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sobre La Morera de Montsant
Pueblo situado bajo los riscos del Montsant sede del Parque Natural y de la Cartuja de Escaladei
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Hay pueblos que parecen hechos para la foto rápida y el café con terraza. Y luego está La Morera de Montsant, que juega en otra liga. La primera vez que pasé por allí me dio la sensación de estar en el fondo de un decorado enorme de roca. Como si alguien hubiese colocado el pueblo justo al pie de una pared gigante y luego se hubiese olvidado de añadir nada más.
Eso es, en parte, el turismo en La Morera de Montsant: un lugar pequeño del Priorat (apenas unos 150 vecinos) que vive pegado a la sierra del Montsant. Aquí el paisaje manda mucho más que el pueblo. Las casas se arriman a la montaña y, en cuanto levantas la vista, tienes delante ese murallón de roca que parece cerrar el horizonte.
No hay tiendas pensadas para el visitante ni calles montadas como decorado. Lo que sí hay son muros de piedra seca, viñas en bancales imposibles y senderos que empiezan casi en la última casa del pueblo. Dar una vuelta por el casco urbano se hace rápido, pero tiene ese aire de lugar que sigue funcionando para quien vive allí.
Un pueblo pegado a la pared del Montsant
El nombre de La Morera viene, según se cuenta, de los árboles de morera que en su día estuvieron ligados a la producción de seda. De aquello queda más la memoria que otra cosa, pero el pueblo conserva la estructura de cuando la vida giraba alrededor de la vid y el aceite.
Las calles son estrechas, con casas de piedra bastante sobrias. Nada monumental, más bien práctico. Puertas bajas, fachadas que han ido arreglándose con el tiempo y esa sensación de que aquí cada cosa se ha hecho porque tocaba, no para lucirse.
En la parte alta está la iglesia de Santa María. Su origen suele situarse en época románica, aunque el edificio ha pasado por varias reformas con los siglos. No es una iglesia recargada; de hecho, lo más interesante suele ser lo que ves al salir: el valle del Priorat abriéndose hacia abajo, con viñas y pueblos dispersos.
Cerca también queda la antigua cooperativa agrícola, un edificio bastante funcional que recuerda cuando buena parte del pueblo trabajaba directamente la viña y el olivo. Hoy ese peso económico ha cambiado, pero el paisaje sigue contando la misma historia.
El Montsant empieza prácticamente en la última casa
Si algo explica por qué mucha gente acaba llegando hasta aquí es la Serra de Montsant. Las paredes de conglomerado se levantan justo encima del pueblo y, cuando sopla el viento, el sitio tiene un punto bastante salvaje.
El Parc Natural de la Serra de Montsant ocupa miles de hectáreas de barrancos, pinares y zonas rocosas donde la presencia humana se nota poco. No es raro ver cabra montesa moviéndose por las laderas o alguna rapaz planeando sobre los cortados.
Hay varios puntos desde los que asomarse al paisaje del Priorat. Algunos miradores quedan a poca distancia andando y otros exigen algo más de subida, pero todos comparten esa sensación de amplitud que tiene esta sierra.
Caminatas que salen del propio pueblo
Una de las ventajas de La Morera es que muchas rutas empiezan prácticamente en el mismo casco urbano. Sales caminando y en pocos minutos ya estás metido en senderos de montaña.
Hay caminos que suben hacia la zona de Roca Corbatera, el punto más alto del Montsant, y otros que conectan con pueblos cercanos como Ulldemolins o Cornudella. No son paseos planos: el terreno aquí obliga a subir y bajar bastante, así que conviene venir con calzado serio.
A cambio, encuentras tramos donde apenas se oye nada más que el viento y algún cencerro lejano.
La escalada también lleva años presente en estas paredes. El conglomerado del Montsant permite abrir vías de distintos niveles y muchos sectores están equipados, aunque normalmente conviene informarse antes sobre regulaciones temporales relacionadas con la nidificación de aves rapaces.
Viñas, aceite y ritmo de pueblo pequeño
Aunque el Priorat suele asociarse a vinos conocidos, en La Morera el ambiente es más tranquilo que en otros puntos de la comarca. Siguen trabajando pequeñas parcelas de viña en terrazas y también olivares que aguantan bien el clima seco.
Los productos de la zona —vino, aceite, frutos secos— forman parte natural de la vida local. No hay una escena gastronómica grande ni calles llenas de mesas; más bien lo contrario: el ritmo es pausado y el pueblo sigue siendo, ante todo, un lugar donde vive gente.
A lo largo del año también se organizan fiestas y encuentros vecinales. La fiesta mayor suele celebrarse en verano y mantiene ese aire de celebración de pueblo pequeño: música, baile y mucha gente que se conoce desde siempre.
¿Merece la pena acercarse?
La Morera de Montsant no es un sitio al que vengas buscando un casco histórico lleno de monumentos. Aquí lo fuerte está fuera: la montaña, las rutas y la sensación de estar en uno de los rincones más abruptos del Priorat.
Yo lo veo como ese tipo de lugar al que llegas para caminar unas horas, sentarte luego un rato mirando las paredes del Montsant y entender por qué el pueblo está exactamente donde está. A veces eso es más que suficiente.