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sobre Lametlla De Mar
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A medio camino entre Tarragona y el Delta del Ebro, L'Ametlla de Mar emerge como uno de esos secretos mediterráneos que el turismo de masas aún no ha conseguido homogeneizar. Esta villa marinera de 7.325 habitantes se extiende a apenas 19 metros sobre el nivel del mar, abrazando 15 kilómetros de costa donde se alternan pequeñas calas de aguas cristalinas con playas de arena dorada. Aquí, el ritmo lo marca todavía el vaivén de las barcas pesqueras que cada madrugada salen a faenar, y el aroma a pescado fresco inunda el puerto cuando regresan con la captura del día.
Lo que distingue a L'Ametlla es precisamente su autenticidad. Mientras otras localidades costeras han transformado radicalmente su fisonomía, este rincón del Baix Ebre ha sabido preservar su esencia de pueblo pescador sin renunciar a ofrecer servicios turísticos de calidad. Sus calas recónditas, algunas solo accesibles a pie o en embarcación, son el escenario perfecto para quienes buscan desconectar sin alejarse demasiado de la civilización.
El pueblo conserva ese aire de tranquilidad que caracteriza a los municipios donde el mar sigue siendo fuente de vida y no solo postal turística. Pasear por su casco antiguo, con sus calles estrechas y fachadas encaladas, permite imaginar cómo era la vida en esta costa antes de que el turismo cambiara para siempre el Mediterráneo español.
Qué ver en L'Ametlla de Mar
El corazón de L'Ametlla late en su puerto pesquero, uno de los más activos de la Costa Daurada. Más allá de su función económica, el muelle es un magnífico mirador donde contemplar la puesta de sol mientras las gaviotas sobrevuelan las embarcaciones amarradas. La lonja de pescado, aunque no está abierta al público durante las subastas, permite ver el trasiego matutino de pescadores y comerciantes.
El casco antiguo mantiene la estructura de los pueblos marineros catalanes, con calles que descienden hacia el mar y plazas recogidas donde los vecinos se reúnen al caer la tarde. La iglesia parroquial de Sant Joan Baptista, del siglo XVIII, preside la villa con su sobria fachada mediterránea.
Pero son las calas el verdadero tesoro de L'Ametlla. Cala Forn, L'Estany Podrit, Cala Bon Capó o la Pixavaques conforman un rosario de pequeñas bahías donde el agua adquiere tonalidades turquesas propias del Caribe. Algunas, como Cala Mosques, requieren cierta habilidad para el acceso, lo que garantiza su tranquilidad incluso en pleno verano. Para los amantes de las playas más amplias, la Platja de l'Alguer ofrece servicios completos y aguas someras ideales para familias.
El Paraje Natural de les Fonts de l'Ametlla, situado en el interior del término municipal, proporciona un contraste verde frente al azul del mar. Este espacio de pinares y vegetación mediterránea cuenta con merenderos y áreas recreativas.
Qué hacer
La naturaleza marina de L'Ametlla invita a practicar deportes náuticos. El buceo es particularmente interesante gracias a la claridad de sus aguas y a varios pecios accesibles. El kayak permite explorar las calas más recónditas y descubrir rincones inaccesibles por tierra.
Una experiencia genuina es la pesca turística, actividad que permite embarcar en las embarcaciones tradicionales y acompañar a los pescadores en su jornada. Algunas iniciativas locales ofrecen también rutas en barca para avistar delfines, bastante frecuentes en estas aguas.
Los aficionados al senderismo pueden recorrer el Camí de Ronda, un antiguo sendero de vigilancia costera que conecta calas y acantilados ofreciendo vistas espectaculares del Mediterráneo. La ruta entre L'Ametlla y Cala Forn es especialmente recomendable al atardecer.
La gastronomía marinera es protagonista indiscutible. El pescado y marisco de la lonja local se sirve en los restaurantes del puerto, donde las preparaciones tradicionales respetan el sabor del producto. Las jornadas gastronómicas, que se celebran en diferentes épocas del año, son una excelente oportunidad para probar especialidades locales.
Fiestas y tradiciones
La Festa Major se celebra en agosto en honor a Sant Joan Baptista, con verbenas, actos populares y competiciones deportivas que llenan de vida las calles del pueblo. Es el momento en que los ametllencs regresan desde todos los rincones para reencontrarse.
En julio tiene lugar la Festa de la Sal, que rememora la importancia histórica de las salinas en la economía local. Incluye representaciones históricas y degustaciones de productos conservados en sal según recetas tradicionales.
La Nit dels Focs, a mediados de septiembre, marca el final del verano con un espectacular castillo de fuegos artificiales sobre el mar que congrega a vecinos y visitantes en el puerto.
Información práctica
L'Ametlla de Mar se encuentra a 47 kilómetros al sur de Tarragona. Por carretera, se accede principalmente por la N-340 o la autopista AP-7 (salida 39), continuando por la T-340. El trayecto desde Tarragona dura aproximadamente 45 minutos en coche.
La mejor época para visitar el municipio se extiende de mayo a octubre, cuando el buen tiempo permite disfrutar plenamente de playas y calas. Julio y agosto son los meses más concurridos, mientras que junio y septiembre ofrecen un equilibrio perfecto entre buen clima y tranquilidad.
Se recomienda llevar calzado adecuado para explorar las calas más alejadas y protección solar, ya que muchas de ellas carecen de sombra natural. Reservar alojamiento con antelación es imprescindible en temporada alta.