Artículo completo
sobre Cabrera de Mar
Pueblo con historia íbera y romana situado entre la montaña y el mar
Ocultar artículo Leer artículo completo
A apenas 25 kilómetros de Barcelona, entre las últimas estribaciones de la Cordillera Litoral y el Mediterráneo, Cabrera de Mar se presenta como uno de esos municipios del Maresme que conservan el equilibrio perfecto entre costa y tradición. Con sus 4.945 habitantes y situada a 104 metros de altitud, esta población ofrece al viajero una experiencia diferente a la de los típicos destinos de playa masificados: aquí el mar se intuye desde las colinas donde el pueblo se asienta, creando un paisaje que invita tanto al descanso como al descubrimiento.
El territorio de Cabrera de Mar guarda vestigios de más de dos mil años de historia, desde los íberos que poblaron sus tierras hasta la época romana, pasando por construcciones medievales que todavía salpican el paisaje. Este municipio costero, aunque pequeño, posee un patrimonio arqueológico sorprendente que lo convierte en un destino ideal para quienes buscan combinar turismo cultural con la proximidad al mar.
Pasear por sus calles es adentrarse en un pueblo auténtico del Maresme, donde la vida cotidiana transcurre entre masías centenarias, huertas tradicionales y ese ritmo pausado que caracteriza a los pueblos mediterráneos conscientes de su historia y enamorados de su entorno natural.
Qué ver en Cabrera de Mar
El yacimiento arqueológico de la Vil·la romana de Can Modolell constituye la joya patrimonial de Cabrera de Mar. Este conjunto romano, que data de los siglos I al VI d.C., conserva restos de termas, mosaicos y estructuras que permiten imaginar cómo vivían las familias patricias hace casi dos milenios. Las excavaciones han revelado parte de una villa de considerable importancia, con espacios residenciales y productivos que evidencian la riqueza agrícola de la zona en época romana.
Otro punto imprescindible es el poblado íbero de Burriac, situado en lo alto del cerro del mismo nombre. Aunque el yacimiento propiamente dicho requiere cierta caminata, las vistas desde este punto son espectaculares, abarcando toda la costa del Maresme y Barcelona en días claros. El castro íbero, habitado entre los siglos VI a.C. y I d.C., fue un importante asentamiento fortificado que controlaba el territorio circundante.
En el núcleo urbano destaca la iglesia parroquial de Sant Feliu, de estilo neoclásico, construida en el siglo XVIII sobre un templo anterior. Su sencilla fachada contrasta con el valor histórico del emplazamiento, que ha sido lugar de culto desde la época medieval.
Las masías dispersas por el territorio municipal, muchas de ellas reconvertidas en residencias privadas pero visibles desde los caminos, ofrecen una muestra de la arquitectura rural catalana tradicional, con sus muros de piedra, cubiertas de teja árabe y ese aspecto sólido característico de las construcciones agrícolas del Maresme.
Qué hacer
Cabrera de Mar es perfecta para los amantes del senderismo y las rutas a pie. El ascenso al turó de Burriac constituye la excursión estrella, una caminata de dificultad moderada que recompensa con panorámicas inmejorables. El camino atraviesa bosques mediterráneos de pino y encina, y en primavera, el paisaje se llena de color con la floración de romero, tomillo y otras plantas aromáticas.
Los caminos rurales que conectan las diferentes masías permiten descubrir el entorno agrícola tradicional, todavía vivo en algunas zonas, donde se cultivan hortalizas y productos de la huerta del Maresme. Estas rutas son ideales para recorrerlas en bicicleta o a pie, disfrutando del paisaje mediterráneo interior.
Aunque Cabrera de Mar no tiene playa propia en su núcleo urbano, su término municipal limita con la costa, y en pocos minutos se puede acceder a las playas del Maresme, menos concurridas que las de otras localidades más turísticas de la comarca.
La gastronomía local se puede disfrutar en los restaurantes del municipio, donde los productos de proximidad –verduras de la huerta, legumbres, pescado fresco del Maresme– conforman una cocina catalana honesta y sabrosa. Los guisos tradicionales y las recetas de temporada son habituales en las cartas.
Fiestas y tradiciones
La Festa Major se celebra a finales de agosto en honor a Sant Feliu, patrón del municipio. Durante varios días, el pueblo se llena de actividades para todos los públicos: actos religiosos, verbenas, havaneres, castellers y las tradicionales correfocs que iluminan las noches de verano.
En enero tiene lugar la celebración de Sant Antoni, con la tradicional bendición de animales y la hoguera popular, una festividad que mantiene vivas las costumbres rurales catalanas.
Durante la primavera, diversas actividades culturales relacionadas con el patrimonio arqueológico del municipio permiten conocer más a fondo la historia íbera y romana de Cabrera de Mar, con jornadas de puertas abiertas y visitas guiadas especiales.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Barcelona, Cabrera de Mar se encuentra a unos 30 kilómetros por la autopista C-32 (túneles de peaje) o por la carretera N-II, salida Cabrera de Mar. También existe conexión en tren de Cercanías (línea R1) hasta la estación de Vilassar de Mar, desde donde se puede llegar en taxi o autobús en pocos minutos.
Mejor época para visitar: La primavera y el otoño son ideales para disfrutar de las rutas de senderismo sin el calor del verano. Los meses de mayo, junio, septiembre y octubre ofrecen temperaturas agradables y menos afluencia turística. El verano es perfecto si se busca combinar cultura con playa.
Consejos: Lleva calzado cómodo para las rutas, especialmente si piensas subir al turó de Burriac. Consulta los horarios de visita del yacimiento romano. El pueblo conserva su carácter residencial y tranquilo, ideal para una escapada de día o un fin de semana reposado.