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sobre Cassà de la Selva
Villa corchera con patrimonio modernista; cruce de caminos entre Girona y la costa
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Hablar de turismo en Cassà de la Selva exige empezar por el corcho. El olor aparece cuando llueve y la tierra se humedece. Durante más de un siglo marcó el ritmo del pueblo. Desde mediados del XIX, muchos vecinos vivieron de pelar alcornoques en Les Gavarres y transformar la corteza en tapones.
Algunas fábricas desaparecieron con el tiempo. Aun así, el rastro del oficio sigue visible. Naves industriales, almacenes y casas de obreros recuerdan una economía ligada al bosque. Cassà creció con ese trabajo y con lo que el macizo cercano podía dar.
El bosque que hizo el pueblo
Les Gavarres están justo detrás del último barrio. No son un fondo verde sin más. Han condicionado la economía local y también la forma de ocupar el territorio.
El macizo es granítico y bastante seco. Aquí prospera el alcornoque, que permite extraer la corteza sin dañar el árbol. Tradicionalmente se hacía cada varios años. Ese ritmo marcaba campañas de trabajo muy concretas.
Todavía hoy se ven camiones cargados con planchas de corcho. Apiladas, recuerdan grandes tablas de pan oscuro. La llamada Ruta del Suro sale de la antigua estación del Carrilet. El recorrido explica cómo el trabajo pasó de manual a mecanizado sin cambiar la lógica del bosque.
El ferrocarril llegó a finales del siglo XIX. Servía para llevar el corcho hacia Girona y hacia la costa. La línea desapareció, pero el trazado se mantiene como vía verde. Mucha gente la usa en bicicleta para moverse entre pueblos del Gironès.
Una iglesia que mira hacia Les Gavarres
La iglesia de Sant Martí ocupa el centro histórico. El edificio actual se levantó en el siglo XVI, con reformas posteriores. Conserva un ábside gótico que no se alteró demasiado en épocas barrocas.
La piedra procede del mismo macizo cercano. La nave es baja y algo oscura. Da la impresión de un edificio pensado para durar más que para impresionar.
Desde el campanario se entiende bien el lugar. Aparecen la línea del antiguo ferrocarril, los polígonos recientes y, al fondo, el bosque continuo de alcornoques.
En la plaza cercana se guardan los gigantes del pueblo, en Roc y la Roseta. Llevan décadas participando en fiestas locales. Las figuras son de cartón piedra y pesan bastante. El peinado de la Roseta reproduce una moda de finales de los años sesenta.
Música arraigada en el pueblo
Cassà tiene una relación antigua con la música popular catalana. De aquí han salido varias coblas conocidas dentro del mundo de la sardana.
También se celebra un encuentro dedicado al canto tradicional, el Càntut. Suele reunir intérpretes que trabajan con repertorio oral. Parte de las actuaciones se hacen en edificios del centro y en espacios abiertos del pueblo.
Uno de esos lugares es Can Trinxeria. La casa tiene origen en el siglo XVII y hoy funciona como equipamiento cultural. Sus salas y patios se utilizan para conciertos y encuentros.
A finales de verano suele organizarse una noche musical en las calles. Músicos aficionados recorren distintos puntos del casco urbano. Tocan sardanas, habaneras y canciones populares. No hay un único escenario. La música se desplaza con ellos.
El corcho como memoria
La relación con el corcho aparece también en una feria dedicada al tapón y al propio material. Allí se muestran herramientas y procesos antiguos. A veces se ve cómo se corta y se ajusta un tapón de forma manual.
El gesto es rápido y muy preciso. Apenas ha cambiado desde finales del siglo XIX.
La feria coincide con otras actividades en el centro. Algunas recrean el antiguo mercado que tenía la villa desde época medieval. Cassà estaba en una ruta interior que conectaba la costa con Girona. El comercio local no dependía solo del corcho. También circulaban vino, carbón vegetal o piezas de caza.
Cómo orientarse al llegar
Cassà de la Selva se encuentra a pocos kilómetros de Girona, conectada por carretera comarcal. También hay autobuses que enlazan con la capital.
El núcleo antiguo se recorre andando sin dificultad. Desde la iglesia, la calle Major baja hacia el parque de la Glorieta. Es uno de los espacios más usados por los vecinos.
Quien tenga curiosidad por el arte reciente puede acercarse al Parc de les Arts. Allí hay varias esculturas instaladas al aire libre. El conjunto cambia con el tiempo, según las piezas que se incorporan.
Para caminar, muchos vecinos suben hacia los senderos de Les Gavarres. Uno de los accesos sale cerca del cementerio. El camino asciende con pendiente suave hasta el entorno del Puig del Castell. En días claros, desde algunos puntos se alcanzan a ver los Pirineos.
Si pasas un domingo por la mañana por Can Trinxeria, es posible encontrar la casa abierta. A veces hay gente del pueblo que explica su historia. También cuentan cómo el corcho se usó durante años como aislante en graneros y edificios agrícolas.
Al caer la tarde, la música vuelve a aparecer en la vida cotidiana. Algunas coblas ensayan en locales del centro. Basta quedarse un rato cerca de la puerta. La tenora se oye desde la calle y recuerda de dónde viene este lugar. El corcho ya no sostiene toda la economía, pero sigue formando parte de su memoria.