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sobre Lladó
Pueblo con un importante conjunto monástico agustiniano; plaza mayor pintoresca y feria del queso
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Hay pueblos que funcionan como un reloj suizo y otros que van más a su aire. Lladó es de los segundos. Llegas por una carretera tranquila del Alt Empordà, aparcas cerca del centro y en cinco minutos ya te has dado cuenta de que aquí las cosas se hacen a otro ritmo. El turismo en Lladó no va de monumentos espectaculares ni de colas para hacer fotos: va más bien de caminar sin prisa y entender cómo se vive en un pueblo pequeño de esta parte del Empordà.
Con poco más de 800 habitantes, Lladó sigue muy ligado al campo. Olivos, viñas, huertas… están ahí alrededor del núcleo urbano y marcan el paisaje. El edificio que más llama la atención es el monasterio de Santa María, un conjunto de origen medieval que aparece casi de repente entre las casas. No hace falta ser muy de historia para darse cuenta de que el pueblo ha crecido a su alrededor durante siglos.
El monasterio y las calles del casco antiguo
El casco antiguo de Lladó no es grande. De hecho, en un rato lo recorres entero. Pero es de esos lugares donde conviene ir despacio, porque los detalles aparecen cuando levantas un poco la vista: portales de piedra, patios interiores, alguna ventana antigua que parece llevar allí toda la vida.
El monasterio de Santa María es el punto que estructura todo el conjunto. Su iglesia románica y las partes añadidas con el paso del tiempo cuentan bastante bien cómo han ido cambiando las cosas por aquí. No es un monumento gigantesco, pero tiene ese aire sólido de edificio que ha visto pasar muchos inviernos.
Si sales un poco hacia los bordes del pueblo, el paisaje se abre. En días claros, desde algunos puntos altos del entorno se llega a intuir el Canigó al fondo. Y alrededor, campos que van cambiando según la estación: verde en primavera, más dorado cuando aprieta el calor.
Caminos rurales alrededor del pueblo
Una de las mejores formas de entender Lladó es salir a caminar por los caminos que rodean el núcleo. No son rutas de montaña ni nada técnico. Son más bien pistas rurales y senderos que conectan campos, masías y pequeños tramos de bosque.
Las masías dispersas por la zona cuentan bastante sobre la vida agrícola del Empordà. Muchas parecen tener varios siglos encima —siglos XVII o XVIII en bastantes casos— aunque hoy algunas estén reformadas o tengan otros usos. Siguen marcando el paisaje igual que lo hacían antes.
Para la bicicleta también es buen terreno. Las carreteras secundarias que cruzan esta parte de la comarca suelen tener poco tráfico y desniveles suaves. Desde Lladó puedes enlazar rutas hacia Navata, Garrigàs o incluso acercarte a Figueres sin complicarte demasiado.
Comer en Lladó y alrededores
La cocina de la zona tira mucho de lo que se produce cerca. Aceite de oliva de la comarca, embutidos, pan de pueblo, setas cuando toca temporada… cosas sencillas que aquí siguen formando parte de la mesa cotidiana.
El mar no queda al lado, pero tampoco está lejos. En coche, en menos de una hora puedes estar en la costa del Alt Empordà, así que mucha gente combina una visita a pueblos del interior como Lladó con una escapada a alguna cala.
Qué ver cerca de Lladó
Otra ventaja del pueblo es la ubicación. Figueres está relativamente cerca y suele ser la referencia para muchas visitas por la zona. También quedan a una distancia razonable espacios naturales del Empordà, zonas de humedales y varios pueblos pequeños que mantienen ese aire agrícola de la comarca.
Es un buen punto para moverse por el interior del Alt Empordà sin meterse en demasiado tráfico ni en carreteras complicadas.
Cuánto tiempo dedicarle
Te soy sincero: Lladó no es un lugar para pasar dos días enteros viendo cosas. Funciona mejor como parada tranquila dentro de una ruta por el Empordà.
En una o dos horas puedes recorrer el casco antiguo, ver el monasterio y dar una vuelta corta por los alrededores. Si te apetece alargar la visita, lo que suele hacer la gente es caminar un poco por los caminos rurales o sentarse con calma a comer algo.
En verano el ambiente cambia un poco con la fiesta mayor, que tradicionalmente se celebra en agosto y anima bastante las calles durante esos días. El resto del año, Lladó vuelve a su ritmo habitual: pueblo pequeño, vida cotidiana y ese silencio rural que todavía se encuentra en algunos rincones del Empordà.