Artículo completo
sobre Alella
Localidad vinícola famosa por su Denominación de Origen y su cercanía a Barcelona y al mar
Ocultar artículo Leer artículo completo
A tan solo quince kilómetros de Barcelona, entre el mar Mediterráneo y la sierra de Marina, se encuentra Alella, un municipio que ha sabido preservar su carácter vitivinícola mientras abraza la modernidad de su ubicación privilegiada. Con poco más de 10.000 habitantes y situada a 90 metros de altitud, esta villa del Maresme ofrece al viajero una experiencia única donde la tradición del vino se funde con el patrimonio histórico y las vistas al mar.
Pasear por Alella es descubrir un territorio de contrastes: las casas modernistas conviven con masías centenarias, los viñedos se asoman al Mediterráneo creando un paisaje único en la costa catalana, y el ritmo pausado del pueblo contrasta con la cercanía de la gran ciudad. Es precisamente esta dualidad lo que convierte a Alella en un destino perfecto para una escapada de fin de semana, donde es posible disfrutar del enoturismo, el patrimonio cultural y la gastronomía local sin alejarse demasiado de Barcelona.
El vino es, sin duda, el protagonista indiscutible de Alella. La Denominación de Origen Alella, una de las más pequeñas de España pero con gran prestigio, produce vinos blancos de reconocida calidad en un terreno de suelo granítico que aporta personalidad a sus caldos. Los viñedos en terrazas, conocidos como "feixes", dibujan un paisaje mediterráneo único que merece ser recorrido con calma.
Qué ver en Alella
El núcleo antiguo de Alella conserva el encanto de las villas catalanas de interior. La iglesia parroquial de Sant Feliu, de origen románico aunque reconstruida en el siglo XVI, preside el casco histórico con su característico campanario. Merece la pena perderse por sus calles estrechas para descubrir rincones con sabor a historia.
El patrimonio modernista tiene presencia notable en Alella. Can Sors, Can Coll y otras casas señoriales de principios del siglo XX muestran la influencia de este movimiento arquitectónico en la zona. Aunque muchas son propiedades privadas, su contemplación exterior durante un paseo por el pueblo permite apreciar la estética de la época.
Las antiguas masías diseminadas por el término municipal, como Can Magarola o Can Coll de la Muga, representan la arquitectura rural tradicional catalana. Algunas de estas construcciones se han convertido en bodegas visitables, uniendo patrimonio y tradición enológica.
Para los amantes de las vistas panorámicas, la ermita de Sant Mateu, situada en lo alto de una colina, ofrece magníficas perspectivas sobre el Maresme, los viñedos y el Mediterráneo. El paseo hasta allí, aunque corto, regala una experiencia visual memorable.
Qué hacer
El enoturismo es la actividad estrella en Alella. Varias bodegas de la zona ofrecen visitas guiadas donde conocer el proceso de elaboración del vino, recorrer los viñedos en terrazas y, por supuesto, realizar catas de sus vinos. Esta experiencia permite conectar con la tradición vitivinícola que ha definido el carácter del municipio durante siglos.
Las rutas de senderismo por los viñedos y la sierra de Marina son otra forma excelente de conocer Alella. El Camino del Vino, una ruta señalizada que atraviesa los viñedos históricos, combina naturaleza, paisaje y cultura enológica. También es posible realizar rutas en bicicleta por los caminos rurales que conectan masías y viñas.
La gastronomía local gira en torno a los productos de la tierra y el mar. Los restaurantes del pueblo ofrecen cocina catalana donde los platos tradicionales se acompañan, naturalmente, de vinos locales. La proximidad al mar garantiza pescado fresco, mientras que los productos de la huerta del Maresme aportan verduras de calidad.
Desde Alella es fácil combinar la visita con un paseo por las playas cercanas de El Masnou o Premià de Mar, a pocos kilómetros de distancia, permitiendo completar la jornada con un chapuzón en el Mediterráneo.
Fiestas y tradiciones
La Fiesta Mayor de Alella se celebra a finales de julio en honor a Sant Jaume, con el programa habitual de actividades que incluye verbenas, actos culturales, gigantes y cabezudos. Es un momento ideal para vivir el pueblo en su faceta más festiva y participativa.
A finales de septiembre o principios de octubre, coincidiendo con la vendimia, se celebra la Fiesta de la Vendimia, un evento que pone en valor la tradición vitivinícola local con degustaciones, actividades en las bodegas y actos relacionados con el mundo del vino.
Durante el año también tienen lugar diversas ferias y mercados donde se pueden adquirir productos locales y artesanales, perfectos para llevarse un recuerdo gastronómico de la visita.
Información práctica
Llegar a Alella desde Barcelona es muy sencillo. En coche, se toma la C-32 (autopista del Maresme) con salida directa al municipio. El trayecto no supera los 20 minutos. También existe conexión mediante transporte público con autobuses regulares desde Barcelona.
La mejor época para visitar Alella es primavera y otoño. La primavera ofrece los viñedos en su máximo esplendor, mientras que el otoño permite vivir la experiencia de la vendimia. El verano también resulta agradable, especialmente si se combina la visita con la playa cercana.
Para aprovechar al máximo la experiencia, es recomendable reservar las visitas a las bodegas con antelación, especialmente en fin de semana. Llevar calzado cómodo para caminar por los viñedos y protección solar en los meses de más calor completará una jornada perfecta en este rincón vitivinícola del Maresme.