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sobre Sant Julià de Ramis
Municipio con yacimientos arqueológicos y fortaleza; domina el paso del Ter
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Desde la carretera de Girona, Sant Julià de Ramis se lee como un municipio más del Gironès: casas dispersas, naves junto a la vía, urbanizaciones en la ladera. La clave está en levantar la vista. La montaña que cierra el valle del Ter, la dels Sants Metges, explica la razón de ser de este lugar. Su cresta ha sido un punto de control durante más de dos mil años.
Una posición estratégica
La montaña no es alta, pero domina el corredor que abre el río Ter hacia la llanura de Girona. En su cima hay restos de ocupación ibérica. Los romanos, después, supieron valorar la misma ventaja táctica: la Via Augusta pasaba por la base y desde aquí se vigilaba el acceso a Gerunda. Los estudios arqueológicos hablan de una fortificación tardorromana en este emplazamiento, posiblemente el Castellum Fractum que mencionan algunas fuentes.
El pueblo actual creció más abajo, donde el terreno permite vivir y cultivar. La iglesia parroquial de Sant Julià, de origen románico entre los siglos X y XI, marca ese desplazamiento. Es un edificio sencillo, muy reformado, pero su campanario sigue funcionando como referencia en el paisaje. El cementerio adyacente se ha usado como espacio funerario desde la alta Edad Media, probablemente sobre niveles aún más antiguos.
El fuerte del siglo XIX
La fortificación visible hoy es del siglo XIX. Se proyectó tras las guerras carlistas, cuando el ejército reforzó los puntos estratégicos alrededor de Girona. Las obras se alargaron décadas y el conjunto quedó terminado hacia 1890. Para entonces, los avances en artillería ya lo habían dejado obsoleto. Nunca entró en combate.
Se conservan murallas, un foso seco y galerías subterráneas de hormigón macizo. Durante un tiempo, algunos soldados cultivaron champiñones en los sótanos húmedos, una práctica común en fortificaciones abandonadas. Desde la parte alta se comprende la elección del sitio: la vista abarca todo el valle del Ter y la entrada a Girona. En días muy claros, hacia el sur se intuye una franja brillante que es el Mediterráneo.
Huellas más antiguas
A media ladera está la cueva de les Goges. Se identificó a finales del siglo XIX durante extracciones de piedra y los materiales hallados en su interior se sitúan en el Bronce Final. La montaña estaba ocupada mucho antes de los romanos.
Cerca de Montagut se localizó en los años cincuenta una necrópolis con enterramientos de época romana tardía y altomedieval. Probablemente correspondía a comunidades rurales vinculadas al cultivo del llano y al tránsito por la antigua calzada. Ambos yacimientos están señalizados; la cueva no se visita, pero ayudan a dimensionar la ocupación continuada de esta elevación.
Recorrer el municipio
El núcleo principal está a ocho kilómetros de Girona por la C-66. Desde la carretera se llega en minutos a la base de la montaña. Hay espacio para aparcar cerca del fuerte, aunque los fines de semana de buen tiempo suele haber más movimiento de senderistas y ciclistas.
La subida final se hace a pie por un camino corto pero con pendiente. El terreno es de sauló, una arena compacta muy común aquí que puede resbalar si ha llovido.
El municipio tiene los servicios básicos; para más cosas la referencia es Girona, que queda cerca. Si se recorre el llano con atención, se ven masías reformadas sobre estructuras del siglo XVIII, con muros de piedra y tejados a dos aguas pensados para la tramontana.
Sant Julià de Ramis no tiene una postal turística definida. Su interés es otro: comprobar cómo una pequeña elevación, un río y una vía de paso han condicionado la vida aquí durante más de dos milenios. Subir a la montaña basta para entenderlo.