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sobre Caldes d'Estrac
Pequeña localidad costera conocida como Caldetes famosa por sus baños termales y arquitectura modernista
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A medio camino entre Barcelona y la Costa Brava, Caldes d'Estrac se despliega como un remanso de tranquilidad junto al Mediterráneo. Este pequeño municipio del Maresme, con poco más de 3.200 habitantes, ha sabido conservar su esencia de villa balnearia sin renunciar a un turismo sosegado y de calidad. Sus aguas termales, conocidas desde tiempos romanos, dieron origen al municipio y siguen siendo uno de sus principales atractivos.
El carácter de Caldes d'Estrac —o Caldetes, como la conocen familiarmente los vecinos de la comarca— se encuentra en ese equilibrio perfecto entre el mar y el patrimonio modernista. Pasear por sus calles es descubrir casonas señoriales de principios del siglo XX, cuando la burguesía barcelonesa convirtió este rincón costero en su refugio veraniego. La brisa marina, el ritmo pausado y las vistas al Mediterráneo completan una estampa que invita a desconectar.
Situada a apenas 33 metros sobre el nivel del mar, la localidad disfruta de un clima mediterráneo suave que la hace atractiva durante todo el año. Sus playas de arena dorada y sus aguas calmadas contrastan con el verde de los pinos que descienden hasta la costa, creando un paisaje característico del litoral maresmeño.
Qué ver en Caldes d'Estrac
El principal patrimonio de Caldes d'Estrac es su conjunto modernista, testimonio de su época dorada como destino termal. La Fundació Palau, ubicada en una villa de 1910, alberga un museo dedicado al artista Josep Palau i Fabre y organiza exposiciones temporales en un entorno arquitectónico privilegiado. Sus jardines ofrecen vistas panorámicas al mar que justifican por sí solas la visita.
El patrimonio balneario marca la identidad del municipio. Aunque las instalaciones han evolucionado con el tiempo, varios edificios históricos recuerdan la importancia de las aguas termales en el desarrollo de Caldes d'Estrac. Un paseo por el centro permite admirar villas de estilo indiano y modernista, con sus característicos miradores, torrecillas y decoraciones florales.
La Iglesia de Santa Maria de Caldes combina elementos de diferentes épocas, con una estructura que ha sido ampliada y reformada a lo largo de los siglos. Su ubicación en el núcleo antiguo la convierte en punto de referencia para explorar las calles del casco histórico.
El paseo marítimo conecta las diferentes playas del municipio, ofreciendo un recorrido agradable con vistas al mar. La playa del Canadell y la playa de Les Roques son las principales, espacios tranquilos ideales para el baño y el descanso, lejos de las masificaciones de otros puntos de la costa catalana.
Qué hacer
Caldes d'Estrac es sinónimo de termalismo y bienestar. Disfrutar de las propiedades de sus aguas termales en alguno de los centros especializados es una experiencia que conecta con siglos de tradición. Estas aguas brotan a 38 grados y son especialmente apreciadas por sus propiedades terapéuticas.
Los amantes del senderismo pueden seguir el Camí Vell de Sant Pol, un antiguo camino que une Caldes d'Estrac con la vecina Sant Pol de Mar, discurriendo entre el mar y la montaña con magníficas vistas. También es posible adentrarse en el Parque Natural del Montnegre i el Corredor, a pocos kilómetros, donde se extiende una red de senderos entre bosques mediterráneos.
La gastronomía marinera del Maresme tiene en Caldes d'Estrac un buen exponente. Los restaurantes locales ofrecen pescado fresco del día, arroces marineros y platos tradicionales catalanes. Los productos de la huerta del Maresme, especialmente las legumbres y verduras, complementan una oferta culinaria arraigada en el territorio.
Para los aficionados al ciclismo, la carretera costera N-II ofrece un recorrido pintoresco, aunque conviene optar por horarios de menos tráfico. Muchos ciclistas incluyen Caldes d'Estrac en sus rutas por el litoral maresmeño.
Fiestas y tradiciones
La Fiesta Mayor se celebra a mediados de agosto en honor a la Asunción de María, llenando las calles de actividades populares, conciertos, bailes y los tradicionales correfocs. Es el momento de mayor animación del año, cuando el pueblo se vuelca en celebraciones que combinan tradición y ocio.
En junio, la noche de San Juan se vive intensamente en la playa, donde las hogueras iluminan la costa en una de las celebraciones más mágicas del calendario catalán. La verbena y el baño ritual en el mar marcan esta noche tan especial.
Durante el invierno, las fiestas de Sant Antoni en enero mantienen vivas tradiciones como la bendición de animales y las hogueras populares. En primavera, las celebraciones de Sant Jordi el 23 de abril llenan las calles de rosas y libros, en una jornada especialmente querida en Cataluña.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Barcelona, Caldes d'Estrac se encuentra a unos 35 kilómetros por la autopista C-32 (dirección Mataró/Girona), con salida específica al municipio. En transporte público, la línea R1 de Rodalies conecta Barcelona con la estación de Caldes d'Estrac en unos 45 minutos, ofreciendo una opción cómoda y sostenible. La carretera N-II, más pintoresca aunque más lenta, permite disfrutar de vistas al mar durante todo el trayecto.
Mejor época: Si buscas disfrutar de las playas, los meses de junio y septiembre ofrecen temperaturas agradables con menos afluencia que julio y agosto. Para el turismo termal y cultural, primavera y otoño resultan ideales, con un clima suave y el pueblo más tranquilo.
Consejo: Combina la visita a Caldes d'Estrac con otros pueblos del Maresme como Arenys de Mar, Sant Pol de Mar o Canet de Mar para descubrir la riqueza patrimonial y gastronómica de esta comarca costera que conserva su autenticidad mediterránea.