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sobre Calders
Municipio situado en una colina con vistas panorámicas y un castillo medieval en ruinas
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En el corazón del Moianès, una de las comarcas más jóvenes de Cataluña, se encuentra Calders, un pueblo de algo más de mil habitantes que conserva intacto el encanto de la Cataluña interior. A 552 metros de altitud, este municipio se extiende entre campos de cultivo y bosques mediterráneos, ofreciendo ese sosiego que solo los pueblos auténticos saben proporcionar. Lejos del bullicio turístico, Calders es un destino perfecto para quienes buscan desconectar sin renunciar a descubrir patrimonio histórico y tradiciones vivas.
El paisaje de Calders es el típico de la Catalunya Central: suaves colinas, masías centenarias dispersas por el territorio y una red de caminos rurales que invitan a ser recorridos con calma. Aquí el tiempo parece transcurrir a otro ritmo, permitiendo disfrutar de esos pequeños placeres que a menudo pasan desapercibidos: el silencio del campo, el olor a hierba seca en verano, el sabor de los productos locales.
Visitar Calders es adentrarse en una comarca poco conocida pero llena de sorpresas, donde cada rincón cuenta una historia y donde la hospitalidad rural permanece intacta.
Qué ver en Calders
El patrimonio arquitectónico de Calders, aunque modesto en tamaño, resulta significativo por su valor histórico. La iglesia parroquial de Sant Martí preside el núcleo urbano, un templo cuyo origen se remonta a la época medieval, aunque ha experimentado diversas reformas a lo largo de los siglos. Su estructura actual conserva elementos románicos que merecen una visita pausada.
Uno de los atractivos más destacados del municipio son las masías tradicionales dispersas por todo el término. Estas construcciones centenarias, muchas de ellas todavía habitadas y en funcionamiento, son auténticos museos vivientes de la arquitectura rural catalana. Can Tarrés, Can Cuiàs o Cal Ros son algunos ejemplos de estas edificaciones que han marcado el paisaje y la identidad de Calders durante generaciones.
El entorno natural también merece atención. Los bosques de encinas y robles que rodean el municipio ofrecen un paisaje cambiante según la estación: verdes intensos en primavera, dorados en otoño. Las zonas de cultivo tradicional, donde aún se mantienen prácticas agrícolas sostenibles, completan un mosaico rural de gran belleza.
No hay que perderse tampoco los miradores naturales que se encuentran en los caminos de los alrededores, desde donde se obtienen panorámicas espléndidas del Moianès y, en días claros, se pueden divisar las montañas de Montserrat al sur.
Qué hacer
Calders es territorio ideal para el senderismo y las rutas en bicicleta. Varios caminos rurales permiten conocer el municipio a pie, conectando las diferentes masías y atravesando bosques y campos. Una ruta recomendable es la que recorre las masías más emblemáticas, permitiendo apreciar la arquitectura tradicional en su contexto natural.
Los amantes de la naturaleza encontrarán en los alrededores múltiples oportunidades para la observación de aves y la fotografía de paisaje. La tranquilidad del entorno favorece el avistamiento de especies propias del bosque mediterráneo.
La gastronomía local merece una mención especial. Aunque no hay una oferta comercial extensa, la comarca del Moianès destaca por sus productos tradicionales. La proximidad a otras poblaciones de la comarca permite disfrutar de platos elaborados con ingredientes de temporada, embutidos artesanales y repostería tradicional catalana.
Para quienes busquen ampliar la experiencia, desde Calders se pueden organizar excursiones a otros pueblos del Moianès o visitar el cercano Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l'Obac, a pocos kilómetros de distancia, que ofrece rutas de montaña más exigentes y el emblemático monasterio de Sant Llorenç.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Calders mantiene vivas las tradiciones de la Catalunya rural. La Fiesta Mayor se celebra a finales de agosto en honor a Sant Martí, patrón del pueblo. Durante estos días, el municipio se llena de actividad con verbenas, actos culturales y las tradicionales "cercaviles" que reúnen a vecinos y visitantes.
En invierno, alrededor de mediados de enero, se celebra Sant Antoni, una festividad muy arraigada en el mundo rural que incluye la bendición de animales y hogueras.
A lo largo del año, diversas celebraciones menores y actividades culturales organizadas por las asociaciones locales mantienen viva la vida comunitaria del pueblo, ofreciendo a los visitantes la oportunidad de experimentar la autenticidad de las tradiciones catalanas.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Barcelona (a unos 70 kilómetros), se accede a Calders por la C-17 (Eix del Congost) en dirección a Vic. Tomando el desvío hacia Moià y después siguiendo la carretera comarcal BV-1221, se llega al municipio en aproximadamente una hora. El trayecto en sí ya ofrece vistas panorámicas del paisaje del interior catalán.
Mejor época para visitar: Calders se puede disfrutar durante todo el año, aunque la primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) ofrecen las temperaturas más agradables para realizar rutas y actividades al aire libre. El verano, a pesar del calor, tiene el atractivo de la Fiesta Mayor.
Consejos: Calders es un destino para disfrutar con tranquilidad. Conviene llevar calzado cómodo para caminar y, si se visita fuera de los meses de verano, algo de abrigo para las tardes. Es recomendable llevar agua y algo de comida si se planean rutas largas, ya que la oferta de servicios es limitada.