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sobre Castellcir
Conocido como el pueblo de la Tenora destaca por su castillo sobre una roca
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El turismo en Castellcir tiene más que ver con el paisaje del Moianès que con un casco histórico monumental. El municipio se asienta en un altiplano a unos 770 metros de altitud, en el centro de la comarca, entre campos abiertos, encinares y robledales. Con algo más de 800 habitantes, mantiene una estructura muy dispersa: un pequeño núcleo y muchas masías repartidas por el término, una forma de poblamiento bastante habitual en esta parte de Catalunya.
El núcleo urbano se organiza alrededor de la iglesia parroquial de Sant Andreu. El edificio conserva partes de origen románico, aunque ha sufrido reformas posteriores que modificaron bastante su aspecto. El campanario, visible desde los campos que rodean el pueblo, sigue funcionando como referencia visual en un territorio donde las casas quedan muy separadas entre sí. Las calles son pocas y tranquilas; en realidad, Castellcir se entiende mejor mirando hacia el exterior del pueblo que hacia dentro.
A poca distancia del núcleo aparece uno de los lugares más conocidos del término: el castillo de Castellcir, también llamado Castell de la Popa. Sus restos se levantan sobre una gran roca alargada que recuerda, de lejos, la popa de un barco, de ahí el nombre popular. La fortificación se documenta en época medieval y controlaba el paso natural por este sector del Moianès. Hoy quedan muros y parte de la estructura, suficientes para entender su función defensiva y, sobre todo, la elección estratégica del emplazamiento.
El territorio de Castellcir está salpicado de masías, muchas levantadas entre los siglos XVII y XVIII, aunque algunas tienen orígenes anteriores. La mayoría siguen siendo propiedades privadas, pero desde los caminos se reconocen bien los rasgos habituales de la arquitectura rural catalana: portales con dovelas de piedra, tejados de teja curva y muros gruesos pensados para aislar del frío del altiplano. Ese entramado de casas dispersas explica cómo se organizaba la vida agrícola antes de que el núcleo actual creciera.
El paisaje combina zonas de cultivo con bosque mediterráneo interior. Encinas, robles y claros de pasto forman un mosaico bastante típico del Moianès. En los días despejados, desde algunos puntos altos del término se alcanzan a ver perfiles lejanos como Montserrat o el macizo del Montseny, aunque la sensación dominante es la de un territorio amplio y ondulado, más de horizontes largos que de grandes cumbres.
Moverse por Castellcir suele significar caminar o pedalear por pistas y senderos rurales. Muchos conectan masías, campos y pequeñas elevaciones del terreno. No son recorridos complicados, pero los cruces entre caminos agrícolas pueden despistar si no se conoce la zona, así que conviene llevar mapa o el recorrido cargado en el móvil.
En cuanto a la comida, la tradición del Moianès se basa en productos del campo y platos de cuchara vinculados al clima de interior. El municipio es pequeño y los servicios son limitados, algo habitual en pueblos de este tamaño. Para más opciones suele ser práctico acercarse a localidades cercanas como Moià.
Las fiestas principales se celebran alrededor del 30 de noviembre, día de Sant Andreu, patrón del pueblo. En municipios de pocos habitantes estas celebraciones suelen tener un carácter muy vecinal: comidas colectivas, música y actividades organizadas por las entidades locales. Durante el año también aparecen actos culturales y encuentros ligados al mundo rural, aunque el calendario puede variar según la iniciativa de las asociaciones del pueblo.
Cómo llegar
Castellcir se encuentra en el Moianès, al norte de la comarca del Vallès Oriental. El acceso más habitual es por carretera desde Moià, siguiendo la BV‑5301. Desde Barcelona el trayecto ronda la hora en coche, dependiendo del punto de salida y de la ruta elegida. El transporte público existe pero es escaso, por lo que lo normal es llegar en vehículo propio si se quiere moverse por los caminos y masías del término.