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sobre Sant Julià de Ramis
Municipio con yacimientos arqueológicos y fortaleza; domina el paso del Ter
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A apenas 5 kilómetros de Girona, Sant Julià de Ramis se alza sobre una pequeña colina que ha sido testigo de más de dos mil años de historia. Este municipio de poco menos de 4.000 habitantes guarda uno de los tesoros arqueológicos más fascinantes de la comarca del Gironès: las ruinas de una imponente fortaleza medieval que corona el cerro de Sant Julià, visible desde varios puntos de la llanura ampurdanesa.
El pueblo conserva ese equilibrio perfecto entre la cercanía a la capital provincial y la tranquilidad de un núcleo rural auténtico. Sus calles estrechas trepan por la ladera hacia la iglesia parroquial, mientras que los barrios más recientes se extienden por la llanura, donde el Ter dibuja meandros perezosos. La silueta del castillo en lo alto es la seña de identidad de Sant Julià, un recordatorio constante de su importancia estratégica en época medieval.
Pasear por Sant Julià de Ramis es descubrir un lugar donde la historia aflora en cada rincón, desde los vestigios íberos y romanos hasta las murallas medievales que protegieron esta posición privilegiada sobre la vía que comunicaba los Pirineos con el Mediterráneo. Un destino perfecto para quienes buscan cultura e historia sin alejarse demasiado de la comodidad urbana.
Qué ver en Sant Julià de Ramis
El Castell de Sant Julià de Ramis es, sin duda, la visita imprescindible. Esta fortaleza medieval del siglo XI se asienta sobre un cerro que ya habitaron íberos y romanos. El yacimiento arqueológico muestra restos de murallas, torres y cisternas que hablan de su pasado militar. Las excavaciones han sacado a la luz evidencias de ocupación desde el siglo VI a.C., convirtiendo este lugar en un libro abierto sobre la historia de Catalunya. Las vistas panorámicas desde lo alto abarcan la llanura gerundense, el Montgrí y, en días despejados, los Pirineos.
La Iglesia de Sant Julià, situada en el núcleo antiguo, data del siglo XVI aunque conserva elementos de construcciones anteriores. Su campanario cuadrado es visible desde varios puntos del municipio y su interior sobrio invita al recogimiento. Muy cerca se encuentra la capilla de Sant Miquel, una pequeña joya arquitectónica de origen románico.
El Pont del Dimoni (Puente del Diablo) es otra de las construcciones emblemáticas. Este acueducto medieval salvaba un pequeño barranco y forma parte del sistema hidráulico histórico de la zona. Aunque modesto en comparación con otros puentes similares de Catalunya, tiene su encanto y genera leyendas locales sobre su construcción.
Para los amantes de la naturaleza, los márgenes del río Ter ofrecen agradables paseos entre bosques de ribera. El río serpentea al pie del cerro, creando un paisaje de transición entre la montaña y la llanura que invita a caminar con calma.
Qué hacer
La subida al castillo es la actividad estrella. El sendero está bien señalizado y tarda unos 20-30 minutos desde el pueblo. No es excesivamente exigente, pero requiere calzado adecuado. Una vez arriba, además de explorar las ruinas, puedes disfrutar de un picnic con vistas privilegiadas.
Los paseos fluviales junto al Ter son perfectos para familias o para quienes prefieren itinerarios llanos. Existen varios caminos que conectan Sant Julià con municipios vecinos siguiendo el curso del río, ideales para hacer en bicicleta o caminando.
La gastronomía local se puede degustar en los restaurantes del pueblo, donde encontrarás cocina catalana tradicional con productos de la huerta ampurdanesa. Los embutidos de la zona, los quesos artesanales y los platos de caza en temporada son algunas de las especialidades. La proximidad a Girona garantiza también una oferta culinaria variada a pocos kilómetros.
Sant Julià es punto de partida para rutas en bicicleta por las vías verdes del Gironès, que aprovechan antiguos caminos rurales y conectan diversos municipios de la comarca. La orografía suave permite disfrutar del ciclismo sin grandes desniveles.
Fiestas y tradiciones
La Festa Major se celebra en torno al 7 de enero, día de Sant Julià, patrón del municipio. Incluye actividades religiosas, deportivas y lúdicas, con la tradicional sardinada popular y verbenas que reúnen a vecinos y visitantes.
En verano, generalmente durante el mes de julio, tiene lugar la Fiesta Mayor de Verano, con programación más extensa que incluye conciertos, habaneras, actividades infantiles y la típica correfocs catalana. Los castellers y las diadas folklóricas también forman parte del programa festivo.
Las Fiestas de Navidad cuentan con un ambiente especial, con el tradicional pessebre viviente que recrea escenas navideñas en rincones emblemáticos del pueblo, aprovechando el marco histórico de las calles antiguas.
Información práctica
Cómo llegar: Sant Julià de Ramis está a solo 5 kilómetros de Girona por la carretera C-66 en dirección a Besalú. Desde Girona se llega en coche en menos de 10 minutos. También hay servicio de autobús de línea regular que conecta ambas poblaciones. Desde Barcelona son unos 110 kilómetros por la AP-7 o la N-II, aproximadamente hora y cuarto de trayecto.
Mejor época: La primavera y el otoño son ideales para visitar Sant Julià, cuando las temperaturas son agradables para caminar hasta el castillo. El verano puede ser caluroso, especialmente en la subida, aunque las vistas compensan. El invierno es suave, característico del clima mediterráneo de interior.
Consejos prácticos: Lleva calzado cómodo si piensas subir al castillo. Hay paneles informativos en el yacimiento arqueológico que ayudan a contextualizar los restos. Considera combinar la visita con Girona, a solo 5 minutos en coche, donde encontrarás mayor oferta de alojamiento y restauración. Los fines de semana en primavera son populares entre las familias de la zona para hacer excursiones.