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sobre Montornès del Vallès
Municipio con importante polígono industrial y restos arqueológicos
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Montornès del Vallès aparece en la documentación medieval ligado a un castillo hoy desaparecido. El topónimo procede de ese castrum de Montornès que controlaba el paso entre la costa de Barcelona y la llanura interior del Vallès. La fortificación ya no existe, pero la elevación donde se levantaba sigue marcando el paisaje. Desde ahí se entiende bien por qué este lugar fue durante siglos punto de vigilancia y de paso.
Hoy el municipio supera los 17.000 habitantes y forma parte del área metropolitana barcelonesa. Aun así, bajo esa capa reciente siguen apareciendo rastros de una ocupación mucho más larga.
La piedra que lo cuenta todo
La iglesia de Sant Sadurní, en el núcleo antiguo, ayuda a leer esa continuidad. Conserva un ábside románico —probablemente de los primeros siglos medievales— que recuerda el momento en que este territorio aún era frontera inestable. La nave se reformó más tarde, con añadidos de época gótica y transformaciones posteriores. No es un gran templo monumental, pero sí un buen ejemplo de cómo muchos edificios parroquiales del Vallès han ido creciendo por capas.
A poca distancia se encuentra el yacimiento arqueológico de Mons Observans. Las excavaciones han identificado restos de época romana, relacionados con un asentamiento rural activo en torno a los siglos II‑I a. C. El lugar se sitúa en una posición elevada desde la que se dominaba la llanura, cerca de los caminos que comunicaban Barcino con el interior. Hoy el yacimiento está protegido como bien cultural y se utiliza también para actividades de divulgación arqueológica.
Un episodio de la guerra remensa
Los alrededores de Montornès también aparecen en las crónicas de la segunda guerra de los Remensas. A comienzos de 1485 se produjo aquí uno de los enfrentamientos entre los campesinos sublevados y las tropas señoriales. La victoria remensa en este episodio fue puntual, pero forma parte del conflicto que acabaría llevando a la abolición de buena parte de las cargas feudales en Cataluña.
No hay un gran monumento que señale el campo de batalla. El episodio se recuerda más en los estudios históricos que en el propio paisaje, hoy ocupado por barrios residenciales y zonas industriales que se expandieron durante la segunda mitad del siglo XX.
La torre de telegrafía óptica
En el siglo XIX llegó otro tipo de infraestructura: una torre de telegrafía óptica. Formaba parte de la red de comunicaciones basada en señales visuales que funcionó en España antes de la generalización del telégrafo eléctrico. El sistema dependía de torres situadas a la vista unas de otras, de modo que los mensajes podían transmitirse a gran distancia mediante brazos articulados.
Este sistema quedó obsoleto relativamente pronto con la llegada del telégrafo eléctrico. La torre de Montornès se ha restaurado en tiempos recientes y recuerda ese momento breve en que la comunicación rápida todavía dependía del cielo despejado y de la agudeza visual de los operadores.
El núcleo antiguo
El centro histórico se articula alrededor de la plaza de la Vila y de las calles que ascienden suavemente hacia la zona donde estuvo el castillo. La trama conserva un trazado irregular, adaptado al relieve. No es un casco medieval intacto, pero aún quedan casas antiguas con portales de piedra y reformas de distintas épocas.
La iglesia de Santa María, construida en el siglo XVIII, se convirtió con el tiempo en la parroquia principal. En el interior se conserva un retablo de estilo neoclásico que suele pasar desapercibido para quien entra deprisa.
Un municipio entre campo y área metropolitana
El crecimiento reciente de Montornès está ligado a su proximidad con Barcelona y a los ejes viarios del Vallès. Aun así, en los bordes del término municipal sobreviven masías documentadas en época medieval, algunas todavía rodeadas de campos.
Ese contraste —masías antiguas junto a polígonos industriales y urbanizaciones— es bastante representativo de la evolución de la comarca en las últimas décadas.
Caminar por los alrededores
Quien quiera salir a andar suele mirar hacia la Serralada de la Conreria, que queda cerca. Los caminos enlazan con municipios vecinos como Sant Fost o La Roca del Vallès y, en días claros, desde algunos puntos se alcanza a ver el mar.
No es un territorio preparado como parque turístico. Son pistas forestales y senderos que siguen usando quienes viven en la zona.
Montornès del Vallès no busca llamar la atención. Su interés aparece más bien al ir tirando del hilo: un castillo desaparecido, restos romanos en una colina, una torre telegráfica que duró poco tiempo. Capas discretas de historia en un rincón del Vallès que hoy muchos atraviesan sin detenerse.