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sobre Folgueroles
Pueblo natal del poeta Jacint Verdaguer con fuerte identidad cultural
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El viento de la Plana de Vic se lleva las palabras. En Folgueroles, eso importa: aquí nació el poeta que devolvió la lengua catalana a la literatura. Jacint Verdaguer (1845‑1902) aparece una y otra vez cuando se habla del pueblo, pero más como contexto que como monumento. Folgueroles —unos dos mil habitantes entre Vic y las primeras lomas de las Guilleries— se entiende mejor si se mira desde esa relación entre paisaje, lengua y memoria.
Un pueblo antiguo en la Plana de Vic
El asentamiento es mucho más antiguo que el propio municipio. A las afueras se conserva el dolmen de Puigseslloses, un sepulcro megalítico que suele fecharse entre finales del tercer milenio y comienzos del segundo antes de nuestra era. Está en un pequeño alto desde el que se ve bien el borde boscoso de las Guilleries. No es un monumento monumental en el sentido espectacular del término, pero impresiona pensar que sigue ahí después de siglos de cultivo y pastoreo alrededor.
El nombre del lugar aparece ya en documentos medievales —con grafías variables— vinculados a las estructuras de frontera de la Marca Hispánica. El núcleo fue creciendo alrededor de la parroquia de Santa Maria, cuyo origen románico se sitúa en torno al siglo XI. El edificio que se ve hoy es el resultado de ampliaciones posteriores: reformas góticas, añadidos barrocos y adaptaciones más recientes. Aun así, mantiene la orientación litúrgica tradicional, con el ábside hacia levante, y un interior sobrio que recuerda su origen rural.
Masías y territorio
Los alrededores de Folgueroles están salpicados de masías históricas que ayudan a entender cómo se organizaba la economía de la Plana de Vic. Algunas aparecen en documentación medieval o bajomedieval y siguieron ampliándose con los siglos, a medida que el cultivo de cereal y la ganadería consolidaban la riqueza agrícola de la zona.
Varias de estas casas aún se reconocen desde los caminos que rodean el pueblo: grandes volúmenes de piedra, portales amplios para carros y dependencias agrícolas añadidas con el tiempo. Conviene recordar que son propiedades privadas; lo interesante aquí no es entrar, sino leer el paisaje: campos abiertos, masos dispersos y una red de caminos que todavía estructura el territorio.
Verdaguer y el peso de la memoria
Verdaguer nació en Folgueroles en 1845, hijo de una familia vinculada al trabajo agrícola y a la parroquia. Su casa natal —una vivienda del siglo XVII adaptada como museo— conserva manuscritos, ediciones antiguas y algunos objetos personales. No es un museo grande ni espectacular; funciona más bien como archivo doméstico que ayuda a situar al poeta en su contexto.
A las afueras del pueblo está la ermita de Sant Jordi, vinculada a los primeros años de Verdaguer como sacerdote. Y en lo alto del Pedró se levanta un monumento dedicado al poeta, construido a comienzos del siglo XX. Desde allí se entiende bien la geografía de la Plana: campos abiertos, pueblos relativamente próximos entre sí y, al fondo, el relieve más abrupto de las Guilleries.
Cada primavera el municipio organiza actos culturales en torno a su figura —lecturas, encuentros literarios, actividades escolares— que recuerdan hasta qué punto Verdaguer sigue siendo una referencia viva en la cultura catalana.
Un gesto contemporáneo en el torrente
Detrás del ayuntamiento pasa el torrente de Folgueroles. En ese tramo hay una intervención del artista Perejaume que modifica ligeramente el trazado del cauce para sugerir la firma de Verdaguer. Cuando baja agua se percibe mejor desde el pequeño puente cercano; en épocas secas queda más como una insinuación en la grava y los cantos rodados.
No es una obra pensada para verse de lejos ni para fotografiar rápido. Tiene más sentido si uno ya sabe quién fue Verdaguer y por qué su nombre aparece tantas veces en el pueblo.
Cómo orientarse en la visita
Folgueroles está a pocos kilómetros de Vic y se llega en coche en pocos minutos desde la C‑25. El pueblo es pequeño y se recorre caminando sin dificultad.
Existe una ruta señalizada dedicada a Verdaguer que conecta varios puntos relacionados con su vida: la casa natal, la ermita de Sant Jordi y el Pedró. El recorrido ronda unos pocos kilómetros y discurre por caminos fáciles entre campos.
Más allá del itinerario literario, merece la pena caminar sin prisa por los márgenes del núcleo y fijarse en el paisaje agrícola de la Plana de Vic. Es ahí donde se entiende mejor el lugar del que salió el poeta.