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sobre L'Ametlla del Vallès
Municipio residencial con un marcado carácter modernista y rodeado de bosques mediterráneos
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En el año 932, un escriba del monasterio de Sant Cugat del Vallès anotaba en pergamino que un tal Guitard de Plandolit debía dos sólidos de oro por unas tierras. El documento, conservado en el archivo monástico, es una de las primeras menciones escritas de L'Ametlla del Vallès. Mil años después, muchos de los límites de aquellas parcelas siguen reconociéndose en la red de caminos rurales que atraviesa el municipio.
Un territorio de masías dispersas
L'Ametlla del Vallès no nació como un núcleo compacto. Históricamente fue un territorio de masías dispersas —muchas identificadas todavía por el nombre de la casa— que dependían de la parroquia de Sant Genís. Can Draper, Can Rovira, Can Ribot, Can Riera… En los documentos medievales aparecen como pequeñas unidades agrarias relativamente autónomas, vinculadas entre sí por caminos de carro y por la vida parroquial.
La geografía ayuda a entender esta dispersión. El término municipal se extiende por una sucesión de lomas suaves y pequeños valles formados por rieras estacionales que descienden hacia la zona de la Garriga. No son relieves abruptos, pero sí suficientes para que las casas se levantaran en puntos ligeramente elevados, cerca de los campos y con control visual del entorno inmediato. En un paisaje de secano, la proximidad a la tierra cultivable pesaba más que la cercanía a un centro urbano.
Si se miran los mapas antiguos o los deslindes de propiedad más viejos, muchos de los caminos actuales siguen exactamente esos recorridos: trazados que conectaban masías entre sí y que evitaban las zonas donde el agua se acumulaba en invierno.
Can Plandolit y un territorio más antiguo de lo que parece
En la zona conocida como Can Plandolit —la misma que aparece en aquel documento del siglo X— se han localizado materiales arqueológicos que apuntan a una ocupación anterior. Se han documentado cerámicas de época altomedieval y algunos indicios que los especialistas relacionan con asentamientos rurales tempranos en el Vallès.
La masía que hoy lleva ese nombre ha sido reformada en varias etapas, como tantas otras del municipio. Aun así, su estructura responde al modelo de casa rural fortificada que se extendió por la comarca entre los siglos X y XII: planta baja de muros gruesos, piso superior destinado a vivienda y cubierta a dos aguas.
El entorno conserva una lógica agraria bastante clara. Allí donde terminan los campos cultivados empiezan las manchas de encinar y pinar, una frontera que probablemente tiene raíces antiguas. En muchas zonas del Vallès esa transición marcaba el punto en que el cereal dejaba de ser rentable y el terreno se destinaba a pastos o a aprovechamiento forestal.
La parroquia de Sant Genís
La iglesia de Sant Genís de L'Ametlla tiene origen románico, probablemente del siglo XII, aunque el edificio ha sido reformado varias veces desde la Edad Moderna. No es un templo monumental, pero su papel histórico fue central: durante siglos articuló la vida religiosa y administrativa de un territorio muy disperso.
Del edificio medieval se conserva el ábside románico y parte de la estructura original, mientras que ampliaciones posteriores modificaron la nave y las entradas. En el interior hay un retablo de época posterior y algunos exvotos de comienzos del siglo XX, pequeñas piezas que hablan de una religiosidad muy ligada a la vida cotidiana: enfermedades, accidentes, cosechas.
El cementerio parroquial reúne apellidos que aparecen de forma recurrente en la documentación local. En pueblos como este, la continuidad familiar forma parte de la historia tanto como los edificios.
Modernismo en el campo
A comienzos del siglo XX, algunas familias acomodadas de Barcelona empezaron a fijarse en esta parte del Vallès como lugar de veraneo o residencia temporal. En ese contexto, el arquitecto modernista Manuel J. Raspall intervino en una masía conocida como Casa Millet, introduciendo elementos decorativos propios del modernismo.
La operación fue bastante habitual en la comarca: mantener la estructura de la masía tradicional y añadir rejas trabajadas, cerámica vidriada o detalles ornamentales que respondían al gusto de la época. La casa sigue siendo privada, pero puede observarse desde el camino que conecta L'Ametlla con la Garriga.
Ese contraste entre arquitectura campesina y añadidos modernistas explica bien el cambio social que vivió el Vallès a principios del siglo XX, cuando algunas antiguas explotaciones agrarias empezaron a convertirse en residencias de temporada.
Cómo recorrer L'Ametlla del Vallès
L'Ametlla del Vallès se encuentra a unos 35 minutos en coche de Barcelona por la C‑17. La estación de tren más cercana está en la Garriga; desde allí el acceso al municipio se hace por carretera local.
No hay un casco antiguo compacto que concentré los puntos de interés. El carácter del lugar se entiende mejor caminando por los caminos que enlazan las antiguas masías. Un recorrido sencillo parte de la plaza de Sant Genís y continúa en dirección a Can Draper y Can Riera, atravesando zonas agrícolas y pequeñas manchas de bosque.
Si te interesa la arquitectura rural, merece la pena fijarse en las eras de piedra situadas junto a algunas casas. Suelen ser circulares o cuadradas, con el borde ligeramente elevado para evitar que el grano se perdiera durante la trilla. En algunos casos todavía se conservan los pilares donde se ataban los animales que movían el trillo.
Conviene llevar agua y calzado cómodo. Muchos caminos son de tierra y, cuando ha llovido, el barro aparece rápido. El atractivo de L'Ametlla está precisamente en eso: un territorio que todavía se recorre mejor a pie que desde el coche.