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sobre Centelles
Villa condal con un palacio renacentista y famosa por la fiesta del Pino
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Centelles huele a llonganissa algunos domingos por la mañana. No es metáfora: los obradores del pueblo encienden temprano y el olor baja hacia el centro si el viento acompaña. Si vienes en coche, prueba en la zona del pabellón o en las calles de alrededor. En el centro el aparcamiento suele estar regulado y dar vueltas no compensa.
El castillo que no es castillo
Sube por la calle Nou. En pocos minutos llegas a lo que queda del castillo: tres paredes y una torre. No hay entrada ni control de acceso. Son ruinas abiertas y ya está.
La vista tampoco es espectacular. Ves el Vallès Oriental, algo de campo y la C‑17 pasando al fondo. El lugar tiene interés más por lo antiguo que por lo que queda en pie: aquí hubo una fortificación mencionada ya en documentos medievales.
Hay un banco junto al muro. Siéntate un momento y luego baja. No da para mucho más.
La ruta que te libra de la excursión escolar
La Vía Ferrada atrae a mucha gente los fines de semana. Entre grupos y cursos se forman colas en los tramos de cable. Si vas con niños o buscas caminar tranquilo, mejor la ruta dels Molins.
Es un paseo corto y bastante llano, con agua corriendo en varios puntos y restos de antiguos molinos. Empieza cerca del campo de fútbol. Cuando ha llovido el terreno se vuelve barro serio, así que lleva calzado que no te importe ensuciar.
Brujas y barretines
En el siglo XVII esta zona vivió conflictos campesinos ligados a la llamada revuelta de los Barretines. La historia aparece en varios paneles del pueblo, aunque no esperes grandes explicaciones.
En el Carrer Major hay una pared con una lista larga de nombres relacionados con procesos de brujería de la época. No es un monumento. Es solo una lista y, precisamente por eso, impresiona un poco más.
A finales de invierno el pueblo celebra el Cau de Bruixes. Es una fiesta bastante concurrida. Si te agobian las multitudes, mejor venir cualquier otro fin de semana.
Comer en el centro
No esperes cocina de escaparate. En el paseo y en las calles cercanas hay bares con platos sencillos y menú de mediodía.
Pregunta por los fesols del ganxet cuando los tengan. Y si aparece llonganissa de Centelles en la carta, vale la pena probarla: es uno de los productos que el pueblo sigue defendiendo.
Los viernes por la mañana suele montarse mercado. Allí venden embutido del de toda la vida y mucha gente del pueblo compra para casa.
Consejo de bajada
Centelles tiene estación de tren en la línea que conecta con Barcelona y Vic, así que llegar sin coche es fácil.
Llega temprano, camina una ruta corta por la mañana y vuelve después de comer. El casco urbano se ve rápido. Si intentas alargar demasiado la visita, empezarás a dar vueltas sin saber muy bien qué hacer. Aquí la gracia está más en el paseo que en acumular sitios.