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sobre Martorelles
Municipio con tradición motociclista y zonas de bosque mediterráneo
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Hay pueblos que funcionan como ese grupo de WhatsApp del curro: no hacen ruido, pero siempre están ahí. Martorelles es un poco eso dentro del Vallès Oriental. La primera vez que fui fue por culpa de un amigo que se mudó cuando los precios de Barcelona se pusieron imposibles. “Está al lado”, me dijo. Y tenía razón: en coche tardas menos de lo que tardas en cruzar media ciudad.
No es un pueblo que salga en listas de escapadas ni en reels de Instagram. Pero precisamente por eso tiene cierto interés: aquí vive gente de verdad, no un decorado pensado para el fin de semana.
Un núcleo tranquilo y fácil para aparcar
Llegar a Martorelles es fácil. Sales de la AP‑7 y en pocos minutos estás dentro del pueblo. Y lo mejor: normalmente puedes aparcar sin dar veinte vueltas, que en esta parte de Cataluña ya es media victoria.
El centro se abre alrededor de la plaza de la Vila. Ayuntamiento, bancos para sentarse un rato y ese ir y venir de vecinos que se conocen todos. La iglesia de Sant Joan Evangelista está justo al lado. El edificio actual suele situarse en el siglo XVIII, con ese tipo de campanario que acabas usando como faro para orientarte.
Martorelles creció bastante en los años setenta, cuando mucha gente llegó a trabajar a la industria del Vallès. Por eso verás bloques de aquella época mezclados con zonas más nuevas. No hay un casco antiguo sacado de una postal; es más bien un pueblo que ha ido creciendo a su ritmo, sin demasiadas pretensiones.
La Torre de Ca l’Oller: una sorpresa entre calles
A unos minutos caminando aparece la Torre de Ca l’Oller. El nombre suena casi a novela histórica, pero lo que queda es una torre defensiva del siglo XVII.
No es enorme ni está en mitad de un conjunto monumental. Está ahí, casi discreta, recordando que en su momento estas torres servían para vigilar caminos y fincas rurales. Es una construcción que te encuentras paseando y te obliga a parar un momento, más por curiosidad histórica local que por espectacularidad arquitectónica.
Subir al cerro Galzeran (y las cuestas son reales)
Si hay algo que merece la caminata en Martorelles es la subida hacia el cerro Galzeran. Empieza suave, como esas rutas familiares… hasta que la pendiente decide ponerse seria y recordarte qué son las piernas.
El camino atraviesa zonas boscosas y, cuando ganas altura, se abre el paisaje típico del Vallès Oriental: pueblos pegados unos a otros como piezas de Lego verdes y marrones, polígonos industriales y, al fondo, la silueta familiar de Collserola. En días muy claros incluso se intuye Barcelona.
No es una excursión alpina ni mucho menos; pero conviene llevar agua y calzado decente si no quieres acabar resbalando sobre las piedras sueltas.
Fiesta Mayor: verbena para los vecinos
La Fiesta Mayor suele celebrarse en verano, como pasa por toda esta zona. La plaza se llena entonces de verbenas tradicionales y actividades locales.
No esperes un macroevento turístico ni puestos artesanales con precios inflados; esto va más bien para los vecinos: familias charlando hasta tarde mientras los críos corretean entre las sillas con sus gaseosas.
¿Merece la pena acercarse?
Martorelles no juega la liga de los pueblos medievales ni compite por salir en calendarios paisajísticos. Aquí no hay calles empedradas cada veinte metros ni miradores preparados exclusivamente para el selfie perfecto.
Pero tiene algo honesto: normalidad funcional donde nadie te mira raro por ser forastero porque ya están acostumbrados al trasiego diario entre casa-trabajo-casa desde hace décadas atrás…
Si vienes desde Barcelona puede ser simplemente una excursión corta sin complicaciones innecesarias—paseo tranquilo alrededor del núcleo urbano principal seguido quizás también alguna pequeña ruta senderista cercana antes regresar sentarte otro rato observando vida cotidiana transcurrir lentamente bajo sombra árbol plaza central…
En unas horas lo tienes visto completamente—y quizás precisamente sea este punto fuerte principal sitio donde puedes respirar tranquilidad auténtica sin colmas agobiantes turistas masificados decorados falsamente preparados consumo rápido fotografía vacía contenido redes sociales… Simplemente otro pueblo más dentro gran área metropolitana barcelonesa cumpliendo función residencial principalmente pero conservando todavía cierto aire propio identitario propio sabiendo exactamente quién es realmente—sin pretender ser otra cosa diferente jamás…