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sobre Malgrat de Mar
Destino turístico familiar en el límite con Girona con grandes playas y parques
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En Malgrat de Mar el tren pasa entre el pueblo y la playa. Es lo primero que se ve al llegar. La vía marca una frontera clara entre las casas y la arena. Durante siglos ese espacio fue una franja abierta entre el mar y la desembocadura del Tordera. El turismo en Malgrat de Mar es reciente si se compara con su historia. Antes hubo huerta, pesca y un pequeño puerto que servía de salida a los productos del interior.
Del Vilanova de Palafolls a Malgrat de Mar
El origen del pueblo está ligado al castillo de Palafolls. Sus ruinas aún dominan la zona desde un cerro cercano. En el siglo XIV se concedió carta de población a un pequeño asentamiento junto al mar. Se llamó Vilanova de Palafolls, nombre que dejaba claro quién mandaba.
La Torre del Castell se levantó poco después. No era una residencia noble. Funcionaba como punto de vigilancia sobre la costa y los campos cercanos. Desde allí se avisaba de incursiones y se controlaba el movimiento de barcos. La torre sigue en pie y mantiene su aspecto macizo.
El nombre de Malgrat llegó más tarde. Su origen no está del todo claro. Algunos lo relacionan con el terreno húmedo del delta del Tordera. Otros lo vinculan con la dureza de vivir frente a un mar que a veces golpea fuerte. En cualquier caso, el pueblo nunca dependió solo de la pesca. El Pla de Grau, la llanura interior, sostuvo durante siglos la agricultura local.
La iglesia que mira al mar
La iglesia de Sant Nicolau domina el centro histórico. Su volumen sorprende en un pueblo de este tamaño. La construcción actual se levantó entre los siglos XVI y XVIII sobre un templo anterior.
A veces se la llama “la Catedral de la Costa”. El apodo es local y tiene más que ver con la impresión que causa que con sus dimensiones reales. La nave central es amplia y cubierta por bóveda de cañón.
Desde el entorno de la iglesia se alcanza a ver el mar. Durante mucho tiempo fue una referencia visual para quienes navegaban cerca de la costa. Dentro se conserva una imagen antigua de San Nicolás, patrón de marineros. Tradicionalmente se saca en procesión en diciembre.
Arena gruesa y una costa larga
Las playas de Malgrat de Mar forman una franja extensa y bastante recta. La arena es más gruesa que en otras zonas del litoral. Procede en gran parte de los materiales que arrastra el Tordera desde el interior.
Hacia el norte el paisaje se vuelve más abierto. Allí el río crea un espacio natural donde la presencia humana es menor. Cerca del núcleo urbano la playa cambia. Aparecen accesos más fáciles y zonas donde se concentra el baño en verano.
El paseo marítimo sigue la línea de costa con algunos quiebros suaves. A ciertas horas se convierte en lugar de paso para casi todo el pueblo. Hay gente mayor sentada en los bancos, familias que bajan a la playa y jóvenes que ocupan los espacios abiertos al final de la tarde.
Huerta y cocina del Maresme
El interior de Malgrat conserva una tradición agrícola fuerte. La mongeta del ganxet es uno de los cultivos más conocidos del Maresme. Es una judía blanca, algo plana y con el extremo curvado. Se adapta bien a suelos húmedos y a los campos de regadío del llano.
Suele aparecer en muchos platos de la zona. A veces se cocina con embutido. Otras se sirve sola, con aceite de oliva. La cocina local mezcla productos del mar con lo que sale de la huerta cercana.
En temporada también llegan fresas del Maresme. Durante la primavera se ven en fruterías y mercados de la comarca. Forman parte del paisaje agrícola de estos pueblos desde hace décadas.
Calles que suben hacia la iglesia
El centro histórico conserva una trama irregular. Las calles se estrechan y suben hacia la iglesia. Muchas casas mantienen portales de piedra y fachadas sencillas.
Algunos edificios recuerdan momentos concretos del crecimiento del pueblo. Antiguas escuelas, casas de indianos o equipamientos del siglo XX aparecen dispersos por el casco antiguo. No forman un conjunto monumental. Más bien cuentan cómo el municipio fue creciendo por capas.
En la parte alta está el Parc del Castell. Desde allí se entiende bien la relación entre el pueblo, la costa y el delta del Tordera. Un ascensor inclinado conecta este parque con la zona cercana a la playa. Aun así, mucha gente sigue prefiriendo bajar caminando.
Cuándo acercarse
Malgrat de Mar mantiene vida todo el año. No funciona solo con el ritmo del verano. En primavera el entorno agrícola está activo y el paseo resulta tranquilo.
En verano llegan más visitantes y la playa concentra el movimiento. Algunas fiestas tradicionales se celebran en agosto y también en diciembre, alrededor de San Nicolás.
El municipio se mueve bien con el tren de cercanías que recorre la costa del Maresme. Aun así, lo interesante es caminar sin prisa por el núcleo antiguo y acercarse después al paseo marítimo. Allí se entiende mejor cómo conviven el pueblo y el mar.