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sobre Teià
Municipio residencial con tradición vinícola romana y DO Alella
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Teia es como ese primo que se fue a vivir a las afueras: no tanto por presumir de casa, sino por vivir más tranquilo. A unos 25 minutos de Barcelona pero sin el ruido constante, con viñedos en vez de grúas y con ese ritmo de pueblo que todavía se permite ir despacio. La primera vez que pasé por aquí fue casi por accidente: había quedado en Alella y me pasé de salida. Paré el coche, olía a uva fermentando en algún punto del valle y pensé: aquí hay algo.
El pueblo que se bebe la comarca
Teia forma parte de la DO Alella, y eso se nota. No en el sentido solemne de la cata con tres adjetivos por sorbo, sino en que el vino está metido en la conversación diaria. Hablas con alguien del pueblo y en dos minutos aparece la palabra “pansa blanca”.
La pansa blanca es la uva más asociada a la zona. Sale de aquí un blanco seco muy mediterráneo: un punto salino, bastante fresco, y con ese fondo que recuerda que el mar está a pocos minutos en coche.
Cuando llega la Fiesta de la Verema, normalmente hacia septiembre, el ambiente cambia bastante. Los viñedos se llenan de gente, aparecen familias de Barcelona que tienen aquí segunda residencia y el pueblo gira alrededor de la vendimia. Hay actividades, comida y ese punto festivo que tienen los pueblos cuando todo el mundo se conoce. Si coincide que estás por la zona, se nota enseguida.
Cuestas, historia y un museo pequeño pero curioso
El casco antiguo es de esos que se entienden mejor caminando sin prisa. Calles estrechas, alguna cuesta seria y casas que se han ido adaptando al relieve más que al revés. La iglesia de Sant Martí, que se levantó en el siglo XVI, marca bastante el centro del pueblo.
En una calle cercana está el pequeño museo arqueológico local. No es grande, pero tiene su gracia: recuerda que en esta zona ya había vida organizada en época romana, con restos de una villa de hace más de dos mil años. Se recorre rápido y ayuda a entender que todo este paisaje de viñedos y colinas no empezó ayer.
Si te gusta caminar, desde el pueblo salen caminos que suben hacia la Serralada Litoral. Uno de los clásicos es acercarse al Turó de Teià. Son unos tres kilómetros de subida más o menos constante. No es una excursión épica, pero tampoco es un paseo llano. Arriba, eso sí, se entiende bien la posición del pueblo: viñedos bajando hacia el mar, El Masnou muy cerca y Barcelona asomando al fondo.
Lleva agua si vas en verano. Aquí las pendientes parecen suaves en el mapa y luego tienen más carácter del que parece.
Panellets, castañas y fiestas de calendario
A principios de noviembre suele celebrarse la Fira de Tots Sants. El protagonista absoluto son los panellets: bolitas de almendra con piñones, coco, café o lo que toque ese año. Compras unos cuantos pensando en compartir y cuando te das cuenta han desaparecido antes de llegar a casa. También hay castañas, moscatel y ese ambiente de feria local donde se mezclan vecinos de toda la vida con gente que viene de fuera.
La Festa Major dedicada a Sant Martí suele celebrarse también por esas fechas de noviembre. El pueblo se llena de actividades, aparecen sardanas, a veces castellers y las típicas comidas populares en pabellones o plazas. No es una fiesta gigantesca, pero tiene ese punto cercano que hace fácil integrarse aunque no seas de aquí.
Consejo de amigo
Si vienes en coche, lo más cómodo suele ser dejarlo en las zonas más abiertas cerca del pabellón o a la entrada del pueblo y moverte andando. El centro tiene calles estrechas y alguna curva que obliga a conducir con calma.
En tren también se puede llegar, bajando en la línea que recorre la costa del Maresme y subiendo luego hacia el pueblo. Cuenta con una caminata cuesta arriba que sirve de calentamiento.
Y un último detalle: no vengas con la lista de “qué ver” demasiado marcada. Teia funciona mejor cuando vas sin prisa. Un paseo por las calles, un rato mirando los viñedos desde algún camino y la típica escena de vecinos jugando a las cartas en la plaza. Ese tipo de sitio. Donde no pasa nada espectacular, pero todo encaja bastante bien.