Pau
El casco antiguo medieval es, sin duda, la joya de Santa Pau. Declarado Conjunto Histórico-Artístico, conserva prácticamente intacta su estructura medieval. La Plaza Mayor porticada, de planta irregular y rodeada de soportales góticos, es el corazón del pueblo. Los arcos de piedra volcánica sostienen edificios que han visto pasar siglos de historia, y en su centro, la vida del pueblo sigue transcurriendo como antaño.
El Castillo de los Barones de Santa Pau, del siglo XIII, domina el conjunto urbano. Aunque es de propiedad privada y no se puede visitar su interior, su presencia impone desde cualquier rincón del pueblo. Las torres cilíndricas y las murallas que lo rodean son perfectas para comprender la importancia estratégica que tuvo este enclave.
La iglesia gótica de Santa María, construida entre los siglos XIII y XV, merece una visita detallada. Su sobria fachada contrasta con un interior de notable belleza, con retablos barrocos y una nave única de proporciones elegantes. Muy cerca se encuentra la Iglesia de Sant Martí del Sallent, una pequeña ermita románica del siglo XII que ofrece vistas panorámicas excepcionales de la Garrotxa.
Fuera del núcleo urbano, el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa rodea Santa Pau con más de 40 conos volcánicos y 20 coladas de lava. Aunque los volcanes llevan 11.000 años inactivos, sus formas redondeadas cubiertas de hayedos y robledales crean un paisaje inolvidable.
Qué hacer
Santa Pau es un paraíso para los amantes del senderismo y las rutas naturales. Desde el pueblo parten varios itinerarios señalizados que recorren la zona volcánica. La ruta que lleva al Volcán de Santa Margarida, con su ermita románica en el centro del cráter, es una de las más espectaculares y accesibles de la comarca. Otra opción imprescindible es la Fageda d'en Jordà, un hayedo mágico que crece sobre una colada de lava.
Para los aficionados al cicloturismo, la Garrotxa ofrece numerosas vías verdes y rutas de BTT que atraviesan paisajes volcánicos, campos de cultivo y bosques frondosos. El terreno ondulado proporciona recorridos de diferentes niveles de dificultad.
La gastronomía local es otro de los grandes atractivos. Las mongetes de Santa Pau son el producto estrella, pero toda la cocina garrotxina merece atención: embutidos de la zona, patatas de Olot, cocina de proximidad y productos de la tierra. Los mercados locales y pequeñas tiendas del pueblo ofrecen estos productos con Denominación de Origen.
Los talleres artesanales y las visitas a productores locales permiten conocer de primera mano cómo se elaboran quesos, embutidos y conservas tradicionales. Es una forma auténtica de conectar con el territorio y sus gentes.
Fiestas y tradiciones
La Fiesta Mayor se celebra a finales de agosto, con sardanas, correfocs y actividades tradicionales que llenan de vida las calles medievales. Es el momento en que el pueblo muestra su cara más festiva y acoge a visitantes de toda la comarca.
En febrero tiene lugar la Fira de l'Avellanaire, dedicada a los productos locales y especialmente a las mongetes de Santa Pau. Es una cita gastronómica donde productores, restauradores y visitantes se reúnen para celebrar el producto más emblemático del municipio.
Durante el otoño, varias rutas y jornadas micológicas aprovechan la riqueza fungística de los bosques volcánicos. Es temporada de setas, y la Garrotxa se viste de ocre y oro.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Girona (a 50 km), se accede por la carretera C-66 hasta Banyoles, y luego por la GI-524 que atraviesa el Parque Natural. Desde Barcelona (120 km), la mejor opción es la autopista AP-7 hasta Girona y después seguir la misma ruta. También existe servicio regular de autobuses desde Olot, que conecta con Girona.
Mejor época: La primavera y el otoño son ideales para visitar Santa Pau. En primavera los bosques están exuberantes y las temperaturas son suaves. El otoño trae la explosión de colores en las hayas y la temporada de setas. El verano puede ser caluroso, aunque la altitud modera las temperaturas. El invierno es tranquilo y permite disfrutar del pueblo con menos visitantes.
Consejos: Lleva calzado cómodo para caminar por el casco antiguo empedrado y las rutas naturales. Reserva con antelación si piensas visitar durante la Fira de l'Avellanaire o la Fiesta Mayor. El pueblo es pequeño, así que una mañana o tarde basta para recorrerlo, pero merece la pena quedarse más tiempo para explorar los alrededores volcánicos.